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| SS Goku 4 |
Publicado: Sab Oct 06, 2007 6:26 pm |
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Santo Sapri

Registrado: 25 Oct 2006
Mensajes: 366
Ubicación: En un lugar del Inframundo.
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b uen capitulo aunque podria chocar cn eso de que shun esta peleiando contra un santod e jupiter enla mitologia romana jupiter es zeus. en fin muy bueno sobre todo el echo de que la casa d elibra esta parida por al mitad hehehe . no ique athena le habia dado la excalibur a shura?????  |
_________________ Sevillano hasta la muerte...
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| Cancer DeathMask I |
Publicado: Dom Oct 28, 2007 10:49 pm |
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Santo Sapri

Registrado: 13 Jul 2006
Mensajes: 359
Ubicación: Argentina
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| Che aqui temrina todo el pedo, o que??? |
_________________ La Justicia esta de Manos de Quien Tenga el Poder Absoluto es por Eso Que El Maestro es Justicia......
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| Aries Muu |
Publicado: Dom Nov 25, 2007 3:17 am |
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Santo Sapri

Registrado: 13 Jul 2006
Mensajes: 371
Ubicación: Peru, 1º Casa.
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| nose no veo muchos posts de tomoe recientemente |
_________________ Protegere a Athena asi sea que con ello tenga que morir.......
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| Dr. Tomoe |
Publicado: Mar Dic 11, 2007 5:50 pm |
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Moderador

Registrado: 13 Jul 2006
Mensajes: 335
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Saludos
Una sincera disculpa a todos los que leen Juicio Divino, ocurre que, como he estado en exámenes, me guio por los avisos de respuestas en temas en los que me apunto para responder, no me trajeron avisos. El fic no acaba y ya llevo hasta 24 caps.
Nota a Apolo: Recuerda que Shun fue el primero en alcanzar el Séptimo Sentido y que su personalidad pacifista hace que no muestre su potencial, en cualquier caso, portando Kamei el combate está equilibrado.
Espero que les agrade este cap, ya que nos remontamos a la ¡¡¡GUERRA EN ASGARD!!!
Capítulo 16
“¡Odio! El reencuentro con la Oscuridad”
El Fuego de la Casa de Libra está empezando extinguirse Quedan 5:45 horas para la muerte de Atenea
Monte Etna, Isla de Sicilia
Nadie podría siquiera imaginar, que en las profundidades del volcán inactivo de Sicilia se escondía el paraje más hermoso de la Tierra, pues conforme el Sol dejaba de bendecir las sombras del subterráneo, luces de diversos colores brillaban con gran intensidad, sin duda se trataba de piedras preciosas que habían estado ahí desde hacía siglos.
El Fénix carraspeó, durante algún tiempo no había cesado de caminar aquel extraño pasadizo y no había visto nada, siempre bajando una pendiente descendiente, se preguntó si estaba en una especie de laberinto aunque nunca había visto ninguna bifurcación.
Otra idea vino a su mente cual relámpago, podría tratarse de una ilusión, inmediatamente dejó de seguir el pasaje y se concentró cerrando los ojos, por inercia adoptó la posición de Shaka alcanzando pronto el Arayashiki, de pronto empezó a sentir en todo su ser imágenes del lugar, dándole pistas para poder seguir, sin embargo, un fuerte dolor lo lanzó contra el piso y provocó que se desdoblara de dolor, sin duda algo no quería que descubriera todos los secretos de aquellos pasajes.
Ikki: ¡Maldición! ¡Agh! - bramó adolorido, más firme en su decisión de seguir adelante - Me da igual cuantas pruebas me pongan dioses del Olimpo... ¡No me importa! ¡Alcanzaré mi objetivo y arrancaré el Oro Impío de las entrañas de la Tierra si es necesario! ¿Eh?
En su delirio, Ikki se percató de la risa alegre de una joven, inmediatamente abrió los ojos, y se quedó congelado al ver como un cabello rubio se perdía en las tinieblas, desesperado corrió a por él a una velocidad inhumana, que incluso superaba la de la misma luz, iba tan rápido que no se percataba de que tomaba caminos intrincados y que se estaba adentrando en un enorme laberinto.
Ikki no tenía tiempo de pensar, cada segundo sentía que estaba más cerca de aquella chica, aún siendo incapaz de verla, una espesa niebla empezaba a ahogar el entorno, y al mismo tiempo su propio cosmos, sintió escalofríos al escuchar monstruosos bramidos y resintió la furia de pequeñas tempestades de aire impuro de la cueva, mas nada podía detener al valiente Fénix.
Tras un tiempo indefinido de correr sin descanso, empezó a vislumbrar un destello de hermosas luces, como si la misma aurora boreal se estuviera formando delante de él, una sonrisa se formó en su rostro, sin embargo, una bestia surgió de la niebla con gigantescos colmillos y filosas garras, con destreza sin igual esquivó el primer embiste sin dejar de correr, la fiera paró en seco y volteó para atacar al Fénix pero éste saltó varios metros teniendo al monstruo justo debajo de él, sin duda la bestia era un león, aunque realmente gigantesco y único, viendo que aquel monstruo se había quedado atascado, hizo estallar su cosmos para fulminarlo de un golpe.
Ikki: ¡Por las llamas del Fénix volador!
El ataque explotó en la piel del león e Ikki cayó de pie sobre el suelo enfrente de él, el santo de bronce no se sorprendió al sentir el bramido de la bestia, su desolador y repugnante aliento hizo que su cosmo-energía mermara, pero no se amedrentó a la hora de lanzar una patada voladora que apenas hizo mella en los colmillos del león.
Aquella criatura tan gigantesca como tenebrosa, no tardó en contraatacar lanzando sus garras, el dolor que sintió en su pecho superó toda herida sufrida hasta entonces, la sangre escurrió violentamente desesperando al Fénix, seguía escuchando aquella risa cada vez más cerca, realmente le resultaba familiar, nuevamente desató las llamas del ave de fuego contra el león sin hacer mella, pero esta vez pudo esquivar sus garras y ponerse detrás, con destreza felina dio rodeos alrededor del león, golpeándolo por todas partes pero vio que nada podía hacerle daño, Ikki no tardó demasiado tiempo en concluir que su piel era impenetrable, era imposible matar a aquella fiera, debía noquearla.
El monstruo volteó violentamente golpeando con su cola el suelo cavernoso, fragmentándolo, pero el santo de Fénix pudo esquivarlos todos, pronto ideó una estrategia saltando sobre el león lo montó por su cuello y agarró los majestuosos cabellos, sin embargo no podía dominarlo, la bestia era demasiado salvaje, con brutalidad dio vueltas por la zona golpeándose contra las paredes, Ikki resistió sin caer del lomo, sabedor de que el techo empezaba a derrumbarse, un último choque que lanzó al Fénix contra el suelo hizo que una avalancha de rocas cayera sobre el león, el santo no tenía tiempo para ver si lo había noqueado o no, inmediatamente salió del lugar en dirección a la jovial risa de la chica de pelo rubio.
Palacio del Patriarca, Asgard Meridional
Cuentan las leyendas que un día, el gran sabio y guerrero Odín enfrentó junto a sus hermanos a los legendarios Gigantes de Hielo, que descendían del abominable Ymir, de los cuerpos inertes de aquella extinguida raza surgieron tierras heladas, que se fueron juntando con el continente europeo por la zona norte, aquella tierra fue bautizada como Asgard, al igual que la tierra donde moraba la corte de Odín.
Tras siglos de caos y desorden, en las que predominaba la ley del más fuerte, se cuenta que un hombre, de edad avanzada, reunió a todas las tribus de las estepas bajo su batuta, aquel sacerdote era el mensajero de los designios de Odín y fue llamado Patriarca, contó a aquellos bárbaros sedientos entonces de sangre la grandeza de su misión, mantener el equilibrio en la Tierra que era asediada por la ira del Emperador Poseidón, fue así como aquellos habitantes tomaron como ideal el ideal de Odín y rezaron a su dios para mantener el hielo que tanto dolor les causaba, para así proteger a la Tierra de la rabia de los océanos, aún cuando Poseidón fue sellado, su misión no terminaba pues sería eterna y no cesaría hasta el fin de los tiempos.
Entre aquel grupo de valientes, cuyo valor no residía en las armas sino en su mentalidad de sacrificio y voluntad, siempre había alguien, cuyas plegarias confortaban de tal manera a los dioses, que se decía que cesaban de alimentarse, pelear o dormir por escuchar aquella dulce voz, esta era siempre una niña, protegida por la estrella de Polaris, quien hace mucho tiempo recibió los legendarios siete zafiros de Odín, que en tiempos de guerra eran portados por los dioses guerreros, un grupo de jóvenes destinados a convertirse en los guardianes de Asgard, como último recurso, los zafiros podían invocar la armadura divina de Odín, Sleipnir* y la legendaria espada Balmung, cuya hoja podía cortar cualquier metal, llegando incluso a volver mantequilla al Orichalcum.
El Patriarca tenía la honorable misión de proteger a aquellos que oraban por la gracia de Odín y que se encontraban en el norte de aquellas tierras, Asgard Septentrional, donde se erguía el palacio Valhala. Para tal misión, se dice que en tiempos mitológicos el hombre que ostentó por primera vez el cargo pidió a los enanos la forja de una incontable cantidad de armaduras a partir de la piel de las bestias que habitaban las estepas, pidió a los elfos que bendijeran aquellos mantos divinos con su gracia, y por último buscó a los más nobles y fieros guerreros del Norte para portarlas.
Aquellos hombres serían llamados guerreros divinos** , una orden de caballeros bendecidos por la gracia de Odín, y que protegerían Asgard Septentrional y a la sacerdotisa de Polaris, en aras de que no fuera necesario invocar a los dioses guerreros.
En la era actual, o más bien algunos años antes, el patriarca era conocido como Dolbar, los guerreros divinos habían sido reducidos con el paso del tiempo, pero aún así y por extrañas razones aquel hombre anciano que ostentaba su cargo de protector de Polaris desde hacía casi 20 años decidió iniciar una guerra santa contra el Santuario de Atenea, en aquel momento en manos del patriarca Arles mas conocido como Saga, el caballero de Géminis. Nunca quedaron claras las razones de su traición a Asgard, mas sus acciones y derrota permitieron la entrada de Poseidón a Asgard Septentrional, pudiendo éste embrujar a la princesa Hilda de Polaris e iniciar una nueva guerra en la que intervendrían los legendarios dioses guerreros.
El dios rebelde Abel observaba sin parpadear el derruido palacio, en el que anteriormente había una estatua del dios Odín, ahora todo aquel lugar estaba cubierto por una especie de árbol, del que emanaba un aura mística y sagrada que daba escalofríos al orgulloso Febo, detrás de él, sus coronas: Atlas, Jao, Belenger, Clea y Electra, única superviviente de la masacre de Dioniso, permanecían con una rodilla hincada en espera de órdenes.
Pronto, de los alrededores de aquel árbol misterioso, surgieron tres personajes, uno de ellos anormalmente gigantesco que portaba armas filosas, impasiblemente el que parecía su líder observaba a Atlas con soberbia, lo que este ignoró completamente, pues mantenía un control absoluto de sus impulsos.
Pronto Clea mostró signos de vislumbrar un cuarto cosmo, se trataba de un guerrero de pelo rubio y corto, armado visiblemente con una espada que trataba de ocultar con su capa, a su lado estaba el hombre al que Abel había venido a buscar, otras de las almas que él había arrancado personalmente de las entrañas del Hades, Dolbar, Sumo Sacerdote al servicio del dios Odín.
Abel: Polaris tardará demasiado en aceptar, si no hacemos algo, Asgard será destruida y toda la Tierra estará en manos de mi hermano, espero que no hayas pensado en traicionarme, Dolbar.
Dolbar: No me subestiméis Febo, no sería tan estúpido como para darle la espalda a aquel que me ha devuelto la vida, literalmente, más sabiendo que podría quitármela en ese instante.
Abel: ¿Entonces?
Dolbar: Dejadme que hable con ella, entenderá que es mejor actuar ahora que esperar a que la locura de los dioses del Olimpo alcance este lugar sagrado.
Abel: Puedes intentarlo si quieres, pero date prisa, el tiempo no es algo de lo que precisamente podamos alardear tener, siento como ese arrogante dios vástago de Zeus moviliza sus tropas, pobre inútil, ni siquiera se ha percatado de...
Dolbar: Febo. - cortó, viendo como el dios empezaba a divagar en su profundo odio a su hermanastro -
Abel: ¿Qué ocurre?
Dolbar: Siento que el Yggdrasil está... El espacio que nos rodea se distorsiona, es como si algo se estuviera moviendo entre dimensiones. ¿No lo nota?
