SS Kanon III
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Dr. Tomoe
Publicado: Dom Jul 16, 2006 10:47 pm Responder citando
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Aqui les dejo todo lo de Juicio Divino q había en el Mercury:

Prólogo


“Recuerdos extraños”


18 de Septiembre del 1998
Playa, Tokio 22:30 PM


Un joven de unos 15 años miraba el mar con nostalgia. A su lado había una chica de pelo azulado recogido en dos pequeñas coletas, vestida con un vestido rosa.

Una mujer de unos 20 años se acercó a los jóvenes sonriente, quienes se dieron la vuelta devolviéndole la sonrisa. Unos niños de apenas ocho años pololeaban a su alrededor.

- Seiya, Mihó. La comida está lista. - anunció la mujer -

Seiya: ¿qué hay para comer hermana?

- Tu comida favorita, sushi. - respondió con alegría -

Todos se fueron corriendo al orfanato que había en frente, su hogar desde que nacieron.

En su interior había una mesa rectangular repleta de platos de sushi, cada cual se sentó en su asiento, siendo la pelirroja quien la presidía.

El grupo dio gracias a Dios por la comida que iban a ingerir y se dispusieron a tragarla como las bestias salvajes que son.

Seiya: ¡Ja, ja, ja! Makoto, comes. demasiado rápido. - le dijo al niño que parecía mayor -

Makoto: ¿Mm? Mira quien habla.

Mihó: Je, je, je. - se rió por lo bajo mientras Seiya refunfuñaba - Oye seika.

Seika. ¿Sí Mihó?

Mihó: Mañana le oca a Seiya ir de compras.
El susodicho ya intentaba escabullirse con la ayuda de sus amigos del orfanato, pero las mujeres los pillaron infraganti, y estaban rabiosas. Sus rostros les daban más miedo que la probabilidad de tener que ir de compras.

Seiya: Eh, Mihó... Je, je, je. - murmuraba entre tontas risas mientras gateaba hacia atrás tembloroso -

Mihó: ¡SEIYA! Mañana comprarás hasta morirte. - luego miró a Makoto - Y tú limpiaras el baño - el niño cayó al suelo anonado -

Seiya: Hermana. - suplicó -

Seika. esta vez no puedo ayudarte hermano.

Tras la cena, todos se fueron a acostar pues el día siguiente sería duro. Había dos habitaciones, una para las chicas y otra para los chicos, por mucho que protestara Makoto.


19 de septiembre, 1998
Mercado de Nerima, Tokio 12:30 AM


Seiya estaba realmente molesto, aún tenía sueño y lo habían mandado a comprar a la fuerza. Pero le reconfortaba el hecho de que lo que comprara sería su comida, aunque no pudiera elegir.

Desde luego su vida era para él un misterio, no recordaba nada de su pasado más que vagos recuerdos. Tenía cuatro muy buenos amigos que habían estado en el orfanato.

Como no recordar a Shiryu, que era el experto en artes marciales desde pequeño. O a Shun, el más pacífico, Y Hyoga el más afectado por perder a su madre. Pero nadie era más extraño que ikki, serio y solitario, era el más fuerte entre ellos.

Con Shiryu solía pasar horas hablando sobre sus vidas en el restaurante chino que regía junto a su prometida Shun-Rei, e Hyoga era un buen policía local con el que también hablaba mucho. Pero Ikki y Shun eran más distantes, no los veía mucho porque siempre estaban buscando trabajos temporales para sobrevivir.

De pronto se dio cuenta de que de nuevo había acabado frente al restaurante chino de su buen amigo, pero estaba seguro de que si entraba, no saldría hasta el anochecer.

Seiya: “¡Bah! ¡Se lo merecen por haberme obligado a ir!” - pensó mientras inacaba los hombros despreocupado -

Al entrar se dio cuenta de que el restaurante estaba vacío, pero eso le aseguraba que no molestaría así que se sentó en el sitio de siempre.

La prometida de su amigo Shiryu, pese a ser tan joven, era bastante atractiva pero él no iba a fijarse en esas cosas todavía. Lo que sí le gustaba era su actitud amable, que indicaba ser la novia perfecta para Shiryu.

Shun-Rei. ¡hola, Seiya! Tú de nuevo por aquí, espero que no distraigas tanto a Shiryu hoy. - dijo sonriente, haciendo que Seiya se sonrojase - ¿Lo de siempre no?

Seiya: Así es.

Mientras la chica se iba, el joven pudo ver de nuevo a su amigo, con sus típicos trajes chinos y su larga cabellera negra que lo caracterizaba.

Seiya se levantó y ambos amigos se fundieron en un emotivo abrazo pues hacía dos semanas que no se veían. El cocinero del restaurante se sentó en otra silla frente a Seiya.

Ellos solían hablar de cosas bastante misteriosas, sobre todos aquel sueño que solían tener sobre una joven de cabello lila que se hacía llamar Atenea. También tenían la sensación de que las cosas andaban la como si ese no fuera su sitio.

De pronto las puertas se abrieron bruscamente, Hyoga vestido con su uniforme de policía disparaba sin cesar contra algo impreciso, pero lo más sorprendente era la aparición de Shun e Ikki, y que estos también tuvieron armas..

Shiryu: ¿¡Qué está pasando aquí!? - gritó mientras se levantaba bruscamente

Hyoga: Shiryu. ¡Huye! Este tipo quiere secuestrar a la princesa kido y no le afectan las balas.

Seiya: ¿Cómo es eso posible?

Al salir al exterior, la situación se volvió un mar de emociones confusas. Seiya reconocía a aquella joven que estaba inconsciente como a la chica que vio en la cabaña y que posteriormente vio también en sus sueños.

En cuanto al enemigo era bastante simple: un caballero envuelto en una armadura dorada, de pelo largo y castaño además de un rostro sereno que no parecía inmutarse ante las balas.

Ikki: ¿Con que no te afectan las balas, eh? ¡Ahora verás!

Tras tirar al suelo la pistola, Ikki le dio una fuerte patada giratoria en el rostro del atacante sin inmutarlo. Sin embargo, él parecía molesto ya que lo cogió por la pierna y giró varias veces sobre sí mismo para luego lanzarlo contra Hyoga.

Shun, pese a apuntar con la pistola no podía disparar, no por miedo a aquel tipo sino por sus principio e ideales contra la violencia. Una vez frente a él, el atacante parecía no tener intenciones de dañarlo.

- Je, antes de noquearte he de presentarme. Yo soy Orestes de la Corona Boreal, caballero de la Corona Solar del todopoderoso Febo Abel.

Tras aquella impresionante presentación, el guerrero noqueó a Shun de un solo golpe para luego fijar la vista en Seiya y Shiryu, quienes tomaban una postura ofensiva.

Orestes: Ja, sois muy valientes , tal como me dijo mi Señor Abel. Pero aún parece que no os habéis dado cuenta, de que estáis despertando vuestra energía cósmica.

Seiya: ¿De qué demonios habla? ¡Usted es un criminal y debe ir a la cárcel!

Shiryu: ¡Le detendremos aunque nos cueste la vida!

Los otros ya se habían levantado y se juntaron con Seiya y Shiryu, los cinco sentían que aquella no era la primera vez que debían pelear juntos contra un enemigo.

Ikki: ¿Acaso creías que me ibas a noquear con un simple golpe?

Shun: Aunque no me guste la violencia, usted es un criminal que ha atentado contra la vida de la Srta. Saori y como su guardaespaldas, debo detenerle y llevarle a prisión.

Hyoga: Orestes de la Corona Boreal, queda arrestado.

Orestes: “Aunque no se hayan dado cuenta, sus cosmos se incrementan a cada segundo que pasa. He cumplido ya casi mi objetivo pero aún he de hacerles recordar. Tengo que conseguir que despierten” - pensaba -

Seiya: ¡Ataquen!

A una velocidad increíble incluso para ellos mismos, se abalanzaron contra Orestes, quien permanecía impasible. Una ves cerca, todos saltaron y se prepararon para caer en picado contra él.

Orestes: ¡Ja, debéis recordar aún muchas cosas! ¡Recordada Atenea!

Los cinco guerreros se quedaron paralizados, en apenas una milésima de segundo por sus cabezas empezaron a salir imágenes de cuando Tatsumi les anunció aquella noticia tan sorprendente.

Orestes les empezó a golpear ene el aire como si fueran simples juguetes, un aura dorada cubría su cuerpo, lo cual sorprendía a los cinco.

Orestes: ¡Recordad el Santuario! ¡La diosa Eris! ¡Asgard! ¡Poseidón! ¡Abel! ¡Recordad a Hades y el ataque de Apolo!

Las imágenes confundían las mentes de los chicos mientras eran golpeados salvajemente por Orestes. Una vez cayeron, empezaron a gritar sujetándose la cabeza.

Seiya: ¡AGH! ¡NO PUEDE SER! ¿Qué me pasa? ¡Agh!

Orestes: Veo que me costará bastante más de lo que pensaba haceros entrar en razón. - dijo desde el poste eléctrico en el que estaba, apuntando a la Srta. Saori con la palma abierta de su mano - ¡Resplandor de luz!

Una ráfaga de luz en forma de rayo láser se dirigía implacable contra la princesa, pero Seiya en una especie de acto reflejo que sorprendió a sus amigos recibió el impacto, que le quemó toda la espalda y lo dejó malherido en el suelo.

La princesa, con una actitud amable y benefactora, abrazó al dolorido Seiya, que seguía recordándolo todo, así como los demás.

Saori: Por favor, no te mueras joven, por favor, levántate.

Un aura dorada salió de Orestes quien parecía tener la intención de volver a atacar , pero al frente se pusieron los furiosos chicos.

Después de haberlo recordado todo, sus cosmos se habían intensificado al máximo, ante un sonriente Orestes.

Ikki: Sí, ahora lo recuerdo todo. Incluida la batalla contra tu dios Abel. - dijo con furia en sus ojos -

Hyoga: ¿Cómo piensas que te salvarás? ¡Si tu estás aquí quiere decir que Abel ha resucitado y él es nuestro enemigo!

Shun: Pero, nos sacó de esta situación y despertó nuestro cosmos... - apuntó al joven Shun -

Shiryu: Da igual, es nuestro enemigo y es nuestro deber como caballeros derrotarle, porque si Abel ha regresado, quiere decir que la Tierra corre de nuevo un gran peligro.

Orestes: ¡No seáis ilusos! ¡Nuestro señor Abel y su hermana tienen un enemigo en común, y ese es el Olimpo!

Ikki: ¡Los dos son nuestros enemigos, hace dos años Abel casi destruye la Tierra! ¡Alas del Fénix!

Shiryu: Prepárate porque vas a sentir.... ¡La cólera del dragón!

Shun: ¡Corriente nebular!

Hyoga. ¡Polvo de diamantes!

Los cuatro kens se juntaron en un poderoso ataque se dirigía implacable hacia Orestes que volvió a extender su brazo.

Orestes: ¡Resplandor de luz!

Cuando ambas técnicas chocaron, la misma realidad empezó a temblar y a agrietarse. Ninguno desistía de su empeño, pero de repente apareció Seiya, haciendo los movimientos de la constelación de pegaso.

Seiya: ¡Ahora verás! ¡Prueba el poder de pegaso! ¡Meteoros de pegaso!

Cientos de golpes a la velocidad de la luz se juntaron con el ken combinado de los chicos, cambiando la balanza a su favor. El rayo empezó a acercarse a gran velocidad a Orestes pero cuando llegó, no lo destruyó a él, sino que pareciera que estuvieran destruyendo la realidad, no había duda, habían despertado.


Templo de la Corona, Delfos


El caballero Orestes de la Corona Boreal caminaba con tranquilidad por el templo de la Corona. En el camino se había topado con sus compañeros de armas Atlas de Carina, Jao de Lynx, belenger de la Cabellera Berenice y Clea de la Corona Austral.