En aquel momento el dios carraspeó, no se había percatado de aquello, era extraño que aquel sacerdote, quien no parecía temerle pese a sus palabras, sí lo hubiera sentido, eso sólo indicaba que su nivel de concentración era absoluto y que el tenerle cerca no le producía ningún pavor, pero ese no era el momento de pensar aquello, tenía que ver que clase de ser estaba moviéndose en las barreras del Espacio-Tiempo, hizo un gesto para que Dolbar y sus guerreros se marchasen, nuevamente el líder de éstos miró con soberbia a Atlas, quien seguía imperturbable.
Monte Etna, Sicilia
Ikki seguía rápidamente su trayectoria, perdido entre los gritos joviales de la joven y los bramidos de bestias grotescas, una serie de gruesas vainas empezaban a querer cerrarle el paso pero al Fénix le bastaba con su cosmos incandescente para destrozarlas, no había nada que pudiera detener a aquella bala humana, nada.
Empezó a ver su silueta, corriendo alegremente, aquel cabello amarillo, aquella risa, aumentó más su velocidad hasta que algo, un escalofrío, le hizo parar en seco, había llegado a una zona espaciosa, ciertamente circular, como si estuviera hecha para pelear, pero eso no era lo que Ikki veía, ante sus ojos, la joven de cabello rubio era atacada mortalmente por un haz de luz cegadora, la sangre escurría por el piso y el santo de bronce pudo ver con claridad a la chica, ahora fallecida.
Ikki: No... Puede ser... ¡Esmeralda! - grito desesperado -
- Ja, ja, ja. Hacía tiempo que te esperaba... Ikki, el caballero del Fénix, mi obra maestra.
Fuera de sí, el ave inmortal hizo estallar su cosmos con rabia, ante él se mantenía firme el asesino de la joven, el primer ser al que odió más que a nada en el mundo, un monstruo en la piel de un hombre, su antiguo maestro, Guilty.
Palacio del Valhala, Asgard Septentrional
Hilda de Polaris reflexionaba en la silla del trono la proposición del dios rebelde, tales eran las dudas que le abrumaban que le era imposible orar con todo su fervor. Realmente no deseaba tomar parte en otra guerra, y menos en aquel momento en que su única hermana yacía enferma de gravedad, algo habitual en aquellas tierras, aunque no dejaba de ser doloroso.
En su ensimismamiento, sintió el grito de varios guardias en las afueras del palacio. Levantándose de inmediato hizo un gesto para que Vladimir, que se encontraba cuidando de su seguridad, fuera a ver que pasaba, pero un cosmos gigantesco hizo que aquel gigante quedara paralizado.
Con soberbia desproporcionada, un hombre de aspecto maduro y orejas puntiagudas, enfundado con una ostentosa armadura y capa, pasó de lado al jefe de guardia, quien cayó rendido de rodillas perdiendo aire, para postrarse a los pies de Hilda en señal de sumisión. Un grupo conformado por cuatro guerreros vigilaba todo desde la entrada.
Hilda: No puede ser... ¡El Sumo Pontífice! ¡Dolbar! - exclamó sorprendida -
Dolbar: Princesa de Polaris he escapado de las entrañas del Hades para pediros perdón por mis atroces actos, que pusieron en peligro vuestra hermosa y preciada vida. - dijo con tono reverente, sin siquiera mirarla a los ojos -
Hilda: ¡No puedo creeros! ¡El Hades se ha convertido en una prisión abierta de la que los dioses sacan almas descarriadas para servirse de ellas en esta guerra sin fin que el dios griego Apolo ha provocado! ¿Acaso sois otro de los mensajeros de Abel que viene a convencerme de que dirija a mi pueblo a la guerra? ¿O un esbirro de Apolo en busca de mi cabeza? En cualquier caso no dejáis de ser un traidor a nuestra amada tierra de Asgard, no sólo abusasteis de vuestro poder como sacerdote para intentar invadir el Santuario, sino que además permitisteis con vuestra locura que Poseidón pudiera alcanzarme. ¡No sólo provocasteis muertes en Asgard sino también casi propiciasteis el fin del mundo! ¿Por qué Dolbar? ¿Por qué ensuciáis la honra de los siervos de Odín?
Dolbar: Princesa... - murmuró sin palabras, abochornado ante las firmes acusaciones de aquella a la que había jurado proteger -
Hilda: Para mí, el hecho de que hayáis salido del infierno es prueba más que suficiente que demuestra la decisión de Odín, vos que fuisteis en otros tiempos su leal servidor no fuisteis recogido por las Valkirias ni llevado al Valhala, sois un traidor que no merece siquiera la muerte.
Dolbar: ¡No me importa que no me perdonéis princesa! - exclamó firmemente, alzándose rápidamente con su cosmos, que sin estar enfocado a la amenaza, ya era de por sí temible - Pero entendedlo, Apolo exterminará a todos los seres humanos, su procesión no ignorará las vidas de los habitantes de nuestra amada Asgard, sí es posible que aún no haya ningún peligro, pero al final... ¡Es mejor atacar primero!
Hilda: No habéis cambiado nada... El castigo que sufristeis en el Hades debió ser demasiado suave como para no haberos arrepentido de vuestra traición.
Dolbar: ¿Castigo? - repitió irónico - ¿Qué sabrán los dioses del castigo? ¿Qué pueden saber los inmortales del verdadero sufrimiento? Ni las más horrendas torturas del Tártaro serían capaces de compararse con la sensación de haber fracasado... Fracasado en mi sagrada misión de protegeros... Yo...
Hilda se quedó sorprendida, no era mera convicción lo que movía las palabras del sacerdote, sentía verdad en ellas, un cierto sentimiento protector, pronto aquel hombre recuperó la compostura.
Dolbar: Tarde o temprano Apolo atacará, hasta ese entonces, no me moveré de este palacio. ¡Guerreros divinos! Id, y proteged el palacio. ¡Por la gloria de Asgard!
La sacerdotisa no pudo hacer nada para impedir que aquellos cuatro guerreros salieran del lugar, mas Vladimir pronto se puso entre la joven y Dolbar, quien estaba sumamente tranquilo.
Vladimir: ¡Maldito seas bastardo! ¿¡Cómo osas entrometerte en nuestra amada patria después de la carnicería que provocaste!? ¡¡ASESINO!!
El gigante trató de golpear al sacerdote con sus gruesos puños, pero éste los esquivaba con absoluta facilidad, lo que acababa con los nervios del jefe de guardia, éste arremetió contra Dolbar de un hachazo, que el hombre sujetó con dos de sus dedos, por mucha fuerza que hacía, Vladimir no podía quebrantar la defensa de su enemigo.
Hilda: ¡Basta Vladimir! No es necesaria la violencia, si Dolbar dice la verdad, entonces puede quedarse, mas os advierto que jamás me aliaré con ningún dios demente como Abel.
Dolbar: Jum, está bien. - de un gesto, desarmó a Vladimir, quien tras un bufido se alejó, siempre atento a cualquier eventualidad - Sin embargo, Abel sigue aquí en Asgard, esperando respuesta por vuestra parte.
Hilda: ¿Seguiréis con eso? Perdéis el tiempo sacerdote.
Dolbar: A decir verdad, me conformo con que me permitáis protegeros, de lo demás, ya lo decidiréis vos personalmente.
La sacerdotisa se quedó pensando, aquella sumisión del que fuera en algún momento el sanguinario sacerdote que inició la guerra de Asgard, realmente era tan desconcertante como sospechosa, la joven servidora de Odín no podía siquiera imaginar los motivos que movían a aquel hombre, Dolbar se mantuvo ahí, firme, con una expresión de satisfacción en su rostro que hizo sospechar al jefe de guardia.
Monte Etna, Sicilia
No fue necesario mucho tiempo para que el Fénix desplegara sus alas contra aquel asesino, que no se movió del lugar manteniendo sus brazos cruzados, un fuego infernal empezó a azotar su musculoso cuerpo cicatrizado, pero aquel demonio enmascarado parecía haber olvidado el dolor, poseído por la ira Ikki atacó a su maestro con frenesí, sus puños golpeaban el ancho pecho del que fuera su maestro, hasta que éste decidió contraatacar, con un solo puñetazo pudo mandar al poderoso caballero de bronce lejos, dejando un surco no muy hondo en el suelo.
Guilty: Aún después de tantos años eres incapaz de desatar todo el odio del caballero del Fénix... ¡Qué decepción!
Con rabia descabellada Ikki contraatacó con una certera patada en el costado, pero Guilty pudo agarrar el pie a tiempo, golpeando varias veces el suelo con el cuerpo de su ex-discípulo, nuevamente lo alejó cientos de metros dejando otro surco.
Guilty: Es inútil Ikki... ¡Sólo sobrepasando todas las barreras con tu odio podrás alcanzar a vencerme! ¡Ódiame Ikki! ¡Ódialo todo!
Las exclamaciones del hombre de la máscara y el ver a Esmeralda tendida en el suelo propiciaron un nuevo ataque del Fénix, tan brutal que hizo que por debajo de la demoníaca máscara escurriera sangre, el santo de bronce preparó su puño dispuesto a acabarlo cuando empezó a oír palabras desconcertantes para él.
Esmeralda: ¡Ikki acaba con él! - exclamó, llamando la atención del Fénix - ¡Debes vengarme! ¡Ikki!
Ikki: ¡Esmeralda... Estás viva!
Guilty: ¡Imbécil!
El monstruoso guerrero de pecho cicatrizado agarró fuertemente a Ikki por la cintura, de tal forma que el valeroso santo de bronce empezó a resentir un fuerte dolor en las costillas, perdido entre la ira contra su maestro y la alegría que sentía al ver a su amada viva, el caballero del Fénix hizo estallar las llamas del infierno sobre aquel que un día fue su maestro, de un gran salto se puso delante de Esmeralda.
Ikki: ¡No estás muerta! ¡No puedo creerlo! Estás... Viva... - dijo sin caber en sí de gozo -
Esmeralda: Ikki... ¡Tienes que vengarme! ¡Mira lo que ese monstruo me ha hecho! ¡Casi me mata! ¡IKKI!
Ikki: ¿Ese.. Monstruo? Pero Esmeralda... Es tu padre... Como..
Guilty: ¡Basta de palabrería Ikki! ¡Muéstrame tu odio! ¡O te daré razones para sentirlo!
Ante la ira y el asombro del Fénix, aquel hombre soltó un golpe mortal en contra de la joven que era su hija, sin dudarlo un instante el santo colocó su antebrazo, siendo éste quebrado por el impacto, sintió el crujir de sus huesos, ignoró el dolor para contraatacar con el infierno del Fénix que hizo arder todo el cuerpo de Guilty, que se protegía con sus brazos en cruz.
Guilty: ¡Qué llamas más suaves Fénix! ¡No siento el odio necesario para destruir a un hijo del demonio como yo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!
Esmeralda: ¡Ikki! ¿¡Qué haces!? ¡¡DESATA TU RABIA!! ¡¡¡ACABA CON ESE MONSTRUO!!!
Ikki: ¡Esmeralda ponte a salvo! ¡Por las llamas del Fénix!
Raíces de Yggdrasil, Asgard Meridional
El cosmos de Abel era inconmensurable, aún habiendo sido mermado con el paso de los siglos, seguía llegando a tales niveles que podría hacer desestabilizar la propia realidad, al sentir un aura errante en el medio del caos que era el vacío espacio-temporal hizo que un fulgente poder divino desgarrase el espacio, ninguno de los presentes mostró signos de sorpresa al ver a un hombre, rubio y de tez amarilla, cubierto por la milenaria armadura del Cisne.
Abel: De modo que tú, Cisne Hyoga, habías caído en el tormento del caos, ha sido una verdadera bendición del destino el que tu cosmos aún sea capaz de siquiera existir, gracias a esto, he podido llevarte aquí, a Asgard, que pronto se convertirá en el escenario de una guerra.
Hyoga: Estaba perdido en el espacio, en otra dimensión... ¿Dónde están los demás? ¡Responde!
Abel: De nada te servirá la ira Cisne, no siento el cosmos de los caballeros de bronce pero es lógico... El cosmos de Apolo y Artemisa produce el efecto de un eclipse cósmico, que hace imposible que se pueda sentir cualquier aura.
Hyoga: ¡Tengo qué regresar y...!
Abel: Bastantes guerreros hay en ese lugar ya, Hyoga, necesitamos de tu ayuda para enfrentar el ejército de Apolo.
Hyoga: ¿¡Ejército!? Pero... Si nos encontramos en Asgard... La Tierra Sagrada de Odín... Los dioses no se atreverían a...
Abel: Nimias alianzas milenarias... ¿De qué sirven ahora que el trono está en disputa?
Hyoga: El trono está en disputa... ¡No puede ser! ¿Acaso insinuáis que... Apolo aspira al poder?
Abel sólo asintió, un escalofrío recorrió el alma de Hyoga, el Monte Olimpo estaba en el infierno de una guerra civil, tal y como pasó durante en la Titanomaquia, el hijo aspiraba al trono de su padre.
Monte Etna, Sicilia
El Fénix miraba insólito como Guilty bloqueaba sus kens a manotazos, era realmente el mismísimo demonio surgido del infierno, un gigante envuelto en las llamas de sus mortíferos ataques. ¿Acaso era verdad que sus ataques carecían de odio? Pero eso era imposible... El ver a Esmeralda había despertado su rabia...
Ikki: ¡AH! ¡Maldito! ¡Muere! ¡Por las llamas del Fénix!
Guilty: ¡Es inútil! - nuevamente destrozó el ataque - ¡Necesitas odiarme para vencerme! ¡¡NECESITAS ODIAR PARA RECLAMR EL PODER!!
Sin ninguna dificultad, aquel demonio enmascarado golpeó con fuerza infernal el pecho de Ikki, alzándolo por los aires hasta el techo, donde quedó empalado por las estalactitas llenas de piedras preciosas y diamantes, la sangre escurrió en abundancia manchando el cuerpo del caballero del diablo, el santo de bronce lo vio prácticamente como un bautizo diabólico, era verdaderamente aterrador, no solo su poder era inconmensurable, sino que además parecía invencible.
Esmeralda: ¡Ikki! ¡Ataca! ¡Ataca con todas tus fuerzas! ¡Me va a matar! ¿¡Acaso no vas a protegerme!?
Ikki: ¡Esmeralda corre! ¡Trataré de retenerlo el mayor tiempo posible! ¡Corre con todas tus fuerzas y encontrarás la salida!
Con impotencia vio al demonio arrancando una especie de roca con forma puntiaguda, era fácil suponer que planeaba hacer, elevando su cosmos flamígero hizo desaparecer las estalactitas y cayó cual meteoro sobre Guilty, éste trató de bloquear el ataque con la rudimentaria arma que había creado previamente pero la potencia del ataque no tardó un segundo en perforarla, para luego impactar en el estómago del hombre enmascarado, lanzándolo contra las paredes de la caverna.
Ikki: ¡Ah, ah, ah! - exhalaba con cansancio, gracias a su cosmo-energía podría seguir luchando pero, lo cierto era que las heridas le habían debilitado sobremanera - Esmeralda... Tienes que huir de este lugar... Agh... Ese monstruo... Es demasiado... poderoso...
Esmeralda: ¡No Ikki! ¡De nada sirve huir! ¡Debes acabar con él! ¡¡MATALO!! ¡¡¡Mata a ese hombre!!!
Ikki: ¡Es tu padre Esmeralda! - reclamó, provocando que la joven callara, realmente la actitud de la que fuera una dulce chica incapaz de odiar a nadie había cambiado y él no podía creer... Ni siquiera podía creer que ella fuera en verdad Esmeralda -
Asgard Meridional, Norte de Europa
Cerca de unos acantilados, que desembocaban en las aguas más heladas de todo el ancho mundo, un contingente formados soldados asgardianos, un capitán y varias curanderas, buscaban por aquella zona una flor milenaria necesaria para la recuperación de heridas graves, era parte de una medicina muy utilizada en aquellas tierra, que sólo florecía gracias al incesante tiempo asgardiano, sin embargo con los pasados acontecimientos en los que la sacerdotisa Hilda de Polaris dejó de orar al dios Odín, aquella flor prácticamente desapareció.
- ¡Mirad! ¡Mirad! ¡La he encontrado!
Los soldados voltearon a ver a la curandera que había exclamado, estaban algo alejados ya que aquella joven había tardado en cerciorarse de si lo que había visto era la legendaria flor, inmediatamente el capitán dio órdenes a sus hombres de que fueran a aquel lugar, en el que una presencia empezaba a manifestarse.
- Al fin la hemos encontrado... - con extrema delicadeza recogió la flor, tomándola desde la base arraigada en nieve pura - Muchachas mirad... Seguro nunca habréis visto algo tan hermoso...
- ¡Oh! Pero... ¿Cómo es posible que algo así florezca en Asgard? - pregunto una curandera de cabellos azulados -
- A estas plantas, les favorece el tiempo invernal de este lugar, el abono más útil para que crezca es abundante nieve. - respondió una tercera joven -
Las tres mujeres se sobresaltaron al oír unas pisadas al norte, estaban seguras de que los soldados vendrían desde el oeste ya que esa era la ruta normal. Sin embargo, la que había encontrado la flor permaneció inmóvil, ya que sin duda el mal tiempo podía estar jugándoles una mala pasada.
- Esa flor es mía.
Las curanderas miraron a todas partes, no supieron de quien era esa voz de niña hasta que contemplaron su silueta acercándose, a su lado estaba lo que parecía un caballero cubierto por túnicas de oscuro tejido, en cuanto ambos seres se mostraron frente a las mujeres, éstas observaron que la niña llevaba una ostentosa armadura cuyo color era la viva imagen del planeta mercurio.
- Yo la vi primero. - insistió la niña -
- Pequeña... - empezó a decir la curandera que había localizado la susodicha flor - La necesitamos para crear medicinas... Hay mucha gente enferma que...
- Van a matar a mi flor... - ante los rostros apenados de las curanderas, que no podían siquiera imaginar el monstruo con el que se habían topado, la niña de armadura mercurio mostró ojos acuosos - Sois malas... ¡Muy malas! ¡No dejaré que maten a mi flor!
Un torrente de energía verde se formó alrededor del cuerpo de la niña, y cuando una de las curanderas quiso calmarla estalló de una explosión fulgente, las asustadas curanderas huyeron, no sin antes que la joven que había encontrado la preciada flor la guardase entre sus mantos, viendo como huían, los ojos acuosos pasaron a convertirse en ojos de demonio, a su lado apareció el sombrío hermano de Marte, envuelto además con túnicas negras.
- ¡Son gente mala! ¡Hermanito Deimos castígalas! - ordenó al caballero del fuego, quien inmediatamente sacó su brazo llameante, rodeado por la persistente rueda infernal -
Sin mediar palabra, el hombre lanzó sus llamas en forma de dos bolas de fuego, una de las cuales alcanzó a una de las jóvenes, que ardió enseguida convirtiéndose en ceniza, sin embargo aún quedaba la que llevaba la flor, cual felino Deimos corrió hacia ella, no podía permitirse dejar testigos o pronto alarmarían a toda Asgard, sin duda era la desesperación y el nato instinto de supervivencia lo que hacía que la chica pudiera escapar del caballero de Marte.
De pronto saltaron dos guerreros asgardianos, fornidos y armados con lanzas, firmemente impidieron el paso al caballero astral, sin temblar ante el infierno que se desataba a su alrededor debido a su cosmos, de algún modo lo único que sí producía escalofríos en los valerosos asgardianos era la carencia de sentimientos en el joven y moreno rostro de Deimos, cubierto en parte por su espesa cabellera negra y la capucha, dándole un toque siniestro.
- ¡Ahora tendrás que enfrentarse a alguien de su tamaño! - exclamó uno de los dos hombres apuntando con su arma el cuello del impasible guerrero astral -
- Espera hermano... Antes de mandar a este monstruo a las profundidades del infierno, debemos saber quien lo ha enviado. - advirtió el otro guerrero, de cabellera verde jade -
- Hermanito Deimos... ¿Por qué tardas tanto? - ante la presencia de la niña Mercurio, se produjeron varias reacciones, mientras los dos guerreros quedaron confusos por ver a una joven de esa edad enfundando tan pesada armadura, la joven de la flor quedó petrificada, manteniendo por pura inercia el preciado tesoro, Marte simplemente ignoró el comentario - ¡Dadme mi flor es mía! - exigió -
- ¿Su flor? ¡Kira! ¿Acaso has encontrado el último ingrediente? - preguntó el hombre de cabellos verdes, al tiempo que su hermano seguía apuntando al hombre de fuego -
Kira no respondió, demasiado terror gobernaba su voluntad, al tiempo que varias docenas de guardias llegaban Narciso de Venus y el otro caballero de Marte arribaron al lugar, no pasó mucho tiempo para que el capitán preguntase quienes eran aquellos individuos, pregunta a la cual nadie pudo dar respuesta.
Narciso: ¿Habéis visto el Sol directamente? - preguntó, haciendo trastabillar a todo el pelotón de asgardianos - Sabes que te va a cegar, pero su luz es tan magnífica, tan maravillosa, que no puedes evitar hacerlo, yo represento esa luz, divino destello que os atrae, pobres insectos, venid. ¡Venid a mí!
Ante la total sorpresa de los asgardianos, aquel caballero de armadura espejada creó una columna de luz desde la palma de la mano, que estaba abierta hacia arriba, una vez aquella maravilla hubo alcanzado el cielo, Narciso la agarró sorprendentemente, como si fuera un látigo, el cual se movía de forma serpentina.
- ¡Atacad! ¡¡ATACAD A ESTOS ASESINOS!! - gritó el capitán, quien ya había podido ver los restos cremados de una de las jóvenes -
Inmediatamente, doce guerreros se abalanzaron con sus lanzas a por Narciso, éste simplemente sonrió con malicia, con movimientos llenos de gracia, como si estuviera bailando, empezó a atravesar a aquellos valientes con aquel látigo de luz, el cual los cortaba limpiamente, dejando rastros de ceniza pegados a los torrentes de sangre que no se hicieron esperar, no pasó ni un minuto, antes de que los soldados muriesen.
- Agh, maldito monstruo... ¡Te mataré yo mismo!
Furioso por la muerto de sus subordinados, el capitán desenfundó una hacha vikinga, y se lanzó con ira ciega a por Narciso, el cual manejaba su látigo como un experto en gimnasia rítmica, haciendo que girase alrededor del hombre en perfecta espiral.
El capitán estaba realmente abrumado por la perfección de movimientos, era imposible moverse sin perder el miembro que tratara de atravesar aquella barrera perfecta, pese al peligro, quería dar el todo por el todo, sin embargo no podía, a su pesar, era como sí todo su cuerpo se hubiera paralizado de repente, sí, todos sus órganos internos, y así, ante los anonados guerreros de Asgard, su valiente capitán sucumbía sin razón aparente, con una sádica sonrisa Narciso hizo que la espiral del látigo de luz presionase el cuerpo al caer, partiéndolo en mil pedazos.
Sin dudar todos los guerreros decidieron vengar a su capitán, nuevamente el caballero de Marte se deslizó con movimientos felinos con su brazo ardiente, realmente parecía estar constituido por pura energía flamígera, juntando todos sus dedos utilizó su extremidad llameante para acabar con dos asgardianos que le salieron al paso, le bastaba con tocarles para que, tanto sus cuerpos como sus armaduras ardieran hasta convertirse en ceniza, al ver como cinco más lo rodeaban, Deimos incendió sus piernas dando patadas giratorias igualmente fulgentes en el aire, uno de los guerreros casi le rasgó el rostro con su filosa lanza, pero sus reflejos divinos le hicieron esquivarlo, provocando el desarme de su enemigo, sin esperar un momento atravesó el corazón de éste, cremándolo, cuando calló sobre el frío y nevado suelo, los cuerpos caían inertes estallando en polvo, con manos y piernas en la superficie, y aquella mirada felina, Deimos mostraba la aterradora forma de un cazador sediento de sangre.
La guerrera de Mercurio observaba divertida como los desesperados asgardianos saltaban a por ella, sólo con una pequeña parte de sus poderes telequinéticos podía hacerlos estallar, pero su objetivo seguía siendo la flor, Kira deseaba escapar con todas sus fuerzas, pero realmente no podía, la misma fuerza que previamente había apresado al capitán del pelotón, ahora ahogaba su espíritu, no tardó mucho en darse cuenta de donde provenía esa fuerza oscura que quebrantaba la propia alma, el hombre cubierto por túnicas oscuras y de tez pálida sonreía ampliamente, señalándola con el dedo al corazón, aterrada vio a un guerrero intentando cortarle el pescuezo, pero aquel hombre atravesó el cuerpo de su agresor sin pestañear, sin daño físico alguno, tan solo había pasado toda barrera física para romper el alma valerosa del guardia, acabando con su vida en una fracción de segundos.
Apenas quedaban ya hombres, todos morían por el látigo de luz de Narciso o la rabia de Deimos, Mercurio caminaba sonriente, directa a la joven Kira, su infantil rostro estaba bañada por sangre y ceniza, pero aún así no formaba rictus de molestia o rabia, ni siquiera el sadismo que demostraba con sus actos, sólo aquella cara de niña, totalmente en calma.
El hombre que se había interpuesto entre Kira y Deimos hacía poco, ahora se disponía a atacar a Mercurio, sin embargo el fornido gigante fue empalado por el brazo demoníaco de Deimos, ahora apagado, la sangre escurrió por su boca en forma de cascada, el calor le destrozaba por dentro.