Enseguida llegó al Templo del Sol, donde residía el Gran Dios Febo Abel, rival principal del Olimpo y de Zeus, su padre.

Desde la batalla contra Seiya, Abel había tenido tiempo para reflexionar desde el tártaro, y de planear una cruzada en contra del Olimpo. Estaba seguro de que su hermana lo ayudaría si juraba no dañar a los humanos que ella tanto amaba. Desde luego gracias a ella estaba libre, tras la muerte de Hades, el Tártaro se había debilitado, dejando las Doce Prisiones abiertas.

Pero temía a los otros prisioneros, quienes eran muy poderosos. Por eso se decidió a liberar a los caballeros de bronce a salir de ese sueño insulso en el que su odiado hermano los había metido.

La meditación de Abel se vio interrumpida por la llegada del más poderoso de sus caballeros de la Corona, Orestes.

Tras hacer una reverencia algo exagerada, el caballero hincó la rodilla al suelo y se dispuso a relatar su informe.

Orestes: Mi señor, los caballeros demostraron u valentía y su poder al enfrentarme. Sólo elevando su cosmos hasta el Octavo Sentido se podía romper la ilusión de modo que estoy seguro que ya han llegado a ese nivel. Me pregunto. ¿Es acaso el momento de que asaltemos el Olimpo? .

Abel. Me temo que no. Aunque sean muy poderosos aún nos faltan aliados. Muy pronto le diré a mi hermana toda la verdad sobre nuestro padre... y nuestra pobre madre. - unas sinceras lagrimas recorrieron el rostro del poderoso dios ante la mirada expectante de su fiel guerrero - Entonces me ayudará a despertar a Poseidón, y con la ayuda de los dioses de Agarrad el corrupto Olimpo caerá. Mientras tanto te pido, mi fiel caballero que protejas a mi hermana.

Orestes asintió de inmediato, se levantó y, tras repetir la misma reverencia se fue a la velocidad de la luz en dirección a Japón.


Islote, Mar de Japón


Apenas unos cuantos miles de kilómetros del archipiélago, el caballero de la Corona sintió la presencia de cuatro cosmos terriblemente poderosos. Cuatro figuras enfundados con armaduras hicieron acto de presencia. Pero no tuvo tiempo de preguntarles quienes eran pues otro guerrero con armadura divina apareció frente a él. Si algo destacaba de él era su sable, hoja de plata estelar y empuñadura con rubíes incrustados.

Orestes: ¿Quiénes sois?

- Tú eres el caballero de un falso dios que reniega del Olimpo y del Gran Zeus, un traidor Por eso, y en el nombre de Febo Apolo, Señor del Santuario, serás enviado al tártaro del que nunca debiste salir. ¡Furia de los cuatro vientos!

Orestes: ¿Qué? ¡Resplandor de luz!

El ken de Orestes se dirigía implacable contra el guerrero, pero éste simplemente lo curio con las manos y lo destruyó. Antes de que Orestes pudiera preguntar como lo hizo, se dio cuenta de que aquel ataque no lo hacía él sino sus hombres, quienes a una velocidad superior a la luz empezaron a golpearlo desde todos los flancos.

Tras varios miles de golpes, el cuerpo de Orestes cayó inerte al suelo. Sin más ni más, el líder comenzó a patearlo hasta tirarlo al mar.

- Bien, traidor, descansa en el fondo del mar, por lo menos hasta que tu alma regrese al Tártaro.

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Dr. Tomoe
Publicado: Dom Jul 16, 2006 10:48 pm Responder citando
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Capítulo 1


“Los cuatro cardinales”


18 de Septiembre del 1998
Hospital Central, Tokio 12:15 AM


Desde la batalla contra el dios Apolo había pasado una semana, durante la cual, los caballeros de bronce habían vivido una ilusión provocada por el mismo dios.

En cada habitación, los caballeros se despertaban viendo a sus seres queridos. Shiryu a Shun-Rei, Ikki y Shun a June, Hyoga a Ellie, que vino a verle desde el orfanato.

En la habitación de Seiya, éste platicaba fluidamente con su hermana sobre aquel mundo ilusorio en el que se había metido .

Seiya: Creemos que el culpable de todo fue Abel, pero fue uno de sus caballeros quien nos despertó así que no tendría sentido.

Seika: Todo lo que me cuentas es muy extraño, pero parece ser que en cualquier mundo serás igual de vago. - le reprendió a un sonrojado Seiya - Pues en todo éste tiempo un montón de gente te ha estado visitando, esa chica de la máscara llamada Shaina, Toma y su hermana Marin, Mihó y Saori. ¡Eres todo un don Juan!

Unas vez más, el caballero de pegaso se sonrojó. La puerta se abrió de repente dejando pasar a sus amigos, junto con Toma.

Seiya: ¡Chicos! ¡Estáis bien!

Shiryu: Así es Seiya, todos hemos despertado.

Shun: Las chicas decidieron ir a comer. - le dijo a Seika -

La hermana de Seiya se fue de la sala, pues sabía que tenían muchas cosas de las que hablar entre ellos, y ella con sus amigas. A Seiya no le extrañó que Ikki ya se hubiera ido, era su forma de ser, pero la presencia de Toma sí que le extrañó.
Toma: ¿Cómo te encuentras Seiya? - preguntó con sincera preocupación -

Seiya: Bien. ¿Cómo es que estás aquí?

Toma: Gracias a los cuidados de mi hermana no morí, he decidido luchar junto a vosotros contra Apolo aunque me cueste la vida, Atenea me ha admitido entre sus protectores.

Hyoga: Nos serás de gran ayuda, ni con todo su cosmos Seiya pudo hacerle nada más que un rasguño.

Toma: Es que ni Apolo ni Artemisa son reencarnaciones como Poseidón o Hades, son dioses por completo.

Shun: Pero Artemisa parecía asustada. - puntualizó -

Shiryu: Así es, eso lo que nos contó Marin de camino hacia la habitación.

Toma: Artemisa es la diosa más débil que hay en el Olimpo, si descontamos a los dioses menores. Sin embargo, Apolo es uno de los más poderosos.

Hyoga: Entonces. ¿Cómo lo venceremos?

Un silencio sepulcral era la señal de que nadie sabía la respuesta, pero Seiya, siempre con ánimos se dispuso a hablar.

Seiya: ¡No os preocupéis amigos¡ Hemos enfrentado a muchos enemigos que parecían invencibles desde que somos caballeros y nunca nos rendimos. Recordad la batalla de las Doce Casas. Los caballeros dorados eran infinitamente superiores a nosotros y acabamos venciendo, porque luchamos por lo que es justo.

Las palabras de Seiya, como siempre, habían levantado los ánimos a sus compañeros, Toma sonrió, desde luego era un buen líder.


Fuera del Hospital, Tokio


En las afueras del edificio, Jabu y su cuadrilla defendían la zona, posiblemente no serían de mucha ayuda pero debían intentar ser útiles a su diosa.

Cerca de ellos estaba también Shaina, que era de las más solitarias entre las mujeres que allí se encontraban, no estaba dispuesta a dejar el hospital hasta que su amado saliera vivito y coleando.

De repente, Marin salió, aún llevaba su máscara al igual que Shaina pese a que Saori les había dicho que no hacía falta, que esa ley era absurda.

Shaina: ¿Marin? ¡Ja! ¿no estás hablando con las demás? Creía que eras más sociable. - comentó irónica -

Marin: ¿Y tú Shaina? No has dormido nada desde hace varios días, deberías descansar. - le dijo preocupada -

Shaina: Mientras “descanso” Apolo podría atacar a la princesa....

Marin: O a Seiya. - completó tajante -

Shaina: Hay muchos valerosos guerreros debilitados aquí, y es nuestro deber protegerles hasta que se recuperen.

Marin: Sí, claro.

Jabu: ¿Pasa algo chicas?

Shaina: ¡No pasa nada! - exclamó con rabia mientras se marchaba a otra parte -

Jabu: ¿Eh? - murmuró extrañado, sin saber el porque de la reacción de Shaina -

Marin: No le hagas caso.

Una fuerte vendaval comenzó a desatarse, parecía que los vientos era dagas a filadas pues estaban resquebrajando las armaduras de la cuadrilla de Jabu.

Geki: ¿¡Qué está pasando!? - exclamó -

Ichi: Nuestras armaduras...

Naichi. Se están...

Ban: Se están rompiendo...

Tras unos segundos, los cuerpos de los caballeros no pudieron resistir el viento y fueron estampados contra la pared, con sus armaduras destrozadas. Sólo Jabu y Marin permanecían en pie, pudiendo contemplar a los recién llegados.

Marin. ¿Quiénes sois? ¡Responded!

- Yo soy Boreas, dios de los Vientos del Norte. - dijo uno de pelo azul pálido y largo, vestido con una armadura azul marino -

- Yo soy Euro, dios de los Vientos del Sur -se presentó uno de cabellos rojos y cortos, al igual que su armadura -

- Yo soy Notus , dios de los Vientos del Este - anunció otro de pelo y armadura verdes -

- Y yo soy Zephirus, dios de los Vientos del Oeste - se presentó por último uno con armadura y cabellos dorados -

- ¡Somos los cuatro dioses cardinales! ¡La poderosa guardia del Dios Sol! - exclamaron al unísono -

Boreas: Bien, hemos venido por las cabezas de los traidores. Dejadnos pasar caballeros de Artemisa.

Jabu: ¿¡Qué!? ¡No digas tonterías! ¡Somos los caballeros de Atenea y no les dejaremos pasar!

Euro: Entonces, ellos también son traidores... - reflexionó con sadismo - No os preocupéis hermanos, seguid, yo me ocupo de estos incautos -

Marin y jabu se pusieron en guardia, estaban seguros de que nada podían hacer pero por lo menos lo intentarían. Parecía que el que los retaba era el de color rojo pero, de pronto, Boreas dio un paso al frente.

Euro: Pero... ¡Hermano!

Boreas: Yo me ocuparé de estos dos inútiles, vosotros id a por Atenea.

Euro asintió con algo de rabia, pero sabía que no era bueno enfurecer a su hermano, siendo el más poderoso de entre ellos. De ese modo, los tres se introdujeron en el hospital a una velocidad superior a la de la luz.

Boreas: Ahora estoy solo yo Adelante, atacadme si podéis.
Jabu: ¡Maldito descarado! ¡Pagarás tu osadía! ¡Galope del Unicornio!

Marin: ¡Jabu no!

Pero el grito no fue escuchado por el caballero, cuando estaba a punto de golpear a Boreas, éste desapareció para aparecer justo detrás de él., por lo que Jabu casi pierde el equilibrio.

El caballero del Unicornio se dio la vuelta aún más furioso al ver la tranquilidad de Boreas de modo que se lanzó a darle golpes a la velocidad del sonido. Pese a que jabu era casi tan veloz como un caballero de plata, Boreas simplemente se transportaba más rápido incluso que Mu.

Tras infinitos intentos, Jabu cayó sobre sus rodillas completamente agotado, y el dios del Norte aún no parecía mostrar sentimiento alguno, ni siquiera de satisfacción.

Marin: ¡Vuelo del águila!

Una vez más, el dios desapareció y volvió a aparecer lejos de ella, sin contar con que Marin le lanzase unos cuantos cientos de meteoros que, por extraño que pareciera, fueron destruidos por el mismo viento.

Jabu: ¿Cómo demonios haces esas cosas’ ¡Ningún caballero, marina, dios guerrero o espectro ha hecho algo semejante!

Boreas: Me temo que alguien tan débil como tú no merece que le explique nada.- respondió con frialdad -

Jabu. ¿Cómo? ¡Tú soberbia será tu perdición! ¡galope del unicornio!