- Mal... Maldito... Seas... Demonio... Del fuego... Al menos... Moriré... Con el honor... que todo asgardiano merece... Los dioses me esperan en Valhala...
Deimos negó con la cabeza, el hermano del que estaba apunto de fallecer trató de protegerle, pero el caballero de Marte se lo impidió con una patada que le reventó las rodilleras, estampándole contra la superficie de rodillas ensangrentado y ahumado.
Deimos: Los que mueren tras mis llamas, no van al cielo... o al infierno... tan sólo... dejan de existir...
Rápidamente las llamas desaparecieron a aquel guerrero, mientras su hermano preparaba su venganza, alzó con bravura la lanza, listo para atravesar el ¿corazón? Tal vez ni siquiera tuviera uno, pero estaba dispuesto a todo por matar a aquel hombre, el caballero de Marte giró rápidamente y puso su mano con la palma abierta frente a la filosa hoja.
La lanza rasgó la piel, los huesos, atravesó la mano, pero hasta ahí, el arma desaparecía nada más pasar por la piel del guerrero astral, sólo cenizas quedaban, el hombre de pelo verde oscuro no pudo detener sus pasos, tampoco quería, golpeó el rostro de Deimos como si fuera una bestia salvaje, y sintió como el aura infernal cremaba todo su ser, mantuvo sus ojos abiertos y no decayó ni un segundo antes de desaparecer, con su muerte, el contingente había sido exterminado.
Kira dio pasos hacia atrás, ceniza, sangre, cuerpos mutilados por el látigo de luz, y guerreros totalmente sanos físicamente, pero vacíos por dentro, sus almas habían sido sorbidas o aplastadas por el misterioso encapuchado, y en medio de todo aquello, Mercurio sonreía, apuntando el pecho de la joven curandera, no, en realidad señalaba la flor.
- Mi flor... Damela... La quiero...
Kira apretó los dientes con rabias, una ira de proporciones incalculables hizo que lanzara la flor al suelo, escupiendo en la cara a la niña de inmutable sonrisa.
- Desaparece.
En la lejanía una de las deidades griegas más conocidas y poderosas, observaba lleno de satisfacción una explosión gigantesca, Apolo hizo señas para que el comandante en jefe de todo su ejército viera atentamente aquel espectáculo, que le deleitaba sobremanera.
Apolo: Contempla Odín... ¡EL PODER DEL SOL!
Un ejército de centenares de hombres, herederos del honor de la gloriosa raza de los centauros, preparaba sus armas, caminando en tropel, en perfectas filas, la Legión de Santos se preparaba para la inminente...
GUERRA SANTA
Notas de Autor:
* Cuenta una leyenda que las ocho estrellas de la Osa Polar representan a las ocho patas del legendario caballo de Odín, Sleipnir, dado que los zafiros se basan en estas estrellas, la armadura de Odín bien podría llamarse así.
* Guerreros divinos es como en la traducción española eran llamados los guerreros de Asgard, según ha sido explicado éstos eran parte del ejército asgardiano en la antigüedad, están al servicio del patriarca y su misión es proteger Asgard Septentrional y a la princesa de Polaris. Claro que los actos de Dolbar, provocaron que esta misión milenaria no se cumpliera, pudiendo llegar Poseidón y su anillo de los Nibelungos.
Este capítulo, aunque no lo parezca por las últimas páginas je, je, je, es sólo el comienzo de algo grande, no apto para personas sensibles, en esta gran guerra veremos que tan terribles son los caballeros astrales, prácticamente ya han tenido un vistazo de todos ellos, espero y alguno les esté agrando. Bueno, quizás la explicación que junta la ova de Dolbar y la saga de Asgard no les satisfaga, la división Septentrional-Meridional fue marcada en principio en el fic de Eduardo Castro, El Centinela. Espero poder ofrecerles más capítulos seguidamente este verano, cualquier duda, comentario o crítica ya saben: lordomega@wanadoo.es |
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| SeaDragon Kanon |
Publicado: Vie Ene 04, 2008 3:28 pm |
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| Muy bueno cada vez lo haces mejor Tomoe. |
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| Dr. Tomoe |
Publicado: Dom Ene 20, 2008 6:36 pm |
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Saludos
Gracias por leer. Aquí les dejo mi capítulo favorito de los que he escrito.
Capítulo 17
“¡Revelación! El secreto de la Exclamación de Atenea”
El Fuego de la Casa de Libra está a punto de extinguirse Quedan 5:15 horas para la muerte de Atenea
Reino del Caos y la Noche
Luz y oscuridad, sombra y destello, honor y deshonor, nadie puede estar seguro de nada cuando ha caído presa del caos primigenio, donde no existe el orden, donde no se puede hablar de bien o mal.
Los meteoros de aquel santo legendario eran lo único que podría calificarse de real en aquel sitio, lo que no hacía sentir mejor al general marino, quien esquivaba con gran dificultad los embistes del caballero mientras Kiki trataba de impedir que las tinieblas consumieran a Atenea, pues pareciera que todo el lugar fuera un gran ser deseoso de alimentarse de la diosa de la justicia.
Cansado de esquivar y defenderse, Kanon contraatacó descargando fuertes ráfagas de cosmos, que el Pegaso Legendario tuvo problemas en esquivar, el marino sonrió satisfecho al percibir como sus ataques provocaban unas ligeras heridas por el cuerpo, verdaderamente no tenía intención de quedarse a pelear pues si seguía en medio del caos lo más probable era que la oscuridad lo consumiera.
Kryon: Nunca había enfrentado a un rival tan persistente, aún así he de vencerte pues has ofendido a la diosa con tu despreciable presencia, deberías ser más humilde y suicidarte en busca de su perdón.
Kanon: Pero que locuras dices caballero Pegaso, en verdad tu estancia en este reino de tinieblas te ha convertido en un loco incapaz de reconocer a tu propia diosa.
Un ken de luz cortó la oscuridad, el guerrero de la marina calló sus cinco sentidos que sólo lograban confundirlo para estallar el séptimo, a la velocidad de la luz lanzó un puñetazo contra su enemigo el cual lo retuvo fácilmente, contraatacando con un golpe alto que lo lanzó varios metros hacia “arriba”.
El hombre de cabellos azules sintió a la vez la sensación de caer por el abismo y ascender los cielos cual cohete, pero con su fuerza de voluntad pudo escapar a la locura caótica para protegerse de la lluvia de meteoros de Kryon, éste había saltado en su búsqueda y Kanon pudo percatarse de la ausencia de brillo en sus ojos.
Kanon: “Ha perdido su alma... - pensó - será mejor que destruya su cuerpo”
Kryon: ¡Prepárate renegado¡ ¡Por la gloria de Atenea... Cometa Pegaso!
Todo el cuerpo de aquel hombre se convirtió en pura energía, tomando la forma de un bólido suicida o más bien un cometa cruzando el espacio, pero el Dragón Marino no se amedrentó y concentró todas sus fuerzas en sus manos, era peligroso desatar la Otra Dimensión en un lugar como aquel, sólo había un ken capaz de para a aquel guerrero, cerrando los ojos hizo estallar en su interior el cosmos de un caballero de Oro.
Kanon: ¡Explosión de Galaxias!
Kryon pudo sentir en todo su ser como centenares de planetas aparecían, estallando en un holocausto cósmico de proporciones divinas, un poder sólo comparable con el de los mismos dioses aunque eso no haría trastabillar la férrea voluntad del cometa pegaso, que resistía los embistes sin mostrar signos de flaqueza.
Kanon: “Impresionante... Su convicción es digna de mención pero... Tan sólo es guiado por los falsos ideales de este mundo caótico... Debo detenerlo o si no Atenea estará perdida... “ - pensaba el general mientras veía como su enemigo se acercaba más y más - ¡Explosión de Galaxias!
Nuevamente el ken destructor de mundos golpeó con fiereza al bólido de cosmos que tomaba forma de caballo alado, sin embargo Kryon seguía su trayectoria como si nada, sabedor de que pronto chocarían, Kanon decidió dar el todo por el todo y concentrar toda su energía en una sola jugada, convirtiéndose también en un bólido de energía pura, no pasó mucho tiempo antes de que chocaran, provocando una tremenda explosión de la que Kiki y Atenea se salvaron sólo gracias a la efectiva barrera de cristal.
Casa de Cáncer, Antiguo Templo de Atenea
Los santos de Atenea observaron atónitos el templo del cangrejo, en cada una de las casas que habían visto hasta entonces veían un gran mar de recuerdos de su primera gran batalla contra las fuerzas del mal, cuando Saga tomó el Santuario, y ahora, que veían el oscuro templo de Cáncer, sentían que todo era verdaderamente diferente.
El que más lo notó verdaderamente fue Shiryu, realmente no había nada en el interior de aquel templo, era como si simplemente hubiera un vacío inmenso ocupando todo el interior, la mirada de Seiya estaba más enfocada en tres grotescos cuerpos empalados alrededor de la entrada, con sus rostros desencajados y todo el cuerpo deshidratado, portaban armaduras de color sangre adornada con filosos cuernos por varias partes, dándoles un aspecto aterrador.
Shiryu: Es increíble, cuando llegamos a la Casa de Cáncer durante la batalla de las Doce Casas, sentí que verdaderamente aquel templo era la cúspide del mal, y ahora, es totalmente distinto, ni siento nada en su interior, ni bien ni mal, es absolutamente extraño. - comentaba el dragón con tono lleno de preocupación -
Seiya: Sí, también he tenido esa sensación al tratar de visualizar el lugar con mi cosmos, es como si la nada habitase este extraño mundo paralelo. Pero no es sólo eso lo que me preocupa, Shiryu... ¿Has notado los tres cadáveres empalados que hay alrededor?
Shiryu: Sí... Oigo sus gritos de desesperación... Como si sus almas no pudieran descansar... Verdaderamente son esos aullidos y nuestras cosmo-energías lo único que siento, temo que la nada pueda absorbernos si permanecemos quietos un segundo.
Seiya: Tienes razón, hay que cruzar el templo lo más rápido posible, si es verdad lo que el hermano del patriarca dijo, al final del camino hallaremos lo que necesitamos para vencer a Apolo y salvar a Atenea.
Así, los caballeros divinos de Atenea cruzaron la fría entrada del templo de Cáncer, ante la sombría mirada de aquel que en un tiempo tuvo el deber de protegerla, al cruzar el umbral, la niebla absorbió la zona como si nunca antes hubiera existido.
Más allá del Tiempo y del Espacio
Era un lugar atemporal, más allá del Orden o el Caos, mas rebosante de cosmos, el Emperador de los Mares había atravesado cientos de dimensiones en un solo paso, arribando en el interior de un lugar, que no hacía sino traerle recuerdos.
Aquel gran salón de columnas doradas, de un brillo que haría envidiar al mismísimo Astro Rey, unas paredes de pulcro color blanco al igual que el cristalino suelo, así como un gran trono, desde el cual un hombre de ostentosos ropajes blanquecinos con detalles de oro, al igual que su cabello, corto si no fuera por una larga trenza que descansaba en su espalda. Aquel misterioso hombre no podía inspirar más que miedo y respeto a la vez, ni siquiera hacía falta sentir su omnipresente cosmos pues su sola presencia ya indicaba que él era el rey, el señor de todo aquello sobre lo que posara sus ojos, que mostraban todo un universo en su interior.
Pero Poseidón no se arrodillaría, ni bajaría la mirada, no estaba dispuesto a temer a aquel hombre que lo miraba de forma impasible, desde su trono inmortal al tiempo robado. Sus ojos se posaron a la hermosa vitrina que tras el majestuoso trono se mostraba, en ella se encontraban tallados a la perfección los doce grandes dioses de antaño, aquellos que descienden del Cielo y de la Tierra, los que erigieron a aquel hombre que hoy tenía enfrente Poseidón como su todopoderoso rey, LOS TITANES.
Poseidón: Han pasado milenios... desde la última vez... Padre...
Cronos, que no era más que él, el Rey del Tiempo y los Titanes, miró inmutable a su penúltimo hijo, que había tomado los siete mares y que se había erguido como uno de los Tres Emperadores, aquel ser divino daba la impresión de saberlo todo, incluso lo que ni siquiera había pasado, el pasado y el presente eran algo viejo para él, antiguo, arcano, incluso lo que pasaría en los próximos diez mil años no dejaba ser inocuo, ínfimo, una nimiedad que a la que Emperador del Tiempo no prestaría atención, sin embargo, hoy hablaría nuevamente, tras decenas de miles de años de silencio, en el limbo.
Cronos: ¿Milenios? Tan sólo han sido para mí un instante... Algo tan minúsculo comparado con lo que queda... Que tal vez tampoco sea demasiado...