Boreas no tuvo siquiera que moverse, como si fueran cuchillas, haces de viento atacaron a Jabu a gran velocidad, estampándolo contra la pared del hospital y llevándose por delante a Marin.

Boreas. No merecían vivir. - murmuró -

- ¡Garra del trueno!

La sorpresa de boreas fue máxima al sentir que las garras de una mujer desconocida le habían herido. Ésta había tomado una distancia prudencial pero mantenía una postura ofensiva.

Boreas. ¿Quién eres tú que has herido a un dios?

- Soy Shaina de Ofiuco, amazona de plata al servicio de la diosa Atenea, única y verdadera soberana del Santuario.

Boreas. Ya veo. Noto que eres tan veloz como el rayo. Serás una adversaria formidable.

Shaina: Prepárate para ser vencido y humillado. ¡Garra del trueno!

A una velocidad increíble, Shaina se abalanzó sobre su adversario pero éste se trasladó justo detrás de ella. Sin embargo, no cayó en lo mismo de jabu y se dio media vuelta para seguir atacando al dios cada vez más rápido, quien ya le costaba esquivar los golpes.

El dios del Norte no tuvo más remedio que huir de aquel asedio pero no parecía asustado, sino satisfecho.

Boreas: Eres muy veloz lo admito, pero no lo suficientemente poderosa como para inquietarme.

Shaina: Estoy segura de que no posees el 7º Sentido, tus poderes me recuerdan al de los dioses guerreros de Asgard pero era tan veloz como un caballero dorado. ¿Por qué?

Boreas: Eres muy astuta, por haber conseguido dañarme mereces una explicación. Así es, no poseemos el 7º Sentido. Pero si tratamos una habilidad que ningún otro tipo de guerrero conoce, nos fundimos con el viento y por eso somos más veloces que cualquier guerrero.

A través de su máscara, la amazona estaba realmente sorprendida, era una velocidad inhumana, sólo un dios podría hacer algo así.

Boreas. Supongo que piensas que es una habilidad divina. ¿Me equivoco? - la amazona se sorprendió pues era justo lo que había pensado - Sí, la habilidad de fundirnos perfectamente con el viento era propia de nuestro padre y maestro, el dios Eolo.

Shaina: Me da igual si nuestros enemigos son dioses, yo misma me enfrenté cara a cara con Poseidón y resistí los embastes del dios de la muerte. No temblaré ante ti.

Boreas: Eres muy valiente. Tendrás una muerte rápida y honorable, como te la mereces. Prepárate.

Ambos contrincantes se intercambiaron miradas frías, y en apenas unos segundos, chocaron agarrándose a golpes. Podían verse destellos púrpuras y verdes provocados por los combos de ambos contrincantes.

Una vez más dejaron distancia entre ellos, estaban observándose el uno al otro, como buscando sus puntos débiles. Boreas extendió sus brazos en cruz lo que extrañó a Shaina.

Shaina: ¿Qué haces?

Boreas: Como ya te he dicho, eres valiente, pero es mi deber matarte. ¡Ventisca Invernal!

Un fuerte corriente de vientos cortantes desgarraron la armadura y la piel de Shaina pero ésta seguía sin moverse, poniendo el brazo delante y manteniendo el equilibrio. La intensidad aumentaba y su cuerpo había comenzado a congelarse pero no desistía.

Boreas: ¡Desiste! ¡no mereces morir sufriendo!

Shaina. ¡No moriré sin luchar! ¡Garra del trueno!

A una velocidad increíble, la amazona atravesó la ventisca, pero cuando sus afiladas garras estaban apuntando su cuello, ya no era más que una estatua de hielo.

Boreas: Descansa en paz, espero que encuentres la tranquilidad en el paraíso., pues no mereces ir al Hades. - rezó -


Cafetería, Hospital Central


Las chicas hablaban animadamente sin enterarse de la terrible batalla que se desataba, desde hacía unos minutos, el aire había comenzado a aumentar y pese a que los encargados habían encendido el aire acondicionado al máximo, el calor aumentaba más y más.

Seika: Chicas. ¿Soy yo o hace demasiado calor aquí?

June: No, yo también tengo calor.

Mihó: Es extraño por que casi estamos en otoño.

Shun-Rei: Ni siquiera en Agosto hizo tanto calor.

Saori: ¿No será que mi hermano ya ha atacado?

- No exactamente princesa Atenea. - las chicas se levantaron a la vez al escuchar aquella voz - ¿A caso cree que el gran Febo se molestaría en enfrentar a una escoria como tú y tus caballeritos? ¡Ja! Veo que tenéis calor.

Saori: ¿Acaso eres tú el que ha desencadenado este infierno?

- Así es. Soy Euro, dios de los Vientos del Sur. Uno de los cuatro cardinales al servicio del gran Dios Sol . Precisamente mi habilidad es “calentar” el ambiente, incluso a niveles que podrían deshidratarlos.

Saori: Eso es imposible, sólo el dios Eolo puede hacer algo semejante.

Euro: Nuestro líder, el dios de los vientos nos enseñó sus habilidades. Y ahora es el momento de que los caballeros de Atenea sientan el verdadero poder. ¡Tempestad infernal!

El aire había pasado de ser insoportable a desencadenar un terrible incendio. La armadura de Camaleón cubrió inmediatamente a June.

June: ¡Princesa, Mihó, Shun-Rei protegeros! ¡Seika procura apagar el fuego mientras yo acabo con esta rata! ¡Prueba mi látigo!

Moviendo con destreza su látigo, la amazona golpeó a euro mientras Seika apagaba el incendio, las demás chicas pese a las advertencias de June, no podían quedarse quietas y se dedicaron a ayudar a su amiga a apagarlo.

Euro: ¿Así que acabarás conmigo con ese látigo? ¡Así no me haces más que cosquillas! ¡Remolino de fuego!

Un remolino de llamas cayó contra June quien intentaba pararlo moviendo el látigo en forma giratoria pero así sólo provocaba que toda la zona se estaba quemando.

Euro: Vasta de juegos, vas a morir.

A una velocidad increíble, Euro golpeó a June en pleno estómago, derribándola, pero ésta curio la pierna del dios intentando tirarlo. El dios se reía por el esfuerzo de la joven amazona.

Euro: ¡Ja, ja, ja, ja, ja! Mira que eres persistente.

Pero aquellas risas se convirtieron en un gruñido de furia al ver como las chicas enteradas de que era imposible apagar el incendio con un aire tan caliente, y se habían ido arriba, mientras que el personal ya huyó. .

Un fuerte golpe de un ser invisible golpeó con fuerza el rostro del dios, derribándolo. Luego fue pateado varias veces para que después aquel ser invisible desapareciera.

Euro. ¿¡Quién demonio fue!? - exclamó totalmente fuera de sí, mientras se levantaba, limpiando el hilo de sangre que caía de sus labios -

- Ésta es una habilidad de mi armadura que descubrí hace poco. Como hacen los camaleones, gracias a mi armadura puedo ser uno con el entorno, siendo imposible de ver .

Euro: ¿Así que sigues viva? ¡Pues si no puedo verte! ¡Quemaré todo el hospital! ¡Toma esto! ¡Tempestad infernal!

Como si estuviera loco, el dios comenzó a lanzar ataques de fuego con los que había convertido la cafetería en un verdadero infierno. Pero June seguía esquivando los ataques y golpeando su cuerpo con puñetazos y patadas que, si no le habían dañado lo suficiente, lo estaba irritando.

Pero era lo propio que en algún momento se descubriera algún punto débil a aquella técnica y Euro la había descubierto, porque en el momento en que June iba a golpearle, él la agarró por el cuello con una sádica sonrisa en los labios.

June. ¿Cómo... pudiste... verme? - preguntó casi sin aire -

Euro: Estúpida, te has valido de mi temperamento para engañarme, soy uno de los cuatro dioses cardinales del viento y por lo tanto, puedo notar cualquier cambio en él, y al moverte lo produces. Ahora sí se acabó. ¡Muere!

- ¡Trueno del alba!

El frío ataque atacó cayó sobre el desprevenido dios, congelándolo al instante, el aire frío que provocaba el recién llegado bajó la temperatura del ambiente y apagó inmediatamente el fuego del lugar.

June sonrió, se trataba de Hyoga, caballero de bronce del cisne. La amazona sonrió antes de caer inconsciente al suelo. Ellie fue corriendo a ayudarla, mientras Hyoga miraba extrañado la estatua de Euro, en la que él ya no estaba.


Pasillo, Hospital Central


En aquel lugar las cosas se estaban poniendo peliagudas, Zephirus y Notus se enfrentaban sin cuartel a Shiryu y Shun quienes no portaban sus armaduras.

Shiryu: ¡Largaos de aquí o sufriréis las consecuencias!

Zephirus: No tengo intención de huir. ¡Brisa marina!

Una fuerte brisa empujó al desprevenido Shun estampándolo contra la pared. Pero enseguida se levantó preparado para atacar con su mejor técnica.

Shun: ¡Corriente nebular!

El ataque de Shun no parecía afectar en lo más mínimo a ambos dioses. Pero a Shun le preocupaba que no se rindieran, ya que su técnica era terriblemente agresiva y podía matarlos.

Zephirus: Eso ni llega al nivel de la brisa marina, y eso que es mi técnica más débil.

Shun: Por favor, os suplico que os rindáis. Si no lo hacéis, ésta corriente se convertirá en tempestad y podría matarlos - suplicó con su sensibilidad de siempre -

Zephirus: No seas tan soberbio muchacho, esa brisa sólo era una advertencia. ¡Pero esto no! ¡Ola destructora!

Una ola de destrucción en forma de viento cortante se dirigía a Shun, quien ya estaba apenado, pues ya nada podía salvarles.

Shun: ¡Tempestad Nebular!

Al final la ola golpeó a los guerreros estampándolos contra la pared. Sin embargo, por increíble que pareciera, los dioses se habían hecho uno con la tempestad, moviéndose a través de ella como si estuviera caminando por un camino sin baches.

Shun. ¿Cómo lo habéis hecho? ¡Mi ataque es imparable! - exclamó sorprendido al tiempo que se levantaba -

Zephirus. Te creo pero nosotros somos uno con el viento, podemos caminar por tu tempestad por muy terrible que fuera. - decía aún dentro de la tempestad - ¡Prueba tu propio ataque!

La tempestad nebular desencadenada por Shun se volvió en su contra destrozándolo por completo, estaba entre la espada y la pared pues zephirus ya estaba preparando un nuevo ken.

Zephirus: ¡Ola de destrucción!

A Shun no le dio tiempo de ver ni sentir nada pues se desmayó a causa de las heridas, habría muerto de no ser por la ayuda de Shiryu quien se interpuso usando una camilla de metal como escudo, que no impidió que sufriera leves daños.

Zephirus: Estúpido, sólo retrasas lo inevitable. Notus, no te entrometas. - le dijo -

Notus. Lo que tu digas. - tras aquellas palabras que pronunció lacónicamente, desapareció entre los vientos -

Zephirus ya que no tienes tu armadura, por lo menos te concederé la ventaja de una pelea de uno contra uno. ¡Tempestad marina!

Una fuerte tempestad se desató en el ambiente pero Shiryu la resistía como si nada, su cosmo-energía no hacía más que elevarse hasta llegar al 7º sentido.

El caballero se abalanzó sobre Zephirus, éste comenzó a descargar ondas de choque formadas por vientos turbios que eran destruidos por el cosmos de Shiryu.

Shiryu: De esto no podrás protegerte. ¡Siente la cólera del dragón!

El puño capaz de invertir el flujo de una cascada, destrozó el peto de la armadura ante el total desconcierto del dios cardinal, pero como si fuera un acto reflejo, escapó de ahí gracias a su habilidad con el viento.