El hermano mayor de Zeus no se amedrentó ante la potente voz de su padre, aunque tragó saliva, en realidad, no sabía exactamente que debía decirle, no sabía el porque estaba en ese lugar frente al ser al que más odiaba, el ser que le dio la vida... Y la muerte.
Cronos: ¿Acaso has venido a importunarme con tus lamentaciones al igual que tus hermanos? - preguntó con esa poderosa voz de aire indiferente -
Poseidón: ¿Mis hermanos?
Cronos: Uno a uno, tus hermanos han pasado todas las barreras y han llegado aquí, a mis dominios donde me condenaron al exilio eterno, tan sólo para hacerme escuchar sus tristes reclamaciones sobre el por qué de mi accionar.
Poseidón: Tienen derecho... ¡Nos condenaste al infierno nada más nacer! - exclamó con verdadera rabia en sus ojos, al tiempo que su cosmos se encendió provocando turbulencias en el tranquilo lugar -
Cronos: ¿Acaso os creéis tan sumamente éticos y perfectos, como para reclamar a un ser que lucha contra el destino?
Poseidón: ¿Contra el destino?
Cronos: Así es... Mi padre, Urano, sabedor de que lo derrocaría no hizo nada para impedirlo... Se dejó arrastrar por las corrientes del tiempo y el destino, con suma tranquilidad dejó que le arrebatara el mundo que él había creado. Nunca estuve dispuesto a correr su misma suerte... No estaba dispuesto a convertirme en un esclavo de los Hados.
Poseidón: ¿Así justificáis el haber arrojado al Tártaro a vuestros propios hijos? ¿Tan poco significábamos?
Cronos: ¿Qué importa si significaban algo o no? - respondió de inmediato, sin dudar, lo que enfureció al dios de los Océanos - ¿Acaso mi hijo no cometió peores pecados? ¿No renunció Hades a Perséfone para salvaguardar su lugar en el Inframundo? Eso es nuestra herencia, Urano y Gea, mis padres, no sólo me otorgaron el poder de un dios, sino también la arrogancia y la sed de poder que eso conlleva, quizás en un principio hubiera podido hablar de amor y fraternidad por mis hermanos e hijos, pero conforme pasaron los siglos lo único que acabé deseando es mantener el poder... Es lo único que importa al final.
El crónida bajó la cabeza ante las palabras de su padre, mordiéndose la lengua ante la impotencia de no saber que contestarle pues su lado divino, sabía que aquellas palabras eran ciertas, que eso era lo que acababan siendo los dioses con el tiempo, devoradores eternos de poder, capaces de sacrificar cualquier cosa con tal de mantenerlo u obtener más. Pero algo negaba eso, su lado humano, Julián Solo rechazaba la idea de que el poder se sobrepusiera por encima del amor y la familia, aquella férrea voluntad humana hizo que el dios volviera sus ojos directamente a su padre, en los cuales pudo ver un recuerdo lejano.
Edad Dorada de los Titanes
Entrada al Tártaro
La Oscuridad dominaba el ambiente, las frías tinieblas llenas de desesperación y locura, rodeando un monstruoso ser representado como el mismo infierno, el primer ser en venir del Caos Primigenio, anterior a Nyx y Erebo, Éter y Hemera, insaciable devorador de almas que exigía un nuevo sacrificio, ante él estaba impasible el Emperador Cronos, que sostenía a una criatura recién nacida de cabellos azules y tierna mirada algo perturbada por la oscuridad del ambiente, que obligaba al pequeño a desatar un llanto desgarrador, que no superaba al de la hermosa titánide Rea, que rogaba arrodillada al impasible Rey de los Titanes por la vida de su pequeño hijo.
Rea: ¡No lo hagas! ¡Cesa esta locura! ¡Es tu hijo también...! ¡Por favor, te lo ruego! - exclamaba sumida en llanto, su hermano y esposo siquiera se dignó a mirarla -
Cronos: Tan sólo dale un nombre, antes de que muera. - respondió con frialdad -
Rea: ¡No! ¡No lo harás! ¡No lo permitiré! ¡NO!
Sin previo aviso la titánide se aferró al cuerpo de su esposo desatando un brillo verde del que pronto salieron raíces, las cuales fueron aprisionando al impasible Señor del Tiempo, las espinas atravesaban la piel del titán pero éste no reaccionaba, manteniendo su mirada vacía en el grácil rostro del retoño, al tiempo que las plantas empezaban a rozar sus brazos, Cronos los extendió poniendo al bebé por encima de la boca del infierno, de la cual surgían los gritos de desesperación de sus prisioneros.
Rea: ¡No! ¡No! ¡NO TE LO PERDONARÉ!
Cronos: Te llamarás... Poseidón...
Y así, dejó caer al niño que lanzó un grito ahogado, las plantas desaparecieron dejando un cuerpo ensangrentado pero firme, la titánide Rea se había desmayado. El dios se acercó a ella y la levantó del suelo, llevándola en brazos fuera del oscuro lugar.
Más allá del Tiempo y del Espacio
El orgulloso dios retuvo sus lágrimas y rabia, mas no dudó un instante en apuntar al Rey de los Titanes con su tridente, destellando chispas cargadas con odio y rencor.
Poseidón: ¿Por qué... Por qué si querías aunque fuera un poco a mi madre... ignoraste sus lágrimas y me lanzaste al vacío?
Cronos: Ya te he contestado a eso hijo mío... - Poseidón mordió su lengua y dejó escapar un hilillo de sangre al oír aquellas palabras - El poder está por encima de cualquier cosa, no ha habido jamás algo en todo el universo más importante pues todos esos sentimientos y emociones que profesan los débiles humanos, son meras ilusiones al igual que la idea de que se puede llegar a la felicidad sin poseerlo.
Poseidón: Maldito... ¡Sigues siendo el mismo demonio cruel que no merece vivir en este mundo!
Un relámpago surgió de la divina arma de tres picos con la que Poseidón encaraba a su padre, el ataque llegó sin problema al impasible dios, pero al chocar con él provocó un destello que hizo que de nuevo el dios recordara aquellos tristes momentos.
Edad Dorada de los Titanes
Tártaro
El bebé gateaba confundido en medio de aquella oscuridad, incapaz de entender lo que había pasado veía asustado como en las paredes tenebrosas surgían ojos rojos y brazos huesudos con afiladas garras, el pequeño crónida empezó a llorar como llamando a sus padre, al tiempo que los brazos infernales pugnaban por un trozo del bebé, de pronto, todo el recinto fue iluminado por una majestuosa aura multicolor, al tiempo que las horrendas criaturas eran consumidas por el más vivo fuego, lanzado por una hermosa joven de cabellos rojizos.
El pequeño Poseidón calló su llanto, mostrando una expresión de total desconcierto ante las dos mujeres que eran en verdad sus hermanas, éstas lo miraban con una expresión férrea que en parte le dio miedo, pero pronto empezó a reír de felicidad, extrañadas las dos diosas miraron atrás para percatarse de que una tercera hermana había llegado, a su paso el mismo suelo inerte del Tártaro pasaba a convertirse en tierra fértil, llena de flores de insuperable belleza, el pequeño movía gracilmente sus pequeñas manos al ver en aquella diosa de verdosos cabellos el rostro de su madre, y puso mayor rostro de felicidad al ver al lado de la joven el serio rostro de su padre, aunque con una larga cabellera oscura en lugar del corto y rubio pelo del Rey de los Titanes
- Hades, parece que piensa que yo soy...
Hades: ... Nuestra madre... Pude escuchar su llanto... Hestia... ¿Pudiste oír su nombre?
Hestia: No demasiado bien... Madre no pudo soportarlo y ni siquiera llegó a bautizarlo...
- Pero sí lo hizo nuestro padre.. - apuntó con cierto rencor la del majestuoso cosmos - Poseidón..
.- Poseidón... Nuestro hermano... - decía la diosa de cabellos verdes mientras abrazaba al pequeño, que jugaba con los pelos de la que creía su madre -
Más allá del Tiempo y del Espacio
Poseidón trastabilló por el impacto de recordar su infancia, provocando que su tridente centelleara por todo el lugar, sin causar ningún daño a la majestuosa estructura, Cronos permanecía frío, impasible, inescrutable.
Poseidón: ¿Por qué me haces recordar? ¿¡Por qué!? - exclamó lleno de ira -
Cronos: Nunca llegué a saber, como sobrevivieron en aquel páramo de caos y dolor, siendo apenas unos recién nacidos. No fueron necesarios ni años para que mi padre se volviera completamente loco, y ustedes... He de suponer que fue esa voluntad la que os hizo superiores a los mismísimo titanes... La que me derrotó... La que os hizo trascender al...
Poseidón: Noveno Sentido... - completó anonado el dios de los océanos -
Cronos: En verdad Deméter era la viva imagen de Rea...
La sorpresa del crónida fue titánica al oír aquellas palabras en boca de su frío y cruel padre, por un momento, al mirar a aquel titán esperó vislumbrar en su rostro sereno e inmutable alguna mueca de sonrisa, producto de evocar recuerdos de un tiempo en que las profecías de Urano no habían empezado a mermar la paz de la Edad Dorada de Cronos, sin embargo, tan sólo choco con la cruda realidad de un ser sin sentimientos, cuya soberbia y arrogancia hacía que ignorase toda ética o moralidad como pensamientos inferiores, sí, realmente estaba viendo un reflejo de sí mismo.
Casa de Cáncer, Antiguo Templo de Atenea
Al entras en el antiguo templo del Cangrejo, un escalofrío recorrió los cuerpos de los santos de Atenea, se sintieron de pronto en una aterradora libertad, como si no existiera nada a su alrededor, como si hubieran caído en el vacío más profundo, un abismo sin final en el que no existían el norte o el sur, el este o el oeste, arriba o abajo, no, no habían direcciones pues todo era exactamente lo mismo, la nada absoluta.
Lo único que hacía que los caballeros de Atenea no cayeran presa de la locura era la pronta sensación de un cosmos, un aura maligna repleta de maldad que interfería en aquel mundo inexistente, y que hablaba directamente a sus mentes, no, a sus propias almas, directamente a sus cosmos.
- Caballeros de Atenea... - dijo la oscura voz -
Seiya: ¿Qué? ¿¡Quién habla!? ¡Muéstrate cobarde y pelea! ¿Acaso es esta una ilusión que escuda a un caballero dorado tan despreciable que no es capaz de confrontar él mismo a su enemigo? - preguntó entre exclamaciones, tratando de obviar toda la información que recibían sus sentidos de aquel vacío inhóspito, la única respuesta que recibió fue una carcajada a lo que el santo de Pegaso descargó sus potentes meteoros, que simplemente se perdieron en el horizonte -
Shiryu: Es inútil Seiya, nos encontramos en un mundo carente de todo rastro de existencia, es distinto a cualquier otra experiencia que hayamos vivido pues simplemente somos lo único que “existe” en este lugar.
- Deberías escuchar a este joven erudito... Parece que ha hecho los deberes... - decía burlón ante la furia de Pegaso -
Shiryu: Al menos di tu nombre.
- ¿Mi nombre? ¡Ja, ja, ja, ja! Que descortés sería si os dijera mi nombre sin estar cara a cara con ustedes.
De prono el espacio blancuzco empezó a tomar forma de espacio sideral, aunque también vacío, el ver las estrellas en aquel negro universo hizo que de nuevo los caballeros pudieran fiarse de sus sentidos, nuevamente surgió del abismo la macabra voz.
- Vosotros que habéis venido a reclamar la espada sagrada, debo antes mostrarles lo que en verdad es, cuando conozcáis su historia, quizás lo piensen dos veces antes de pensar en arrancarla de su actual prisión.
Antes que los caballeros pudieran reclamar algo, el espacio cambió de forma nuevamente, pasando a convertirse en pura y negra oscuridad, un infinito tapiz de tinieblas donde no parecía haber luz alguna, y que parecía cubrirlo todo, imponiéndose al brillo de las estrellas y del Astro Rey, pues los dos santos distinguían pese a todo su amado planeta, en un estado primigenio, pero sin duda era la Tierra.
De forma rápida, a una velocidad tal que era imposible de describir, los santos sintieron toda la historia de los dioses, desde los Antiguos Gea, Urano y Pontos, hasta la era de los dioses del Olimpo, vieron la corrupta edad de los hombre, y la gloriosa edad heroica de Perseo, Teseo y Heracles, finalizando con la terrible Guerra de Troya, punto final de la mitología junto con la aclamada Odisea del último héroe griego, Odiseo.