Zephirus: ¡Maldito seas! - exclamó furioso al ver como su pecho sangraba y casi no podía respirar - No me dejas más remedio que utilizar mi más terrible técnica. ¡Ven a mí, Viento del Oeste! - entre las manos del dios se empezó a concentrar el aire del lugar -

Shiryu llevó instintivamente la mano al pecho, pues el aire parecía estar desapareciendo y sus pulmones ya pedían oxígeno.

Zephirus: Nadie puede resistir este ataque, la falta de aire te despojará de tus cinco sentidos y entonces esta será la bala que te fulmine. ¡Ciclón caótico!

De la bola de energía empezó a salir un remolino que arrasaba con todo lo que se ponía por delante e iba directo al caballero del dragón, quien estaba de rodillas privado de sus sentidos. Sin embargó, su cosmos aún no cesaba de elevarse, provocando la preocupación del dios cardinal.

Shiryu: ¡Aunque muera en el intento no dejaré que matéis a Seiya! - exclamó con decisión, levantándose - ¡Esto no podrás esquivarlo por mucho que lo intentes! ¡Cien dragones de Rozan!

El cosmos del dragón estalló de forma abrumadora rivalizando con el ciclón, la armadura de Zephirus acabó de destruirse y su piel era desgarrada por el poder de su propio ataque, intentó huir fundiéndose con el ciclón pero en aquel momento decenas de dragones surgieron de Shiryu, no había escapatoria, su cuerpo fue destrozado completamente por el ken mientras Shiryu caí desmayado.

Shiryu: ¡Agh! Seiya...


Habitación de Seiya, Hospital Central


Seiya estaba realmente exaltado, había sentido como el cosmos de Shiryu se apagaba lentamente, además de la llegada de aquellos cosmos tan terribles. Pero las chicas lo tenían agarrado pues estaba demasiado débil.

Seiya: ¡dejadme! ¡Tengo que ir a ayudarles!

Seika: estás muy débil hermano, relájate.

Saori: Seiya debes descansar, las continuas luchas te han debilitado no quiero que mueras. Por favor, no vayas. - suplicó -

Seiya: Pero... Saori.

Shun-Rei: Hazle caso a Saori, yo también estoy preocupada por Shiryu pero sé que saldrá con vida de ésta, confía en que tus amigos venzan a sus enemigos, tú aún no te has repuesto.

Toma. No te preocupes seiya, yo iré a ayudar.

El pegaso, pese a no estar totalmente convencido, decidió desistir. El hermano de Marin saltó por la ventana dispuesto a ayudar a su hermana, cuyo cosmos se había debilitado en gran medida.


Cafetería, Hospital Central


Ellie y June habían salido corriendo del lugar por orden de Hyoga. estaba claro que, por muy sorprendente que fuera, el dios cardinal había escapado de su ken congelante.

Hyoga. Ahora que se han ido los demás dime. ¿Cómo has huido de mi ataque tras ser congelado?

Euro: Ja, ja, ja. ¡Estúpido! ¿Cómo piensas que vas a congelar a uno de los discípulos de Eolo? ¡Da igual cuan frío sea tu ken! ¡Tendrías que congelar todo el aire de la zona!

Hyoga: Exageras tu poder. ¡Polvo de diamantes!

Ráfagas de hielo fueron lanzadas a la velocidad de la luz creando varias estatuas de hielo con forma de su enemigo pero éste seguía esquivando sus ataques, riéndose del caballero del cisne.

Euro: ¡Ja, ja, ja! es divertido jugar contigo pero es el momento de finalizar este combate. ¡Remolino de fuego!

Hyoga: ¡Maldito! Círculo de hielo.

El ken de fuego arrasó con todo lo que se interpuso por delante, incluido Hyoga, quien había resistido. Aunque su cuerpo estuviera calcinado, el caballero sonreía con satisfacción.

Euro: Ja, ja, ja. Da igual que te protejas, acabarás cediendo. ¿Qué? ¡AGH! ¿¡Qué es esto!?

Tras su pequeño momento de gloria, el dios cardinal se dio cuenta de la cruda realidad, un círculo de aire helado lo rodeaba y pese a su intentos de salir de él, éste no hacía más que crecer y crecer, apretándolo más y más.

Hyoga: Eso que te rodea es el círculo de hielo, una de las técnicas más básicas de los caballeros del cisne. Pero sirve perfectamente para atrapara a enemigos escurridizos como tú, el círculo te irá apretando más y más hasta que te sea imposible escapar.

Euro: ¡No seas iluso! ¡Puedo derretir este estúpido ken con mi infernal cosmos!

Hyoga: ¿Crees que voy a permitirlo? Al menos tendrás el honor de recibir la técnica de mi maestro. ¡Morirás probando el cero absoluto! - el caballero juntó sus manos en forma de cántaro -

Euro: ¡Imposible! ¡Ningún guerrero de hielo ha conseguido semejante poder! - exclamaba aterrorizado -

Hyoga: ¡La ejecución de la aurora!

Nada pudo salvar al dios cardinal del rayó congelante. El círculo que ante sus ojos parecía irrompible fue destrozado cual papel, y su cuerpo se congeló a una temperatura que ni todo el aire caliente del mundo podría elevar, el cero absoluto.

Sin más, el caballero del cisne cayó al suelo completamente agotado, su cuerpo estaba plagado de graves quemaduras que requerían atención.


Fuera del Hospital, Tokio


El ángel Toma llegó a gran velocidad sólo para ver el macabro espectáculo que le era mostrado. Los caballeros de bronce y su hermana estaban desmayando con sus armaduras de bronce resquebrajadas, sólo Jabu y Marin las mantenían más o menos intactas.
Otra cosa que llamó la atención de Toma, fue la estatua de hilo que había en el centro. Un misterioso guerrero de cabellos azul pálido, dejaba unas rosas negras a pie de una Shaina congelada.

Boreas: ¿Quién eres?

Toma: Esperaba que me reconocieras, esto aumenta mis sospechas sobre vuestro Señor. Soy Touma de Ícaro, antes era un ángel del Olimpo.

Boreas: Mmm Interesante. - murmuró - ¿Y qué eres ahora?

Toma: Me he unido con la Diosa Atenea.

Boreas. Otro traidor, bien, acabaré contigo para cumplir de una vez mi misión.

Ambos contrincantes se intercambiaron miradas de fuego intenso, cosa que difiere con el frío ambiente, el cosmos de Boreas se alzaba impresionante sobre la zona, como si estuviera retando a Toma, que no se quedaba atrás.

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Dr. Tomoe
Publicado: Dom Jul 16, 2006 10:49 pm Responder citando
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Capítulo 2


“El Padre del Viento”


18 de Septiembre del 1998
Fuera del Hospital, Tokio 13:15 PM


Para Boreas no pasaron inadvertidas las muertes de Euro y Zephirus pero no parecía furioso ni apenado, quizá era algo normal para los demás la tristeza, pero él era un guerrero, sólo le debía sumisión a su dios, los sentimientos no valían para nada, sólo de estorbo.

Miró con interés al guerrero que tenía delante, un ángel del olimpo, uno de los guerreros más fieles a su señor, y ahora lo retaba.

Esta vez debía usar el 100 % de su poder, aquello no era un juego, sabía que Touma de Ícaro no era ningún pelele.

Boreas: Bien, de modo que eres ahora un caballero de Atenea, eso quiere decir que tu destino está escrito, morirás en mis manos.

Touma: Antes de enfrentarte, explícame algo. ¿Quién es tu señor? ¿Abel o Apolo?

Boreas: Eso no es de tu incumbencia. Ten la mente en la pelea, porque lo vas a necesitar.

Sin más preguntas, ambos contrincantes encendieron sus poderosas cosmo-energías, las cuales peleaban en los cielos,. El aire se helaba, los ojos de Boreas se habían vuelto completamente blancos, muestra de que usaría todo su poder.

Tras unos pocos segundos, ambos combatientes chocaron en un sinfín de golpes a la velocidad de la luz, sin cuartel, se intercambiaban golpes y contragolpes sin descanso, hasta que volvieron a dejar distancia.

El poderoso ángel lanzó varias lanzas contra Boreas, quien contraatacó con un soplo glacial, el choque de técnicas provocó una gran explosión que levantó todo el polvo de la zona.

Touma saltó todo lo que pudo, y volvió a atacar con sus lanzas energéticas, el dios cardinal tuvo que fundirse con el viento y empezar a dar vueltas a gran velocidad, haciendo un círculo en el patio.

Al notar que era imposible dañar al veloz dios, Touma cayó con fuerza sobre el suelo, varias chispas púrpuras se concentraron en las palmas de sus manos, que fueron lanzados en forma de ráfagas contra el dios, que seguía esquivándolas.

Touma: “¡Maldición! Es demasiado rápido.” - pensó -

Boreas: Deja de intentarlo, nadie puede comparase conmigo cuando utilizo todo mi poder. - le dijo sin parar de correr en círculos -

De pronto, el dios cardinal golpeó en el estómago a Touma, estampándolo contra un árbol que había cerca. Sin esperar un segundo, empezó a patearlo, destrozando su armadura.

Touma: GRRRRRR ¡Gran Altura! - el poderoso golpe lanzó a Boreas por los aires hasta casi desaparecer -

El joven guerrero miró con decisión el cielo, la figura del dios estaba cayendo a gran velocidad y parecía que aun no se había recuperado de la sorpresa, Touma lanzó de nuevo sus armas de cosmos que atravesaron como el papel a Boreas, o eso parecía porque en una impresionante maniobra, Boreas esquivó las lanzas y se dirigió en picado dándole una fuerte patada en el estómago que lo estampó de nuevo contra el árbol, destrozándolo.

El peto de la armadura de Touma se había hecho trizas, el ángel vomitó sangre mientras veía como el dios cardinal se adentraba en el hospital, intentaba levantarse pero la fuerza de Boreas junto a la aportada por la caída le había roto los huesos.

Touma. Per... Perdóname... Her… Hermana… - fue lo único que pudo decir antes de desmayarse -


Pasillo, Hospital Central


El caballero de Andrómeda se levantó con algo de dificultad, por culpa de no tener sus cadenas no había podido hacer nada, ya que su mejor técnica sin ella no tenía efecto en aquellos seres.

Una vez de pie, miró hacia todos lados, el cuerpo de Zephirus estaba destrozado, seguramente muerto, y Shiryu no era menos.

Shun: ¿Shiryu? ¿¿Shiryu?? ¿¡SHIRYU!? ¿¡Estás bien!? - exclamó mientras lo levantaba -

Shiryu: No te preocupes… Shun… - vomitó sangre que bajó por su mejilla - Hay otro más… Debes impedir que… Mate a Seiya o a la princesa… - esas fueron sus palabras antes de caer inconsciente -

Shun se levantó con decisión, era un caballero de Atenea y como tal, era su deber enfrentar a los enemigos de la diosa. Intentó sentir la cosmo-energía de Notus pero no funcionó, de pronto, varios haces de aire rasgaron su ropa, causándole heridas leves.

Notus: Me buscabas caballero. - murmuró llamando la atención de Shun, quien miraba a todas partes pues no lo veía -

Shun: ¿Dónde estás? ¡Deja de esconderte!

Notus: Ja, ja, ja. No me escondo caballero, simplemente estoy en todas partes. ¿Acaso quieres una demostración?

Shun trató de adoptar una posición defensiva pero no funcionó, cientos de puñetazos a la velocidad de la luz golpearon cada parte de su cuerpo de forma salvaje, el caballero no podía defenderse, el asedio venía de todas partes, tras quedar casi inconsciente, Notus apareció y, con su puño, lanzó una ráfaga mortal de viento que le hizo atravesar las ventanas del pasillo y acabar estampado contra el patio del hospital, dejando un hoyo inmenso.

El dios cardinal, aterrizó con elegancia y observó el espectáculo que su hermano había generado, todos los caballeros de bronce habían sido vencidos, un tipo al que no conocía yacía moribundo junto a un árbol y una amazona de plata permanecía congelada en el centro.

Notus sonrió, sólo quedaba aquel incauto caballero, y podrían llevar a Seiya con su señor.

- ¡Resplandor de luz! - un fulminante ken atacó a Notus por la espalda, el dios cardinal no pudo detenerla y dio varias vueltas de campana por el patio -

Con cierta dificultad, Notus se levantó, su rostro estaba raspado por haber limpiado el suelo con él, pero lo más dañado era su orgullo, tras limpiarse la sangre del rostro pudo voltearse y ver a su atacante, Orestes de la Corona Boreal.

Notus. ¡¡Tú!! ¡Tú habías muerto! - exclamó con rabia mientras la sangre recorría su rostro -

Orestes: Je, si vosotros los dioses cardinales pensáis que un simple ataque puede vencer a un caballero de la Corona del Febo Abel, es que no sabéis a quien os enfrentáis.

Sin esperar un momento, el caballero se paró en seco y lanzó de nuevo su ken, pero esta vez Notus lo esquivó fundiéndose con el viento, fríamente, Orestes empezó a perseguirlo de forma paralela lanzando sus kens una y otra vez, todo el patio y el hospital estaban completamente derruidos.

Notus: ¿De verdad crees que algún día me alcanzarás? Ja, ja, ja. - se reía sin dejar de correr -

Y Orestes supo que el dios cardinal tenía razón, todos aquellos guerreros que allí yacían eran valientes pero habían cometido el error de atacar aun solo punto, debía cambiar de estrategia.

El Corona se lanzó al aire atravesando el cielo, extendió ambas manos hacia el frente, el Sol iluminaba su espalda. Orestes estaba concentrando una gran cantidad de energía en sus manos.

Notus no se preocupaba, seguía pensando que su velocidad lo libraría de cualquier golpe de modo que no paró de correr, esta vez desordenadamente sin seguir ninguna pauta.

Orestes: ¿¡Qué haces!? ¡No te librarás de ésta! ¡Ríndete!

Notus: ¡JA! ¿Eso crees? ¡Puede que Boreas sea el más poderoso pero yo soy el más rápido de los cuatro dioses cardinales! ¡Soy el ser más veloz de este mundo!

Orestes: ¡Tú lo has querido! ¡Siente el... Resplandor Solar!

Toda la energía que se había concentrado el corona, fue lanzada en forma de Flash destructor, un resplandor dorado desintegró gran parte del patio, una vez el humo se disipó, Orestes no salió de su asombro, los caballeros se habían salvado porque estaban al borde de la zona, y la amazona por la solidez de su encierro, pero sabía que aquel dios debía haber muerto.
Pero no era así, Notus seguía enfrente. Su armadura estaba algo agrietada pero él estaba intacto, con su mano algo chamuscada, que lo estaba apuntando a él, que acababa de aterrizar.

Orestes. ¿Cómo? ¿Cómo es posible? - preguntó sin salir de su asombro -

Notus: ¿Sorprendido? No es para tanto. Nosotros, los dioses cardinales,, no solo usamos el viento par ser más rápidos, sino que también nos protege. - respondió dejando a Orestes en shock - Ahora es el momento de que conozcas mi poder. - extendió ambas manos hacia el frente como hizo antes Orestes y empezó a girarlas - Prueba esto... ¡Tornado gigante! - la velocidad con la que giraban sus brazos aumentó hasta tal punto que generó un tornado -

El poderoso ken de viento de Notus golpeó con fuerza al corona y lo metió dentro del tornado que giraba con fuerza salvaje ante la mirada satisfecha de Notus, que no se dio cuenta de que los caballeros Jabu y Marin se estaban levantando, así como Touma, y ya estaban bastante recuperados.

Marin: ¡Patada de Águila!

Jabu: ¡Galope del Unicornio!

Touma: ¡Relámpago divino!

Mientras Marin y Jabu golpeaban al desprevenido dios, Touma le lanzó una fuerte descarga eléctrica que acabó de empujarlo varios metros hacia atrás.

Pero el tornado no se había amansado y Notus se levantó más furioso que dolorido, sin pensarlo se fundió de nuevo con el viento y a una velocidad inimaginable se lanzó a golpear a Jabu y a Marin, Touma procuraba ver al guerrero pero no podía, su velocidad era mayor que la de Boreas.

Shaina: ¡Garra del trueno!

El ataque cogió desprevenidos tanto a amigos como enemigos, sólo Orestes desde su sufrimiento en el tornado sonrió, el calor de su ken había derretido la capa de hielo que la mantenía como estatua.

De nuevo, Notus cayó al suelo, todo parecía malo para él, los cuatro guerreros estaban preparados y sus cosmos en conjunto podían destrozarlo con facilidad, y para colmo de males, el tornado había perdido fuerza, y Orestes pudo escapar.

El dios cardinal no estaba dispuesto a admitir su derrota, concentrando todo su cosmos, todo el aire del lugar comenzó a volverse una tempestad, su cosmos dorado se agrandaba y se lanzó contra ellos. Había que admitir que era hábil, pero se enfrentaba a demasiados guerreros como para ganar.

Orestes: ¡Resplandor de luz!

Marin: ¡Meteoros!

Jabu: ¡Cuerno eléctrico!

Touma: ¡Relámpago divino!

Shaina: ¡Garra del trueno!

Notus: Basta de tonterías... - dijo sonriendo - ¡Polen paralizador¡ - de sus manos salió un polvo amarillento que alcanzó a sus contrincantes pero no lo libró del fuerte impacto -

La explosión terminó de destruir todo el patio, el exterior del hospital parecía en ruinas, Notus dejó un surco en el suelo, no había tenido tiempo de defenderse, por suerte su armadura resistió el ataque.

Los guerreros estaban realmente sorprendidos, pero no por la resistencia del dios cardinal, sino por otra cosa, no podían moverse.

Notus: ¿Os gustan los efectos de mi técnica? Ja, ja, ja. Como veis, el polen con el que os he atacado me impidió defenderme de vuestro ataque, pero os ha dejado paralizados, poco a poco perderéis cada uno de sus sentidos. Este combate ha acabado.

Todos estaban realmente furiosos por la impotencia, no podían siquiera hablar, todos los músculos de su cuerpo estaban paralizados, nada podían hacer, Notus tenía razón, el combate había terminado.

Notus: Pero no puedo dejarles vivos, ni a mi maestro ni a mi señor les gustaría que unos traidores como vosotros sobrevivieran. - extendió ambas manos al frente - Tornado... ¿Qué?

Una cadena de bronce sujetó con fuerza su brazo, del agujero que había en el centro surgió un majestuoso Shun, enfundado con la armadura de Andrómeda, su cosmos se extendía hasta el infinito.

Notus: ¿Cómo? ¡Tú moriste! - exclamó sorprendido -

Shun: “Mi armadura, mi hermano fue a llevarlas a la isla del volcán para fortalecer nuestras armaduras. Sí ahora ha venido a mí, quiere decir que mi hermano ya ha llegado. Ahora puedo enfrentar a mi enemigo” - reflexionó - Ahora yo te retó cobarde, a un singular combate, solos tú y yo.

Notus: Ja, he vencido a cinco guerreros de un solo ataque. ¿Crees acaso que tú eres diferente?

Shun: Veamos si esto te convence. ¡Onda del trueno! - la fuerte descarga destrozó al dios, quien no tuvo más remedio que escapar -

Los guerreros estaban realmente furiosos, no podían avisar a Shun de que tuviera cuidado con el polen de aquel cobarde, sólo podían hacer de espectadores.

Notus: ¡Bah! No perderé el tiempo... ¡Polen paralizador!

El ataque iba directo contra Shun, pero éste lo esquivó con facilidad, sin saber de la que se había salvado. Sin embargo, el dios cardinal seguía expulsando aquel polen en una pequeña tormenta de aquel polvo hasta dejar a Shun paralizado como los demás.

Pero Shun no estaba para nada preocupado, y eso le extrañó al dios cardinal, quien empezó a golpear a Shun.

Entonces, la cadena atravesó de forma rápida el cuerpo de Notus, una descarga tan terrible como ninguna no le dejaba moverse, mientras tanto, la cadena punzante atravesaba a Notus por todas parte del cuerpo.

Notus: ¡Maldición!

El dios no tuvo más remedio que hacerse uno con el viento para huir de aquel asedio, trataba de atacar pero no había tiempo de siquiera defenderse pues la cadena punzante no hacía más que perseguirle.

El caballero de Andrómeda no sonreía ante aquella “victoria” era bien sabido que detestaba la violencia y mucho más matar, pero debía vencer a aquel dios, por el bien de todos.

Tras varios minutos de ser perseguido, Notus paró en seco, la cadena se dirigía a él de forma amenazante, sin esperar un segundo más lanzó de nuevo se poderoso ken.

Notus: ¡Tornado gigante!

El ataque era más violento que nunca, pero no le afectó para nada a la cadena. Sin embargo, ese no era el objetivo del guerrero, Shin se vio envuelto de repente en aquel furioso ken de viento y no podía huir, pese a que los efectos del polen empezaban a debilitarse.

Shun: ¡AGHHHHHHHHH! - gritó -

Los fuertes vientos cortantes que giraban a su alrededor desagarraban parte de su piel produciendo pequeñas heridas, extrañamente el ataque, pese a ser devastador, parecía estar perdiendo fuerza.

De pronto, el tornado desapareció y Shun cayó al suelo, inmediatamente se levantó y se dio cuenta de que el polen ya no tenía efecto sobre él, aunque sus compañeros seguían paralizados.

Notus: “Imposible. ¿Cómo puede ser que se haya librado de mi polen? Sólo alguien que haya alcanzado la Octava Conciencia podría. Da igual, esperaba que alguna vez me toparía con alguien así... Je, je, je. Ese gusano va a comprobar cual es mi verdadero poder” - pensaba-

Shun volvió a elevar su cosmo-energía preparado para continuar la batalla pero Notus parecía tranquilo, sonriente. El caballero estaba desconcertado.

Shun: ¿Qué te hace sonreír? Dime.- preguntó -

Notus. Vosotros los humanos, siempre os habéis creído dioses.

Shun. ¿Qué?

Notus: Desde los tiempos mitológicos, el hombre siempre ha deseado volar hasta los cielos, fruto de su soberbia.

Shun: ¿Por qué me dices eso ahora?

Notus: Simplemente mira a tu alrededor, los intentos del hombre por llegar a ser dioses, están destrozando este bello mundo, incluido el aire. La basura que rodea toda la Tierra, que proviene de la actitud del hombre, ¿Por qué quiere vuestra diosa, que es la defensora de éste planeta, proteger a tan soberbia especie? Merecen desaparecer de la existencia para que los dioses puedan ocupar su lugar.

Shun: Estás equivocado. - dijo sin dudar - Puede que los seres humanos hayamos cometido muchas faltas contra la Naturaleza, pero muchos tratamos de rectificar ese error No queremos ser más que los dioses, simplemente evolucionamos con el paso del tiempo como cualquier otra especie. Los dioses son soberbios pues creen tener derecho sobre todo lo que existe, y que pueden pasar por encima de todo lo demás.

Notus parecía empezar a dudar “¿Era cierto lo que aquel humano decía?” “¿Acaso no eran ellos los que sobrepasaban el límite?” aquellas preguntas atormentaban su mente pero el dios negaba con fuerza, debía disipar aquellas dudas, le debía lealtad a los dioses y no tenía por que hacerse aquellas preguntas.