Pero no era eso lo que aquel misterioso ser quería mostrarles, sino algo más, algo tan terrible, que la mitología no hablaría de ello por mandato del mismísimo Rey de los Dioses, las grandes guerras santas que mermaron a las sagradas órdenes de los dioses Ares, Poseidón, Atenea y Hades, y que dieron paso a la olvidada Filiomaquia, la mirada de los dos compañeros de armas, que habían sido reducidos a meros observadores, se centró en el final de la primera de esas guerras santas, la gran confrontación entre hermanos, en la que los santos tuvieron que proteger la tierra del ejército más poderoso y brutal que el Olimpo hubiera engendrado: Los bersekers de Ares.
Era del Mito
Salida de la Casa de Piscis, Antiguo Templo de Atenea
El espectáculo era aterrador, desde la entrada del Palacio del Patriarca se podían vislumbrar las Doce Casas del Zodiaco, protegidas desde tiempo milenarios por los guardianes de Atenea, conocidos como los caballeros de Oro. En aquellos oscuros días de guerra, todas las gloriosas edificaciones lucían desechas, fragmentadas y derruidas, con decenas de guardas y santos amontonados en las entradas, mutilados y cremados más felices de haber podido derrotar a algunos de sus enemigos en el proceso, pues también cientos de guerreros del ejército infernal de Ares habían perecido ante la voluntad de los caballeros, incluso el último batallón del dios de la guerra: Los Despojos de Heracles, había sucumbido ante el inescrutable poder de la elite de la diosa.
Sólo uno quedaba, el gran general, el demonio en persona cuya maldad era sólo comparable a la del Emperador del Infierno, la hija de Zeus podía ver la locura y la sed de sangre en la mirada de su hermano, enfundado por su gruesa coraza de maldito color carmesí con toques macabros y oscuros, entre sus manos blandía un enorme espadón cubierto por los fluidos de sus víctimas, pues tres santos de oro habían tratado de enfrentársele a pesar de la enorme diferencia de poderes, la diosa miró apenada a Niké, la grácil diosa de la Victoria que siempre la acompañaba, ahora le mostraba la legendaria espada que había recibido de su padre, herencia de su bisabuelo, Urano, primer portador de la más terrible de las armas.
Ares relamía la hoja con deleite, su rostro era verdadera muestra de su locura pero eso no amedrentó a los últimos caballeros que quedaban. Cáncer, Acuario y Libra aún mantenían posturas firmes de combate, cada uno con una de las legendarias armas.
Acuario golpeó con vehemencia el rostro del dios de la guerra con su nunchaku cargado de cosmos bendecido por el cero absoluto, pero la escarcha desparecía ante la llama del cosmos rabioso de Ares que rechazó de inmediato al valiente guerrero, Cáncer trató de impedir que el gigante se cebara en su compañero lanzando el escudo dorado al grueso cuello de la monstruosa deidad pero éste contraatacó con un certero puñetazo que cuarteó su coraza dorada.
Apenada y a la ves con ira inusitada la diosa de la Sabiduría observaba como sus valerosos guerreros caían presa de la cólera de su hermano, quien lanzaba alaridos de león que resonaban por todo el lugar, la hija de Metis elevó su resplandeciente cosmos apoyando a sus santos, y su divino rostro se iluminó al ver como todos los caídos levantaban sus maltrechos cuerpos con voluntad, al tiempo que sus auras estallaban llenas de vigor.
El dios hijo de Hera gruñó con rabia al tiempo que paraba los embistes de la espada de Libra, pues su portador tenía que alcanzar tiempo para que sus compañeros llegaran, Acuario se abalanzó a por las gruesas piernas del dios de la Guerra, congelándolas para mantenerlo estático, Ares no podía contraatacar pues su cosmos sentía la presión del Agujero Negro de Cáncer, que le consumiría de no ser por su divinidad, pero el poderoso dios no conocía la derrota, ni estaba dispuesto a conocerla, en un simple movimiento de 180 grados cortó con su espadón el peto de Cáncer y desarmó a Libra, para luego patear con fiereza al santo de Acuario.
Ares observó con sangriento deleite a la diosa, quien blandía la espada sagrada con dudas en su interior, el dios de la guerra se percató de que los refuerzos vendrían pronto así que se dispuso a terminar con su hermana de una vez.
Atenea: Ares, tu ejército ha sido diezmado, ríndete o no podré asegurarte que vivas. - dijo apuntando el cuello de su hermano con la espada, realmente a aquella diosa no le temblaría el pulso en enfrentar a su enemigo, pero algo rondaba su mente que le impedía actuar rápidamente -
El hijo de Zeus no dudó en su deseo de destrucción, los tres santos de oro que se encontraban justo delante formaron una trinidad, llenos de temor pues nunca habían llegado al punto de tener que utilizar aquella técnica, pero todas las dudas eran disipadas al ver a aquel monstruoso dios y pensar en lo que podría hacer al mundo si ganaba aquella última batalla.
Elevaron sus cosmos al unísono, la diosa de la Sabiduría apoyó tal acción formando una fuerza tan temible que se comparaba al Big Bang que dio comienzo al universo, el dios de la guerra palideció por un momento, pero luego mostró una amplia sonrisa que extrañó sobremanera a su hermanastra.
Ares: La Exclamación de Atenea... Siquiera Poseidón o Encelade te hicieron desatar ese poder... Me halagas hermanita... Estoy deseando sentir el calor de tu máximo cosmos... Adelante.. Acaba con el ser que diezmó tu Santuario.. Te estoy esperando..
No dudaron los santos ni la diosa de que la victoria estaba asegurada, ni siquiera un dios como Ares podría sobrevivir al destructor brillo del Big Bang, una vez los cosmos de los dorados hubieron alcanzado el clímax del perfecto Séptimo Sentido, la trinidad recibió la bendición de Atenea, sobrepasando el poder humano para alcanzar lo divino, la Exclamación de Atenea se mostraba esplendorosa, brillando con la sagrada luz de los dioses que cegaba al sanguinario señor de la guerra, quien se protegía con su gran espada y su brazo.
Trató inconscientemente de escapar, dando grandes zancadas hacia atrás, pero un contingente de guardias y santos de plata bloquearon al gigante, al tiempo que varias decenas de caballeros de bronce bloquearon a tres bersekers de aterradora figura que trataban de proteger a su general, la fiereza del ejército más poderoso de la Tierra se demostraba mientras aquellos tres guerreros eran un gran problema para los guardias y santos de bronce.
La esfera de brillo solar centelleó haces de luz desintegradotes, los tres campeones de Ares cayeron sin resistencia mostrando el poder absoluto de la más poderosa forma de poder cósmico que pueden desatar los seres humanos, sin embargo esa indomable fuerza no distingue villanos de aliados, el poder pronto absorbió y convirtió en cenizas a los caballeros y guardias del Santuario ante el hasta ahora impasible rostro de la diosa, que sintió el desquiciante grito de las almas de sus amados protectores, la Exclamación de Atenea lo consumía todo menos al verdadero objetivo, el hijo de Hera bloqueaba gracias a su gruesa kamei el poderoso ataque, pero la trinidad de los santos de Oro no estaban dispuestos a cesar su intento, elevando aún más sus cosmos hasta un punto en que el mismo Ares sintió por una vez miedo, verdadero terror ante la posibilidad de morir, sus ojos se inyectaron en sangre asesina y empezó a impulsar su cosmos olímpico para empujar la esfera, toda la realidad sintió el inconmensurable poder hasta que al fin, el dios de la guerra vio con deleite como sus enemigos de dorada armadura desaparecían tras el ken que hacía nano-segundos iba a desintegrarlo.
Los demoníacos ojos del dios pudieron atravesar la bomba energética, esperando toparse con el miedo y el terror que antes lo gobernaban en la altiva cara de su hermana, pero la diosa encarnada en aquélla bella joven de rojizos cabellos era incapaz de sentir temor, incluso podría decirse que no conocía la compasión, pero decirlo sería una mentira y eso sería demostrado por el como su mano temblaba al levantar la suntuosa espada legendaria, al tiempo que la hija de Palas negaba con la cabeza y una gota de sudor recorría su bronceada espalda, de pronto el rostro de Niké fue marcado por una sonrisa al ver como surgían los santos de oro del infierno, habiendo alcanzado por primera vez en la Historia el Arayashiki, habían sentido verdaderamente el poder de los dioses recorrer sus cuerpos mortales, habían trascendido a la muerte y ya nada podría detenerlos.
Ares desató los aullidos de su odio sangriento en forma de cosmos rojizo carmesí, pero nada podía detener la insaciable fuerza cósmica devoradora que barría todo lo que se ponía a su paso, emanaciones de energía ya habían hecho resentir los cimientos de aquella realidad alterna, desapareciendo los gloriosos templos del Zodíaco, la armadura sagrada de Ares cuarteó hasta volverse polvo, su piel gruesa como su kamei fue cremada e incontables heridas se abrieron, el gigante sin embargo dio zancadas atravesando la Exclamación de Atenea, los caballeros dorados se sintieron impotentes al ver como el ser más sanguinario del Olimpo se acercaba a su diosa, no podían cesar de enviar su cosmos al poderoso ken o todo simplemente desaparecería, el dios se mostró ante la diosa, completamente hecho una momia sin vendas, pero con el mismo odio y poder que había poseído desde su nacimiento, trató de incitar la ira de su hermana, pero ésta aún sentía dudas de usar la espada legendaria siquiera para protegerse del gran espadón, que fue bloqueado por un hombre, un santo de bronce auto-nombrado como el guardián de la diosa de la justicia, sus puños cargado de cosmos azulado bloquearon la espada, la sangre de Ares bañó la armadura de aquel hombre que lograba preocupar a la firme Atenea.
Su mirada era firme y era capaz de enfrentar a la del más cruel dios del Olimpo, lo que enfurecía al hijo de Zeus, de pronto los dorados tomaron una decisión, sacrificarían sus vidas por su diosa y su valiente compañero de bronce, voltearon lanzando las fuerzas de la oscuridad, un torreón de energía cristalina y un dragón verde de energía, la ancha espalda del dios de la guerra resintió los ataques, que fueron lo último que desataría aquel trío de valientes que no tardó en sucumbir a la ahora caótica energía dorada, la diosa mordió su lengua, verdaderamente preocupada por el futuro de aquel caballero, digno heredero de las alas de Pegaso, capaz de sobrevolar los cielos e incluso tocar las estrellas en el Universo.
La espada siente, la legendaria arma de dioses es capaz de ser mensajera de los sentimientos de su portador, por tanto una mera pizca de rencor, odio o incluso tristeza, es capaz de desatar el caos más aterrador y destruir a los seres más poderosos del cosmos.
Por esa razón, por el propio estado latente de aquella arma viva por la que recorría el miedo a la pérdida que gobernaba la aparente firmeza de la diosa Atenea, desató lo que sólo era una mínima parte de su aterrador poder, pero que sencillamente cortó de forma diagonal el pecho del dios de la guerra, destellando sangre como un chorro a presión, la armadura del santo brilló con luminosidad divina y unas majestuosas alas surgieron de ella al tiempo que la diosa creyó ver al legendario caballo alado, salvándola de la inminente explosión, destrozado, el dios de la guerra esperó su fin.
Casa de Virgo, Antiguo Templo de Atenea
Los santos de Atenea no preguntaron el porque habían pasado de largo la Casa de Leo, ni porque habían sido transportados, sus mentes aún permanecían en aquella mortal guerra santa, cuyo sanguinario transcurso superaba el de todas sus batallas, la desesperación, la tristeza, la masacre y el caos que gobernaba el Santuario en aquel entonces, hacía que Shiryu empezara a sentir dudas sobre su misión como caballero, al conocer el miedo que provocaba a sus enemigos y a las incesantes órdenes sagradas, incluidos los oscuros espectros de Hades, el Dragón llego a plantearse si de verdad habían sentido la dureza de una guerra santa. Pronto el más sabio de los caballeros de bronce disipó aquellas dudas pues su voluntad y fidelidad a sus creencias eran absolutas.
El santo de Pegaso pensó en como aquel que era su viva imagen protegió a la diosa Atenea, pese a la rudeza de aquella encarnación que parecía lista para liderar un ejército, en el fondo de la joven pelirroja sintió el cosmos armonioso de Saori, admiró grandemente la voluntad de aquel caballero y se juró nuevamente que salvaría a Saori de las garras del caos, aún si tuviera que dar la vida por ello.
- ¿Y bien? ¿Habéis sentido el poder de la espada? ¿Seguís pensando que liberarla os ayudará verdaderamente?
La voz ya no venía de todas partes, era distinguible que el portador de aquellas oscuras palabras se encontraba más arriba, oculto tras la espesa niebla, Seiya hizo ademán de querer subir la larga escalinata pero Shiryu lo detuvo en el acto, había que ser cautelosos pues no sabían que tipo de ser podrían encontrarse en el siguiente templo... La Casa de Libra.
Shiryu: Tan solo nos has mostrado el por qué de la prohibición de la Exclamación de Atenea. Su poder era lo único que podía vencer a un dios como Ares, pero a la vez el descontrol podría acarrear el fin del mundo. ¿Me equivoco?