Notus: ¡Deja de decir estupideces! ¡Soy un dios cardinal al servicio del Gran Febo y como tal debo obedecer órdenes! ¡Ahora sabrás de lo que soy capaz caballero!

Shun: No, basta, no es necesario que luchemos. ¡Escucha!

Pero nada podía hacer reaccionar a aquel furioso dios, todo el aire que le rodeaba se había puesto tenso, transformándose en ondas que cortaba su piel.

Notus: ¡Ni el 8º sentido podrá salvarte de esto! ¡Prueba el rocío de la perdición!

Un polen de color rojizo se abalanzó sobre Shun, sus sentidos se desvanecían a gran velocidad, no podía moverse y su propia alma parecía perderse en la oscuridad.

Notus: ¡La suciedad que el hombre a dejado será tu perdición caballero! ¡Éste es mi mejor técnica! ¡Tormenta de arena!

Shun. ¡No puedes generar una tormenta de arena en plena ciudad!

Notus: ¡O sí! ¡Claro que puedo! ¡La suciedad urbana servirá como arena!

Y tal como dijo, todo el polvo de la ciudad se juntó en una terrible tormenta que cegó a todos, los caballeros sufrieron las consecuencias pero Notus no, éste se había unido a la tormenta que atacó con violencia a Shun, cientos de golpes lo apaleaban y el santo no podía moverse.
Las cosas parecían ir sobre ruedas para Notus, hasta que la cadena esférica paró de inmediato los embastes del dios cardinal, y la punzante lo empujaba contra el suelo de un solo golpe, provocando ligeras descargas en su cuerpo.

Notus: ¿Cómo? - se preguntó a sí mismo, antes de descubrir lo que pasaba -

Shun: Veo que te has enterado, tu polen no puede paralizar mis cadenas, y ahora que estás débil podemos recuperarnos, no quiero acabar contigo, no es necesario, huye y déjanos tranquilos.

El dios se sorprendió, no era el momento de ser orgulloso, la cadena había cerrado las heridas y aquel guerrero al que su dios consideraba un traidor al Olimpo, lo había dejado vivo, quizá Apolo no tenía la razón, el dios dio la vuelta dispuesto a marcharse.

Notus: Agradezco tu bondad, espero que mi señor lo comprenda.

Shun asintió, le alegraba el ver que no había necesidad de matarle, pese a su actitud, era un ser vivo y no lo merecía.

El dios cardinal, pese a todo, estaba confuso, “¿acaso estaba haciendo lo correcto?”. “¿O era cobardía?” Esa clase de pensamientos comenzaron a torturar su mente.


Pasillo, Hospital Central


Boreas atravesó la cafetería de forma rápida, el caballero Hyoga no podía levantarse y la amazona de bronce no estaba a su altura, una vez frente a la habitación de Seiya, encendió su cosmos tras sentir el de otro, un caballero, y veía que el dragón no estaba en posición de ser un incordio. Sólo quedaba alguien...

- ¡Por las llamas del Fénix! - gritó una voz, antes de que el flameante ken derribara de inmediato al dios -

Con gran esfuerzo pudo mantener el equilibrio, sólo para poder ver a su atacante, un caballero de Atenea enfundado con una armadura de bronce que brillaba como el oro.

Boreas. ¿Quién diablos eres? - preguntó con rabia, cansado de las constantes luchas que había sostenido -

- Soy Ikki, el caballero del fénix. Y no permitiré que ataques a Seiya en éstas condiciones.

Boreas. Muchos me han dicho eso y han acabado derrotados.

Ikki: Donde mis compañeros fallaron, yo triunfaré. ¡Por las Alas del Fénix!

Una onda de viento fue lanzada contra Boreas , quien la esquivó apenas sólo para toparse con un fuerte puñetazo del fénix, convirtiéndose en un mortal combo que destrozaba al dios.

El helado guerrero, harto de recibir, lanzó un soplo glacial que congeló al caballero de forma superficial. A gran velocidad, Boreas golpeó a Ikki con rabia, luego lo envió directamente al patio de una patada.


Patio, Hospital Central


Notus no pasó desapercibido la llegada de Ikki, que cayó algo congelado hacia aquel lugar que parecía un verdadero mar de personas, quienes ya se habían curado del polen.

El dios del Norte cayó con fuerza por ahí pero en pie, y sin esperar un instante comenzó a golpear a Ikki, quien rápidamente se defendió de sus embaste y le propinó una fuerte patada que lo enviaría hacia el cielo.

Ikki. ¡Alas del Fénix Volador!

Boreas: ¡Ventisca Glacial! - gritó lanzando el ken desde los aires -

El choque de ambos kens de aire resonó en toda la zona, tras una dura pugna el ataque de Boreas comenzó a imponerse, la ventisca se volvía cada vez más violenta y no solo eso, sino que entre ella comenzaba a surgir granizo en un tamaño impensable, Ikki trató de esquivarlos pero pronto se dio cuenta que no podía, la ventisca lo había atrapado.

Boreas: ¡Aguantas bien! ¿Eh? ¡Recibe también la Tempestad del Norte!

Ambos kens se juntaron empujando del todo a Ikki, contra el suelo, éste dejó un gran agujero y parecía que no paraba de caer aún más al fondo.

Ikki: “Maldición, tengo que hacer algo o éste loco acabará venciéndome” - pensó mientras trataba de elevar su cosmos - ¡Fénix de Fuego!

Desde el agujero comenzó a emerger una luz brillante, el ken de fuego en forma de fénix empujaba hacia atrás el de Boreas, pero éste no pensaba rendirse.

Notus observaba todo con temor, en realidad si era un cobarde al intentar dejar la lucha, su hermano no cesaba de enfrentar al poderoso fénix y él no podía ser menos, su misión era la de enfrentar a los caballeros de Atenea, siendo así, el dios la vuelta de nuevo para encarar a Shun.

Notus: Caballero, agradezco tu buena voluntad, pero sería una cobardía por mi parte si dejara esta batalla.

Jabu: ¿Cómo? ¿Vas a enfrentarnos?

Notus: El hecho de que esté débil o que mi técnica no surta efecto sobre las cadenas de mi oponente, no me da derecho a abandonar esta batalla, debo vengar a mis hermanos caídos y cumplir mi misión, así haya de morir en el intento.

Shun: Pero... ¿No te das cuenta? ¡No es necesario que luchemos! ¿Por qué nos atacan los dioses sí sólo hemos enfrentado a aquellos que han osado usurpar la Tierra?

Notus. No es mi misión darte una respuesta caballero. ¡Basta de palabras! ¡Prepárense!

Jabu: ¡Prepárate tú! ¡Galope de Unicornio!

El caballero de bronce se lanzó de nuevo de forma impulsiva sobre el dios cardinal, quien sin más elevó su cosmos y descargó unas ráfagas de cosmo dorado sobre el caballero, destrozando su armadura y derribándolo.

Shun: ¡Alto! ¡Basta, no luches Jabu!

Shaina: ¡Cállate! ¡Este patán no merece tu compasión! ¡Nosotros nos ocupamos de ésta rata! - exclamó para después lanzarse sobre el dios - ¡Garra del Trueno!

Shun: Pero...

Marin: Shun, ayuda a tu hermano, Boreas es más poderoso que Notus.

Touma: ¡Vamos! ¡Ve!

El caballero de Andrómeda se dirigió al lugar de batalla en que su hermano había sucumbido ante Boreas, mientras que los demás encaraban a Notus.

Notus: ¡No más peleles! ¡Mi pelea es con el caballero de Andrómeda! - tenía cogida a Shaina por el cuello - ¿Es tan difícil de entender que no podéis conmigo? - sin más la lanza contra Jabu quien apenas se sostenía en pie -

Orestes: No deberías subestimar a tus adversarios. ¡Resplandor de luz!

Touma: ¡Relámpago divino!

Marin: ¡Meteoros del Águila!

El choque de kens es contenido por un campo de aire que rodeaba a Notus, quien juntó sus manos para luego separarlas lentamente, formando una esfera amarilla.

Notus: ¡A ver como soportáis esto! ¡Tormenta de Arena, ven a mí! - los pocos rastros de la tormenta que no hacían mella en los caballeros comenzó a concentrarse junto con el aire que allí se encontraba, los caballeros habían empezado a perder oxígeno - ¡Onda expansiva!

La bola dorada explotó dejando un fuerte surco de energía que se dirigía a gran velocidad contra ellos, quienes para evitarlo saltaron, pero Notus ya preparaba una onda de choque para lanzárselas.

Notus. ¡Fuerza del Este!

Orestes. ¡Resplandor Solar!

Touma. ¡Lanzas de libertad!

Marin. ¡Cometa del Águila! - tras el puño de la amazona, surge un cometa de energía azul que se une a los demás kens -

La terrible combinación de cosmos provoca una explosión al chocar con la técnica de Notus pero las lanzas se salvan y acaban atravesando el cuerpo del dios.

Notus suelta un alarido de dolor mientras Orestes y Touma, nada más caen al suelo, lanzan de nuevo sus kens antes de que se recupere, Marin duda pero al final los apoya.

Marin: ¡Meteoros del Águila!

Touma: ¡Relámpago divino!

Orestes: ¡Resplandor de luz!

Notus no gritó, sabía que estaba con un pie en la ultratumba pero no se arrepentía de sus actos, había luchado por lo que creía y estaba orgulloso de haber muerto con honor, el dios cardinal recibió el impacto con total tranquilidad.

Mientras todo eso se sucedía, Boreas se acercaba a Ikki tras volver al suelo, su cosmos brillaba con intensidad, al llegar vio que su rival estaba malherido.

Boreas: Luchaste bien guerrero, pero éste es tu fin.

El dios levantó su puño, en el que se estaba concentrando un cosmos azul, pero cuando iba a soltarlo una cadena lo sujetó, antes de que se diese cuenta el caballero Andrómeda se impulsó contra él gracias a la cadena y le propinó una patada que le empujó varios metros lejos.

Ikki saltó de inmediato y encaró a Shun, pese a estar herido por el ataque y algo congelado, aún su orgullo imponía el mandato de su mente.

Ikki: Shun no debiste entrometerte. - le dijo con frialdad -

Shun: Pero... hermano.

Ikki: Boreas aún no ha muerto. - mencionó estando de espaladas a su hermano - Vete a atender a los heridos y que nadie interfiera. ¡Ahora!

Shun asintió, no era bueno enfrentar a su hermano, sabía que era demasiado orgulloso como para recibir ayuda, al mirar a sus compañeros supo que Notus fue vencido, y también que las chicas habían venido aquí después que el hospital estaba tan destrozado.

Seiya estaba mejor y vestido con su armadura, junto a su hermana. Ellie sujetaba a Hyoga que tenía algunas quemaduras leves y Shun-Rei trataba de reanimar a Shiryu que era el que más grave estaba pero también de pie, con su reluciente armadura.

Todos acogieron a Shun algo sonrientes pero sabiendo que la batalla continuaría, June abrazó de inmediato al caballero quien sólo quedó sorprendido. La mirada de todos estaba encima de Ikki quien observaba a Boreas.

Boreas. Has cometido un error caballero, tú solo no puedes enfrentarme, si no fuera por Andrómeda ya estarías muerto. Pero admiro tu orgullo de guerrero, y por ello tendrás una muerte honorable.

Ikki: Agradezco a mi hermano que me haya dado otra oportunidad para enfrentarme contra ti en un combate singular, solos tú y yo sin que nadie intervenga, y sin cometer los mismos errores. ¿Estás preparado para morir? - preguntó, adoptando una posición ofensiva -

Boreas: Eso mismo te pregunto fénix. - contestó imitando a Ikki -

Tras unos segundos que parecieron una eternidad, ambos guerreros chocaron en un sinfín de golpes y contragolpes en los que cada uno se defendía del ataque del otro, corriendo de forma paralela alrededor del campo.