- Sabia deducción, veo que no todos los santos de esta generación son animales que se dejan llevar por sus impulsos. - el santo de Pegaso sintió en su interior que aquellas palabras eran una indirecta en su contra pero se contuvo, preparándose mentalmente para cualquier eventualidad - Da igual como actúe su envoltorio mortal, Atenea siempre será la misma niña DÉBIL, incapaz de actuar con frialdad a la hora de alcanzar la victoria, tantas muertes gloriosas ocasionadas por la Exclamación de Atenea, que provocó que este mundo fuera cubierto por la Nada, hizo que prohibiera que fuera utilizada de nuevo, imagina lo que pasaría si un poder del mismo calibre explotara en la Tierra.
Shiryu: Sería... El fin...
Seiya: Pero... Hemos visto la Exclamación de Atenea... Su poder era inconmensurable... Pero no provocó grandes desastres como los que nos muestras... ¡No son más que mentiras!
- ¿No sentisteis el poder desatado? El cosmos de los tres caballeros dorados habían trascendido a la muerte, habían alcanzado Arayashiki, eso con el apoyo de un dios Olímpico, provoca el mayor poder que unos mortales pueden desatar. - hizo una larga pausa, que hizo poner de los nervios a Seiya, sabedor de la oscura situación en la que Saori se encontraba, más allá de aquella niebla, el oscuro ser sonreía con deleite - ¡Pero no os habéis dado cuenta de lo que en verdad quería mostrarles! ¡La espada que Atenea portó contra su hermano Ares! ¡Esa es la legendaria Excalibur! O al menos fue ese nombre con el que la conocieron los celtas, quienes fueron sus guardianes hasta que el Rey de Gran Bretaña la reclamó...
Shiryu: “El Rey Arturo” - pensó de inmediato -
- ¿No pudieron percatarse de la verdad que os mostraba? No hubieron dudas en el corazón de la diosa al ver como sus santos lanzaban una fuerza cósmica de tal calibre, pero si aparecieron a la hora de blandir su espada, una espada capaz de matar dioses, con un poder oculto mayor al del mismísimo Emperador de los Cielos, Zeus.
Los rostros de los santos formaron rictus de sorpresa. ¿Un poder mayor al de Zeus? Era imposible, tal fuerza no podía estar en una espada, verdaderamente ahora entendían que debían conseguir la legendaria espada, porque en malas manos podía convertirse en un problema mayor al de los mismos dioses.
- He esperado mucho tiempo... Sí... Demasiado... Para poder salir de este lugar... - los santos observaron como una oscura figura con alas empezaba a formarse en la lejanía, emitiendo un cosmos dorado - La Nada ha hecho de este lugar un verdadero infierno, todo lo que he visto hasta ahora son ilusiones, formadas por mi mente, pues esta realidad caótica no es más que un papel en blanco en el que cualquier ser vivo con el cosmos de una divinidad, puede crear un mundo. - los caballeros de Atenea prepararon sus mejores técnicas para lo que iba a venir, un cosmos verdaderamente aterrador que no podía ser comparado con el de los caballeros de oro que habían enfrentado hasta el momento se acercaba a paso lento pero seguro - ¿Pero imaginan un mundo vacío? Puedes ver, oír, tocar, oler, incluso degustar y hasta mantenerte vivo, pero para seres como yo, que conocemos los secretos del cosmos, es un verdadero infierno porque...¡¡NO SENTIMOS NADA!!
Un cosmos inmenso disipó la niebla, partió la nada e hizo que los caballeros pudieran ver a su enemigo, el caballero de Cáncer sin duda, de cabellera rojiza y larga cubriéndole la mitad de una máscara majestuosa que no era ni de oro, ni de plata ni de bronce, el cabellos le llegaba a cubrir toda la espalda por detrás, pero lo más sorprendente eran sus alas, su armadura no era como la de Máscara de Muerte, era...
Seiya: ¡¡UNA KAMEI DE ORO!!
- ... Porque no hay nada, sólo viví en un vacío inmenso, he de suponer que ustedes, tontos caballeros de Atenea, liberaron al Azote de Heracles y al alma de Ares, habéis iniciado por fin la Gran Guerra que el Maestro tanto esperó, ya no vale la pena que yo esté aquí, tan sólo he de llevarme Ezcalibur, gloriosa será mi llegada.. ¡TEMBLAD CABALLEROS DEL ZODIACO! ¡Yo soy Otelo! ¡El Caballero Kamei de Cáncer a las órdenes del Gran Maestro! ¡Vuestra hora ha llegado!
Río de Plata
Quien sintiera el cosmos titánico manifestado en aquel lugar, dudaría de sus sentidos pues sólo vería a dos personas, un hombre de edad avanzada y un joven santo de cabellera verdosa, sentados en postura de loto, lentamente, el hombre de nombre Ío, abrió sus serenos ojos de maestro.
Ío: ¿Estás listo joven?
Shun de Andrómeda tardó varios minutos en contestar pero al hacerlo, su cosmos se abrió cual flor destellando chispas de energía divina, el caballero de Júpiter hizo traer con su cosmos una especie de corona de laurel, pero con forma claramente metálica.
Ío: Cuenta la leyenda, que el dios del Sol Apolo tuvo tantos amoríos como su padre, pero no hubo mujer, sea humana o diosa, que provocara en el Febo los mismos sentimientos que Dafne, una hermosa ninfa, la cual para huir de su perseguidor pidió ayuda a su padre para que la convirtiera en laurel. Desde ese día, todos aquellos guerreros que portan el título de campeones de Apolo, llevaron siempre una corona de laurel, pues así el gran Astro Rey honraría el hermoso recuerdo de su amada ninfa.
Shun: Es una historia hermosa... Pero triste a la vez... - comentó -
Ío: Nosotros somos caballeros astrales, los últimos campeones que quedan, y portamos estas coronas que en verdad son... ¡NUESTRAS ALBAS!
La corona estalló en energía para cubrir enseguida al guerrero, dándole todo el aspecto de un glorioso general, pues sólo eso podía mostrar semejante armadura, la legendaria alba de Júpiter participaba en una nueva batalla, cientos de chispas centelleaban alrededor de Ío, por cuyo cuerpo recorría una corriente electromagnética capaz de pulverizar cualquier cosa.
Ío: Sobran las palabras Andrómeda Shun... ¡Qué empiece este combate!
Shun asintió, sintiendo en todo su ser el inigualable poder de un caballero astral, Ío de la Tempestad demostraba ser sin siquiera empezar la batalla, un contrincante digno de temerse.
Reino del Caos y la Noche
Desesperados, más por la seguridad de la princesa que por sus vidas, el joven Kiki y el general marino corrían sin parar, sabedores de que Kryon no había caído aún, pero al menos permanecería inhabilitado por un tiempo, sin embargo decenas de seres les perseguían, quizás centenares, miles, millones, era imposible saberlo pues no podían hacer uso de sus sentidos, Kanon sabía que el portal debía estar cerca pero la persecución no le permitía concentrarse.
La diosa Atenea pronto abrió los ojos, percatándose de la situación de sus caballeros, aún portando Kanon la escama del Dragón Marino seguiría siendo su protector y eso hacía que se reconfortase, haciendo uso de todas sus fuerzas hizo brillar su cosmos, a lo que Kiki hizo todo lo posible para que aquellos guerreros no desconcentraran a la diosa, sin ningún orden hizo que cualquier cosa que pudiera moverse lo hiciera en contra de aquellos que les seguían los pasos, ganando tiempo para Kanon y la princesa.
El general paró estrepitosamente la marcha, eso hizo que todos hicieran lo mismo, sabedores de que habían llegado a su destino, Atenea ahogó un grito al ver a toda la legión de perseguidores que les habían estado siguiendo, la mayoría eran santos como Kryon, portadores de armaduras de bronce o de plata, pero también distinguía a miles de guerreros de Poseidón, Ares, y otros fieles de distintas órdenes, todos aquellos que perecieron en la guerra olvidada, unas lágrimas maquillaron por momentos el joven rostro de Saori Kido ante tal desesperación pues, aquellos que ahora le encaraban, no eran personas, habían perdido todo rastro de humanidad tanto por dentro como por fuera, realmente desolador.
Kiki no sabía nada de la guerra olvidada, pero igualmente era capaz de distinguir las armaduras oxidadas y quebradas, verdaderamente no muertas sino corruptas, lo que le hizo sentir compasión por aquellos cuerpos sin vida ni alma, sin embargo, no estaba dispuesto a permitir que aquellos seres le pusieran una mano encima a la diosa Atenea, por lo que centró todas sus fuerzas en crear un escudo mental que los mantuviera quietos, mientras Kanon buscaba una salida.
El general marino ni siquiera prestó atención a aquellos seres, simplemente se limitó a buscar la salida, lo que no le costó demasiado, sin embargo, pronto sintió un fuerte dolor que mermaba sus fuerzas, por un momento parecía que iba a caer rendido pero, en una muestra de firmeza y voluntad dignas de un protector de los dioses, Kanon se levantó y destelló una fuerza inusitada, con el fin de abrir un hoyo que los alejara de aquel infierno.
Con una sonrisa en los labios la hija de Zeus extendió Niké, admirando la endereza de sus caballeros decidió usar todo su poder para protegerles, aún teniendo que acabar a su vez con aquellas almas descarriadas, aún soportando en su alma el perverso caos primigenio, no se amedrentaría ante el mal y descargaría su cosmos en aquellos que amenazaran la paz y el cosmos.
El sentir el aura bondadosa de aquella a la que juró proteger hizo que el muviano sintiera sus fuerzas renovadas, pudiendo hacer que el muro de fuerza invisible, muy distinto a la técnica de su maestro Mu, avanzara empujando a la legión de almas corruptas, que no tardó en responder con ataques aterradores, por un momento el muviano captó como sus cosmo-energías estallaban, permitiéndole oír los gritos de auxilio de unos valientes caballeros, que habían caído en la realidad de la mismísima oscuridad y desesperación, esto provocó que trastabillara, permitiendo el avance del ejército indomable.
Atenea elevó su cosmos, tratando de apoyar a su valiente protector, pero era como si todo el lugar se lo impidiera, como si la propia realidad estuviera en su contra, derrotada, la princesa Kido cayó de rodillas sudando copiosamente, mas con Niké aún firme en una postura horizontal, todo el cosmos fue enviado a través del báculo, estallando en medio de los santos oscuros, que no pudieron soportar el ataque, varios desaparecieron, pero otros se alzaron, Kiki vio su final en forma de lo que parecía ser el caballero de Hércules, pero no fue aquella mole desfigurada lo que pudo con él, sino millones de meteoros luminosos que lo despedazaron sin tregua.
Antes de caer inconsciente, el muviano pudo ver como una lluvia de golpes exterminaba a todos y cada uno de los seres caóticos, dejando paso al poderoso caballero de Pegaso. Kryon dirigió su mirada inmediatamente a Kanon, y cargó en su mano un poderoso ken.
Kanon: “Infeliz, ese maldito santo legendario está como si nunca hubiera peleado, su poder es inconmensurable, pero no puedo perder el tiempo, este reino de caos y desesperación acabará con Atenea si no sale pronto de aquí”
El general de la marina resintió los furiosos meteoros de Kryon, que con fervor atacaba al que creía enemigo de la diosa, la resistente escama, forjada con el calor de las guerras santas de hace milenios, se cuarteó ante el más legendario de los santos, hasta hacerse añicos, al tiempo que el portal se abría de nuevo, un movimiento rápido bastaría para que él pudiera escapar sano y salvo, pero no era ese su objetivo, sin dudar fue a por la diosa y la agarró lo mejor que pudo, su rostro estaba pálido y su cuerpo inconsciente, un nuevo meteoro destrozó por completo la escama e hizo que Kanon sintiera su espalda partirse en dos, dio un paso inmediato pero al siguiente dudó, miró de reojo al derrotado Kiki y negó con la cabeza, mordiéndose la lengua el general sea abalanzó a por el muviano en una voltereta para luego agarrarlo y correr a toda velocidad hacia el agujero, que era custodiado por...
Kanon: Kryon de Pegaso. - murmuró entre furia y desesperación, sin armadura no podía hacerle frente ni dejarlo inconsciente como para atravesar a tiempo el portal -
Kryon: Ahora sentirás el peso de tus pecados, tú que osas levantarte en contra de la diosa protectora de la Tierra, sufrirás la cólera de Pegaso.
Kanon cerró los ojos, resignándose a una eternidad en aquel infierno, por un momento cruzó en su mente la idea de hacer que la diosa y el muviano pudieran huir mientras él entretenía a aquel campeón de dioses, pero mientras ponía en práctica tal acción, un brillo dorado se mostró ante él, cegando a Kryon y cubriendo al hermano de Saga, quien ya no sería más un general marino.