Boreas cargó de nuevo el puño con su cosmos, y lanzó un ken de color azul claro que el fénix esquivó pero acabó congelando el hospital por completo ante la sorpresa de todos.

Boreas: Como ves esa técnica es de hielo, puede que no sea la más efectiva pero si es poderosa y rápida. Se llama puño gélido y si te toca te quedarás congelado para siempre. - contó fríamente -

Ikki: No creas que tus palabras me han asustado. Ahora probarás todo mi poder. - su cosmos se eleva hasta llegar al 8º Sentido - ¡Fénix incandescente!

El ataque era realmente devastador, Boreas trató de contenerlo pero no pudo, el fugo resquebrajó su armadura y lo empujó hacia atrás, sin cuartel Ikki se lanzó contra él con el puño en alto pero el dios ya le tenía preparada una sorpresa.

Boreas. ¡Puño gélido! - el ataque congeló el brazo izquierdo al fénix, quien no cesó en su ataque que le rompió el brazo derecho -

Ikki: Ahora estamos iguales. ¡Por las Llamas del Fénix Volador!

El ken quemó a Boreas que no pudo esquivarlo y cayó agotado. Ikki no se confiaba y preparaba su técnica por si acaso.

El orgulloso dios, pese a estar casi muerto, no quiso rendirse y se levantó de nuevo, su cosmos azul lo rodeó por completo, y se lanzó en un golpe kamikaze contra Ikki.

Boreas: ¡Bólido suicida!

Ikki: “¿Qué hace?” - pensó - ¡Fénix incandescente -

El choque de kens fue mortal, la explosión destrozó lo que quedaba del patio, los demás guerreros, pese a que se protegieron no pudieron resistirlo, algunos usaron sus cuerpos de escudo para defender a las chicas.

Al final, la armadura del fénix estaba totalmente destruida, Ikki tenía varias heridas leves por todo el cuerpo, y sangraba tanto por la boca como por la nariz. Sin embargo, Boreas estaba peor, herido de gravedad, la sangre que venía de su cabeza bañaba su rostro, su cosmos se apagaba con rapidez, el dios había muerto.

Todos fueron corriendo a ver como se encontraba Ikki, sonrientes después de que la batalla había terminado, a paso lento la diosa Atenea salía del hospital pues había permanecido en su interior para protegerlo y ayudar a los heridos con su cosmos.

Touma: Vaya, de modo que la batalla acabó.

Orestes: Te equivocas Íkaro, sólo acaba de empezar.

Seiya: ¿Cómo? Acabamos de vencerlos. ¿No eran cuatro?

Orestes: No, aún queda el más poderosos, su maestro, el Padre de los Vientos, Eolo.

Ikki: ¿Qué? ¿Más poderoso que Boreas? ¡Agh! - exclamó mientras caía de rodillas, sosteniendo una herida grave que tenía en el estómago a causa del ataque final de Boreas -

Shun: ¡Herman! ¿Te encuentras bien? - preguntó preocupado antes de sostenerlo pues el caballero se desvanecía -

Shiryu: Oh... No... Agh… - vomitó sangre pero aún así no cesó en su intento de levantarse -

Shun-Rei: ¡Shiryu! Aún estás débil, descana. - le rogó -

Shiryu: No... no puedo... Boreas dañó uno de los puntos vitales de Ikki... tengo que cerrar la herida.

Y así lo hizo, la diosa Atenea se encontraba junto a sus guerreros, curando sus heridas con su cálido cosmos, les dedicaba una sonrisa llena de paz y serenidad, después de que curara a Shiryu, éste cerró la herida de Ikki y paró de sangrar, luego se dirigió a donde estaba la cuadrilla de Jabu, pero una terrible tormenta se lo impidió.

Seiya: ¿Qué pasa?

Marin: Siento una cosmo-energía maligna y muy poderosa.

Orestes: Sólo puede tratarse de Eolo. ¡Hay que proteger a Atenea!

- Ja, ja, ja. No crean que soy tan fácil de vencer humanos endebles.

Shaina, Marin y Jabu se lanzaron de inmediato contra la figura que recién aparecía, vestida con una armadura divina y un resplandeciente sable, el dios Eolo rechazó a los tres guerreros con una fuerte onda expansiva provocada por su arma que los estampó contra el hospital.

Atenea trataba de contener la tormenta pero no podía, el dios del viento se acercaba con furia a la diosa y nada parecía poder detenerlo.

Seiya. ¡No la tocarás! ¡Meteoros de Pegaso!

Shiryu: ¡Cien Dragones de Rozan!

Hyoga: ¡Trueno del Alba!

Ikki: ¡Fénix Incandescente!

Shun: ¡Cadena Nebular!

El dios simplemente rechazó todos los kens con una onda de choque, a la velocidad de la luz golpeó con fuerza a Shun en el estómago y lo derribó, de una doble patada giratoria destrozó a Hyoga y a Shiryu, para que luego lanzara una onda expansiva que cortó al fénix, abriendo las heridas.

Para Seiya aquello resultó una mala sorpresa, había vencido a ocho caballeros en apenas unos segundos, pero no debía ir un pasó atrás, encaró a Eolo como siempre mientras Atenea trataba de proteger el hospital de la tormenta.

El pegaso alcanzó el 7º Sentido y se lanzó a golpear al dios quien esquivaba todos sus golpes con facilidad, Seiya no podía creerlo, su poder era enorme y, a diferencia de sus discípulos, él si había obtenido el 8º Sentido por lo que era aún más letal.

Eolo: Si eso es todo lo que sabes hacer, me sorprende que mis hijos hayan caído frente a seres tan débiles.

Una onda de choque golpeó a Seiya, quien hizo un surco por todo el patio hasta quedar estampado contra el árbol, Eolo elevó sus brazo derecho con la palma abierta a los cielos, recibiendo cuatro esferas de colores rojo, amarillo, blanco y azul que se metieron en su mano.

Seiya: “¿Qué habrá hecho?” - se preguntó mientras se levantaba - ¡da igual cuantas veces caiga, porque es mi deber vencerte u proteger a Atenea! ¡Meteoros de Pegaso!

Eolo: Je. ¡No deberías haber osado levantar tu mano contra los dioses humano! - exclamó viendo como los meteoros se le acercaban, y dirigiendo su mano adelante - Furia de los Cuatro Vientos.

Cuatro ráfagas de viento fueron lanzadas para luego unirse en una especie de rayo láser que destruyó los meteoros y golpeó de lleno a Seiya, sin dejarle tiempo a respirar, el dios le golpeó con un puño ascendente que lo envió hacia los cielos, desde ahí le lanzó varios soplos glaciales para finalizar con una fuerte llamarada.

Una vez cayó al suelo el pegaso estaba totalmente molido, pero a Eolo eso no parecía bastarle, quería vengarse de los caballeros por el acto que habían cometido, Hyoga trató de golpearle junto a Ikki pero el dios simplemente hizo un gesto y el propio viento los empujó de nuevo contra la pare.

Atenea: “Oh no, mis caballeros. Si siguen así morirán. He de hacer algo.” - pensó - ¡Basta Eolo! ¡Iré contigo pero deja a mis caballeros en paz! - rogó pero la sonrisa de Eolo le confirmó que no estaba dispuesto a aceptar el trato -

Seiya. No Saori, no vamos a rendirnos porque sabemos que luchamos por lo que es correcto. ¡No lo haremos!

Pese a que el ímpetu de Seiya era grande, nada pudo hacer cuando Eolo le propinó un fuerte pisotón que enterró su rostro en el suelo, sorpresivamente, el dios saltó a gran altura, pero aquel acto fue explicado cuando acabó cayendo con el codo delante, que destrozó la espalada a Seiya, luego lo levantó por los pelos y golpeó su estómago con ondas de choque sin soltarle para terminar lanzándole contra el suelo y seguir pateándole.

Eolo: Se acabó, voy a terminar con tu inocua vida humano.

Touma: Creo que te olvidas de nosotros. - dijo en posición ofensiva -

Orestes. Y te aseguro que no somos tan débiles como los demás. - añadió, ofendiendo a algunos de los que estaban ahí como Jabu -

Eolo: ¡No tengo tiempo para ustedes! ¡Choque de Tornados!

Decenas de pequeños tornados golpearon a ambos guerreros quienes salieron con relativa facilidad del asedio para atacar al dios, pero éste sólo se dignó a lanzar de nuevo su ken varias veces, que los golpeaba con violencia.

Orestes: ¡Ahora me toca a mí! - gritó mientras saltaba - ¡Resplandor Solar!

Touma: ¡Lanzas de Libertad!

Ninguno de aquellos kens sorprendió al dios, un impacto invisible desintegró las lanzas y el resplandor no le hizo nada, la sorpresa de los guerreros no podía ser mayor pero no les dio tiempo a pensar pues rápidamente Eolo se elevó por los aires.

Nadie, por muy poderoso que fuera había podido hacer lo que ahora hacía el dios, mantenerse en el aire, era una técnica que nadie se había molestado en aprender pero que no dejaba de significar una cosa; Ventaja. Touma y Orestes cayeron pesadamente al suelo mientras que Eolo los miraba sonrientes, podía ver como los demás se levantaban pero con gran dificultad, era el momento de eliminarlos a todos de un plumazo.

Eolo: ¡Ojo del Huracán!

En aquel momento Eolo era realmente el “ojo” de su terrible ataque, sus manos apuntaban hacia abajo generando un huracán de fuerza 6 que arrasó con todo, el hospital quedó desintegrado y los alrededores también, todos los caballeros quedaron completamente destrozados pero hacían acopio de todas sus fuerzas para mantenerse en pie, el ataque se desvaneció rápido, pues no era tan duradero como los demás pero sí devastador, Atenea cayó derramando lágrimas por las mil muertes ocurridas en aquel hospital, las chicas se juntaron con ella tratando de consolarla, al igual que las amazonas y jabu, sin embargo los caballeros encaraban al dios que no parecía tener remordimientos.

Hyoga: ¡ASESINO! ¡Pagarás por esto!

Eolo: Ja, ja, ja, ja. ¿Aún no habéis muerto? ¡Pues aún no estoy agotado!

Atenea: No te perdonaré esto Eolo, has matado a muchos inocentes y no estás arrepentido. ¡Justicia Divina! - del cetro de Niké surgió un centelleante rayo dorado que se dirigía implacable contra el dios -

Shiryu: Usaré toda la energía que me queda para enfrentarte. ¡Cien Dragones de Rozan!

Hyoga: ¡Sufre el frío de tú alma bastardo! ¡Trueno del Alba!

Shun: ¡Tempestad Nebular!

Ikki: ¡Arde en el infierno y no vuelvas! ¡Fénix Incandescente!

Seiya: ¿Cómo has podido matar a tantos niños inocentes y no tener remordimientos? ¡Cometa de Pegaso!

Touma: ¡Relámpago divino!

Orestes: ¡Resplandor de luz!

Todos los ataques se juntaron al rayo dorado de atenea mientras Seiya se propulsaba paralelamente al ataque preparado para acabar con Eolo, los demás guerreros protegían a la diosa con su cosmos porque aquello iba a ser demoledor.

Eolo: ¡No me dais miedo! ¡Ojo del Huracán!

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Dr. Tomoe
Publicado: Dom Jul 16, 2006 10:50 pm Responder citando
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Capítulo 3


“Caronte, el Señor de los Condenados”


18 de Septiembre del 1998
Fuera del Hospital, Tokio 15:15 PM


Lo que en algún momento fue una de las zonas más hermosas de la ciudad por estar tan cerca del mar, se había convertido en un campo de muerte y destrucción, los caballeros no podían levantarse pues habían recibido el ataque de lleno, pero al menos Atenea pudo proteger a las jóvenes mujeres que no podían defenderse.