Kanon: ¡No es posible! ¡La armadura de Géminis! ¿Cómo...?
El ver como su adversario se recuperaba ayudó a que el recientemente envestido caballero de Géminis dejara de hacerse preguntas y atravesase el portal sin que Kryon pudiera hacer nada para evitarlo.
Cumbre del Delirio, Riscos de la Locura
El portal dimensional desatado por la explosión de la Esfera Saturno, se abrió estrepitosamente para dejar paso al caballero de oro, Kanon, a la diosa Atenea, y al muviano Kiki, que no había dejado de ser ahora un joven de al menos 18 años, mediante un ademán, el santo cerró el portal con prisas, pues una oscura presencia los observaba.
- Vaya, vaya, vaya. De modo que unas ratas han escapado de las alcantarillas del cosmos, oh, que dulce y hermosa es la vista de ver a la gran diosa Atenea corrompida por el caos primigenio.
Kanon levantó la mirada sólo para toparse con la cúspide del mal, la mayor concentración de oscuridad y odio que jamás había sentido en ningún ser, aquel caballero de armadura macabra con brillo solar, miraba con deleite el sufrimiento de la diosa Atenea. Al lado de aquel ser, una mujer de majestuosa armadura celeste con tonos dorados y ojos cerrados, con unas cinco espadas sujetas a su coraza y espalda, en la cual se cruzaban dos katanas gemelas, guardaba el costado de aquel guerrero.
- Caronte de Plutón, caballero de la Oscuridad. - se presentó con una reverencia -
Notas de Autor:
Nuevamente siento la tardanza XD, aunque creo que no fue demasiada en comparación con la distancia entre el capítulo 7 y el 8. Espero y les haya agradado estas pequeñas retrospecciones al pasado COMPLETAMENTE inventadas (excepto por el llamar a los guerreros de Ares Bersekers). Parece que nos espera una guerra no sólo en Asgard sino en el Santuario también jejeje. Cualquier duda, comentario o crítica a: lordomega@wanadoo.es |
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| SeaDragon Kanon |
Publicado: Dom Ene 20, 2008 7:34 pm |
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Cita: El general marino ni siquiera prestó atención a aquellos seres, simplemente se limitó a buscar la salida, lo que no le costó demasiado, sin embargo, pronto sintió un fuerte dolor que mermaba sus fuerzas, por un momento parecía que iba a caer rendido pero, en una muestra de firmeza y voluntad dignas de un protector de los dioses, Kanon se levantó y destelló una fuerza inusitada, con el fin de abrir un hoyo que los alejara de aquel infierno
Excelente kanon aparece peleando muy bien. veremsoq ue el apsara a Caronte de Plutón en el proximo capitulo saludos. |
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| Dr. Tomoe |
Publicado: Dom Abr 27, 2008 12:37 pm |
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Saludos
Capítulo 18
“¡Excalibur! La Espada Legendaria”
El Fuego de la Casa de Libra está a punto de extinguirse Quedan 5:15 horas para la muerte de Atenea
Cumbre del Santuario del Sol y la Luna
Irritado, el Señor de los Vientos no cabía en su enojo en aquel Santuario que no conocía la noche, pues la presencia de Apolo bastaba para otorgar a sus dominios un eterno día soleado. El orgulloso dios no dejaba de sentir rencor ante el maltrato que recibía de aquel soberbio y arrogante hijo de Zeus, que había delegado todo su poder sobre la Tierra en manos de aquella “mujer”, por encima no sólo de sus fieles heraldos, sino de su propia hermana que era a su vez una diosa del Olimpo.
Levantando la mirada mostró una sonrisa de satisfacción, al ver a uno de los rebeldes justo enfrente. Touma de Ícaro lo encaraba sin dudas, haciendo destellar su cosmos electrificante, no tardó mucho la deidad en percatarse de la presencia de aquella muchacha hermana de Pegaso, pero prefiero fingir no darse por enterado, unas indomables ganas de pelea recorrieron su cuerpo y su armadura, tan reluciente que pareciera no haber recibido ni el picotazo de un mosquito en milenios, mas bien sabía él las humillaciones que su pulcra kamei había sufrido, y ya era hora de recuperar el honor.
Touma: Te conozco, tú atacaste el hospital junto a los dioses cardinales, eres el dios del viento, Eolo.
Eolo: Así es, vaya, de modo que uno de los herejes ha escapado de un doloroso futuro de esclavitud, me complace, en verdad me complace.
Touma: ¿De qué hablas? - preguntó con agresividad, apuntando los relámpagos púrpuras de su aura alrededor del arrogante dios, que daba la impresión de tener toda la situación controlada -
Eolo: Hum, no sabéis nada, y el ver esa mirada altiva llena de vida, me hace suponer que no fuisteis presa de la maldición de Dagón. ¿Acaso esa curandera supo también salvar a la pelirroja? Sí, no pongáis esa cara ángel del Olimpo, sé bien que la hermana de Pegaso se encuentra escondida.
Touma: Esto es entre tú yo. ¡Ella no tiene nada que ver!
Eolo: ¿Hasta tal punto ha llegado vuestra soberbia Ícaro? ¿Sois en verdad capaz de blasfemar de ese modo a un ser divino, al siquiera pensar que podéis enfrentarme solo?
Touma: Nada es imposible... Eso lo aprendí de Pegaso y sus compañeros, no me amedrentarás ni harás dudar pues tan solo he de elevar mi cosmos hasta el infinito para enfrentarte, heraldo de Apolo.
El dios entornó una mirada de odio, rencor, y deseos de venganza y desquite, descargaría en ese guerrero todos sus males, pronto todo el aire empezó a agitarse, formando un tornado alrededor de Eolo, no dejando ni la silueta del poderoso señor del viento a la vista, sin dudar, Touma se lanzó a por su enemigo, sabedor de que si no lo vencía pronto, otros podían venir y la batalla se complicaría.
Cargando todas sus fuerzas en un ataque, el valiente guerrero pensó haber localizado a su enemigo, pero nada más rozar el tornado que cubría al dios empezó a resentir todo el poder de éste, aunque trataba de acercarse a Eolo cientos de vientos cortantes lo bloqueaban y rasgaban su ya de por si apaleada armadura, las glorias que portaban los ángeles olímpicos tenían una dureza envidiable incluso para el orichalcum, pero aún así no eran indestructibles.
Pronto, un fuerte golpe de viento lo empujó cientos de metros atrás, su cuerpo ardía, como si acabara de ser cremado vivo, pero su rostro estaba recubierto de escarcha, contrariado, Touma decidió contraatacar, pero una especie de polvo amarillento lo había paralizado por completo, una brisa helada empezó a cubrirlo sin llegar a congelarlo, pero verdaderamente sentía que sus órganos vitales iban a dejar de funcionar, sin querer una tos empezó a hacerse presente, mostró una mueca burlesca, acababa de coger un resfriado.
Sabedor de que si seguía así, moriría sin mover un solo pelo, el ángel de la libertad decidió escapar usando su cosmos electrificante, lo hizo de forma lateral sólo para percatarse que la brisa estaba concentrada en una línea medianamente recta, Touma sonrió, sólo debía alejarse de aquella fuerza paralizadora y buscar un punto flaco en la defensa del dios.
No tardó en empezar a dar vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj, como si las fuerzas de Eolo fueran la aguja grande que lo estaba persiguiendo, por muy rápido que corriera, el dios no dejaba de tenerlo vigilado por lo que urdió una nueva estrategia, en vez de moverse en círculos empezó a hacerlo en espiral, acercándose cada vez más a su enemigo, quien no se dio cuenta del plan de Ícaro hasta que fue demasiado tarde, pues cuando ya estaba lo suficientemente cerca del tornado, Touma descargó su aura en forma de relámpagos y saltó, saltó lo más que pudo, impulsado por los feroces vientos del tornado, sobrevoló el poderoso ken rápidamente como si de un cohete se tratara, hasta cruzar la primera capa de la atmósfera, si no fuera por su cosmos, haría muchísimo tiempo que estaría ya muerto, despedazado y cruzando la entrada del Hades, sin embargo su condición de ángel no lo haría inmune a aquella situación, ni a un inexplicable calo sofocante, así que, mediante unas maniobras inhumanas logró meterse dentro del tornado, la velocidad de la caída hizo que su cuerpo resintiera fuertes quemaduras pero ahora eso no importaba, pronto se encontró con el dios.
La sorpresa del hermano de Marin fue mayúscula al toparse con que Eolo lo miraba sonriente, preparando en sus manos cuatro esferas de distintos colores que giraban a velocidad moderada, no pasó mucho tiempo para que resintiera como un amalgama de vientos del Norte, Sur, Este y Oeste cubría todo su ser, cortando con fiereza su armadura hasta hacerla pedazos, con deleite Eolo provocó la furia de los vientos, lo que junto al tornado, el cosmos electrificante de Touma y la caída de éste hicieron que empezara a sentir una presión aterradora en su cuerpo, como si todo el universo estuviera en su contra, aplastando no sólo a él sino el espacio que cubría, el ángel soltó un grito ahogado antes de caer al piso, la atmósfera recobró su calma y Eolo relamía sus labios, saboreando la gloria de la victoria.
Eolo: Hum, que patético que, una vez recuperado, tengáis que volver de nuevo a ser curado. Ahorraré las molestias a la curandera y os mandaré directamente al Hades, que es lo que habéis estado desando desde el momento en que os levantasteis de la cama para intentar escapar.
Touma: Agh... No trataba de escapar... Mi intención era... Acabar con.. Apolo... - decía con respiración agitada, poco antes de vomitar sangre, pronto empezó a sentir como el aire le faltaba -
Eolo: Moriréis por falta de oxígeno, ángel traidor , no me mancharé las manos con una escoria como vos.
El rostro del dios del viento mostró signos de sorpresa al ver frente a frente a la hermana de Pegaso, Seika lo encaraba con la valentía que siempre había caracterizado a su hermano menor mas no su cosmos, aún sin tener posibilidades de vencer no iba a permitir que aquel ser maligno acabara con Touma después de que él la hubo ayudado.
Eolo: Como moscas a la luz, hermana del caballero Pegaso. ¿En verdad creéis tener alguna posibilidad en mi contra?
Sin hacer esfuerzo en contestarle al arrogante dios del viento, la valiente Seika trató de golpearle, pues pese a no haber recibido entrenamiento de amazona, a su mente venían vistazos de artes marciales, con lo que trató de golpear el pecho de Eolo, éste, divertido, permitió que lo hiciera, y mostró una siniestra sonrisa ante el nudillo sangrante de la chica pelirroja.
- Veo con pesar que ya habéis empezado a desobedecer las órdenes de tu señor, vuestra misión es la de destruir al dios hereje Poseidón, y ahora os veo maltratando a una humana que ni siquiera posee dotes cósmicas.
Las palabras de la guerrera astral de Gaia calaron hondo en el orgullo de Eolo, quien volteó a tal velocidad que una corriente arrojó al suelo a la muchacha de pelo rojizo, su rostro mostraba cierto enojo, mas como dios que era debía guardar la compostura, ante él estaban Proteo y la hija de Palas, así como la diosa de la Luna quien no hizo el menor esfuerzo por esconder su furia.
Artemisa: ¡Explícitamente dejé claro que nadie debía atacar a Ícaro! ¿Qué excusa tenéis para haber desobedecido una orden mía heraldo?
Eolo: Tan solo hice respetar la ley del Febo, este hereje trataba de incordiar a mi Señor con su minúsculo cosmos, escapó del centro donde permitimos que se recuperase y su manera de agradecérnoslo es atacando a vuestro hermano. ¿Acaso sobreponéis la seguridad de este vil mortal por encima del gran Apolo, uno de los Doce del Olimpo? - inquirió, satisfecho en sus adentros con la reacción dubitativa que tuvo la diosa de la caza -
Dafne: Si es así, yo misma como comandante de los caballeros astrales resolveré este problema, mas vos no podéis perder el tiempo, la prioridad es la eliminación inmediata de Poseidón, Proteo, Bía y una heraldo más os acompañarán.
Eolo: ¿Más? ¿Acaso existen más heraldos a las órdenes del Febo? - preguntó con cierta sorpresa, tratando de recordar quien podría ser esa diosa, en cuanto Dafne asintió el nombre de la misteriosa aliada llegó a su mente como un relámpago - ¡Selene!
Dafne: Selene, la verdadera diosa de la luna, hermana de Helios, el Sol, e hija del titán Hiperión, su poder es inconmensurable aún para un heraldo.
Salón de los Dioses, Antiguo Templo de Atenea
Para un santo dorado como Baal de Capricornio, cuya vida estuvo siempre consagrada al Santuario y a la diosa Atenea, el hecho de estar siendo vapuleado por el que consideraba un ser infame le | | |