En el medio de todo aquel diabólico escenario, Seiya había logrado golpear y atravesar la armadura de Eolo, habían caído sin prisa en el suelo, el dios del viento permanecía anonado, de la herida producida por el ataque de Seiya, surgía sangre a chorros, un hilo rojo escarlata bajaba de sus labios.

Pero el orgulloso dios no quiso admitir su derrota y le dio un puñetazo a Seiya en el estómago, empujándolo bastante lejos. Luego observó su herida, con un rostro aterrorizado, posó su mano sobre ella y vio como la sangre se adhería a su piel, su armadura había sido atravesaba por un simple humano.

Furioso se dirigía a Seiya, quien se levantó de inmediato, dispuesto a pelear, extendió su mano con la palma abierta hacia delante en la que concentraba los cuatro vientos, su cosmos se encendía con fuerza abrasadora, pero un aura mucho más terrible la bloqueó

- “Basta, Eolo. Has demostrado tu incompetencia, vuelve inmediatamente al Santuario” - dijo la misteriosa voz que parecía venir de todas partes -

Eolo: Pero... Febo, yo...

- “Haz lo que te digo” - ordenó cortando al dios del Viento - “Y vosotros, caballeros de Atenea, esto aún no ha acabado, yo demando el control de la Tierra y lo obtendré” -anunció, momento en que la presencia desapareció -

Eolo trastabilló, pero acabó bajando la cabeza en señal de abstención, la sangre comenzó a “introducirse” en la armadura, reparándola ante los ojos atónitos de Seiya. El dios dio media vuelta, pero el Pegaso no estaba dispuesto a dejarla marchar.

Seiya: ¡Alto! ¿Crees que te dejará marchar así como así después de lo que has hecho? - preguntó encendiendo su cosmos y haciendo los signos de su constelación -

Eolo: Je, con gusto te aplastaría como una rata Pegaso, pero no puedo desobedecer las órdenes del gran Febo Apolo, temo que tendremos que posponer nuestro combate para otra ocasión. - dijo sin voltearse -

Seiya: ¡Ni aún a un paso de la muerte dejaría que un asesino como tú saliera impune1 ¡Meteoros de pegaso!

Los cientos de golpes golpearon el suelo, pues en un parpadea, a una velocidad superior a la luz, Eolo despareció, Seiya cayó de rodillas exhausto.


Sala de Recepciones, Mansión Kido 16:15 PM


Seiya abrió los ojos con dificultad, lo primero que observó es a Shaina y Seika mirándolo con preocupación, nada más se despertó, Su hermana lo abrazó efusivamente, mientras que la amazona simplemente se alegraba tras su máscara de la recuperación del caballero.

El Pegaso se levantó inmediatamente, le preocupaban todos sus compañeros que habían recibido una gran paliza, por suerte todos estaban bien. Jabu y su cuadrilla eran los que peor estaban, con las armaduras prácticamente hechas polvo, Marin, June y Shaina estaban más o menos bien, aunque no del todo. Hyoga, Shiryu, Ikki y Shun estaban perfectamente, aunque algo cansados por el esfuerzo, pero sus armaduras estaban intactas, todos estaban al lado de Atenea, en sus típicas posturas, mirándola con preocupación.

La joven Saori Kido estaba también rodeada por Ellie, Mihó...y Tatsumi, el mayordomo de la familia Kido no paraba de maldecir, Seiya suspiró, acostumbrado a las tonterías de aquel tipo, le preocupaba más el estado de tristeza en que se encontraba Saori, se dirigía hacia ella con lentitud.

Seiya: Atenea... ¿Ocurre algo?

Tatsumi: ¡Pues claro que ocurre algo! ¿¡Qué demonios ha pasado patán!’ ¡Qué habéis hecho a la Srta. Saori! ¿Eh? - gritaba rabioso -

Saori: ¡Calla Tatsumi! - ordenó con firmeza a lo que el mayordomo calló de inmediato - Caballeros, siento mostrar flaqueza ahora que parece avecinarse una batalla, pero algo me preocupa y tiene que ver con mi actitud con el dios Eolo...

Ikki: No veo que estuvo mal, aquel fanfarrón había acabado con la vida de decenas de inocentes sin remordimientos, tu actitud Atenea, al igual que la nuestra, fue correcta.

Shun: ¿Qué te preocupa Atenea? Dínoslo, por favor.

Saori: Veréis, desde la batalla contra el dios Hades, he tenido sueños extraños, con la Atenea de otra época. - los santos soltaron una exclamación de sorpresa al escuchar las palabras de la joven - Era una mujer muy diferente a mí, con el ímpetu de la guerra clavado en sus ojos, enfundada con mi armadura, el escudo de la justicia y una majestuosa lanza, a su lado estaba Niké en su forma antigua, y tras de sí los 88 caballeros del zodíaco preparándose para una guerra.

Hyoga: ¿Qué es lo que te preocupa de esos sueños? - todos estaban callados, pero con la misma pregunta en sus cabezas -

Saori: No me gusta la violencia, mucho menos la guerra, me gustaría que ni yo ni vosotros, mis caballeros, tuvierais que luchar, un mundo lleno de paz, y ese anhelo no es sólo mío, siento que viene de todas las reencarnaciones de Atenea que han luchado en la Tierra desde tiempos mitológicos.

Shiryu: A todos nos gustaría que eso pasara Saori, pero temo que siempre habrán dioses malignos, que no se conformen con lo que tienen y quieran conquistar este hermoso planeta que es tu responsabilidad defender y por lo tanto la nuestra. - Saori suspiró, sabiendo que las palabras del Dragón eran ciertas -

Touma, que al igual que Hyoga e Ikki estaba apoyado en una de las columnas del salón vio a Orestes enfundado con su resplandeciente armadura y su capa, su mirada era seria lo que en principio preocupó a Atenea.

Seiya. ¿Y bien? ¿A qué has venido? - preguntó con osadía poniéndose en posición de combate - Aunque nos hayas ayudado en dos ocasiones no podemos confiar en un guerrero de Abel.

Orestes: Je, tan osado como me dijo el Febo Abel, sin duda eres el más impetuoso... de todos los caballeros que ha tenido Atenea.

Seiya: No has respondido. ¿A qué has venido? - todos los caballeros, incluso Shaina y Marin que recién había entrado, lo observaban en ese momento, pese a no ser tan desconfiados como Seiya, tampoco eran ciegos y sabían bien a que atenerse cuando se trataba de un dios como Abel -

Orestes: Se aproxima una guerra Atenea. - empezó sin sorprender a nadie pues ya se imaginaban algo así - La más terrible, y sangrienta de todas las guerras, el despertar de los antiguos dioses del Olimpo se aproxima, y será en ese momento cuando la Tierra sea condenada, Apolo y Artemisa sólo son un aviso lo que ocurrirá, y es por ello que mi Señor, el Febo Abel ha decidido preparar un ejército de guerreros para atacar el Olimpo... - relataba, observando los rostros sorprendidos de los caballeros -

Jabu: ¿Atacar el Olimpo? ¡Es una locura! ¡Tu dios está loco! - gritaba sin asimilar lo que estaba oyendo -

Seiya: Concuerdo con Jabu, es un locura enfrentar a los dioses directamente, hasta ahora no nos han hecho nada.

Hyoga: A mi también me parece un acto temerario enfrentar a los dioses, sé que es nuestro deber enfrentar a aquellos que intenten usurpar la Tierra, pero luchar contra los dioses en el Olimpo es algo demasiado extremista.

Shiryu: Hasta ahora nos hemos enfrentado a dioses malvados y crueles, que ya habían intentado vencer a Atenea y sus caballeros en el pasado, Hades, Poseidón y Elisa, nunca fueron conformistas, siempre ansiaron más. Pero según la mitología, muchos de los dioses que viven en el Olimpo no son tan malignos. - reflexionaba mientras Orestes reía ante cada una de sus palabras -

Orestes: Caballero. Comparando a Hades y Poseidón con Zeus, me quedo con los dos primeros. - todos los allí presentes fruncieron el ceño ante tal afirmación, incluso Ikki - No conocéis todo lo que los dioses hacen detrás de la mitología. ¿Acaso creen que el hombre lo sabe todo de Zeus? No es más que un tirano, al igual que su padre Cronos y su abuelo, Urano.

Inmediatamente Saori se levantó, cambiando su expresión triste y preocupada, a una más seria y firme, su cosmos resplandecía y automáticamente apartaba a quien se ponía en su camino, para los caballeros, aquello era bastante extraño.

Saori: No te permitiré que hables así de mi padre, él es un dios buenos que se preocupa por la Tierra y sus habitantes tanto como yo,, y fue por eso que me dejó al cargo de ella - sentenció sin vacilar -.

Orestes: Aún no sabes todo sobre Zeus, pero no es mi deber contártelo. Ese privilegio se lo dejo a mi Señor, el gran Febo Abel.

Ikki: Y dime una cosa... - empezó a decir, llamando la atención de todos pues era de los que menos había hablado en aquel momento - ¿Cómo piensas enfrentar a todo el panteón griego? Por muy poderoso que sea tu dios no creo que baste para enfrentarlos a todos.

Orestes: El gran Febo Abel busca alianzas con algunos dioses entre ellos estáis vos princesa. - contestó mirando a Saori -

Seiya: ¿Acaso tratáis de llevarnos a nosotros con vuestra locura? Con gusto enfrentaría a los dioses si fuera necesario, pero ellos no han venido aquí, por ahora nuestros únicos enemigos son Apolo y Artemisa, además Abel también odia a la humanidad.¿Por qué íbamos a unirnos a alguien que ha intentado matar a Atenea?

Orestes: Silencio Pegaso, estoy hablando con tu diosa, no contigo. - le dijo de mala manera, iniciando un pequeño duelo entre su cosmo-energía y la de Seiya -

A los caballeros les preocupaba la situación, a causa de los impulsos de Seiya, podían perder información valiosa sobre el enemigo e, incluso, ganarse más, si lo que decía el Corona era cierto, entonces, era mejor no buscar más rivales. Iban a intervenir pero Saori se les adelantó, su cosmos opaco de inmediato el de los contrincantes y encaró a Orestes.

Saori: No puedo aceptar unirme a mi hermano en tal cruzada, no deseo llevar a mis caballeros a otra guerra sin sentido, y haré todo lo que sea necesario para impedirlo.

El Corona no mostró signos de sorpresa antes las palabras de Saori, lo esperaba, de todos modos no era el momento para insistir en ello.

Orestes: Es su decisión, princesa Atenea, de todos modos, mi Señor me ha ordenado que me quede con usted para protegerla.

Seiya: ¿Qué estás diciendo? ¡No permitiré que te acerques a la princesa! - un nuevo duelo de cosmo-energías empezaba pero nadie movió un dedo para impedirlo -

Saori: Acepto la petición de mi hermano, puedes quedarte. - dijo Atenea, volteándose y saliendo del Salón - Pero ten en cuenta, que no cambiaré de opinión. - pese a que Seiya no estaba lo que se dice muy de acuerdo, no debía desobedecer las órdenes de la diosa -

Seiya: Como intentes algo malo, no dudaré en acabar contigo. - susurró -

Los caballeros de bronce siguieron a Saori de inmediato, Jabu y su cuadrilla se lamentaban de no haber aportado nada a la conversación, en aquellos momentos se sentían inservibles al ser los más débiles de entre los caballeros de la diosa. Shaina se había marchado para proteger la zona y Marin se acercó a Touma con la intención de preguntarle ciertas cosas.

Marin: Hermano. ¿Es cierto lo que ha dicho este caballero? ¿Los dioses planean atacar la Tierra?

Touma: Cuando Apolo me liberó me ordenaron simplemente acabar con los caballeros que habían levantado la mano contra los dioses, no hablaron de algo semejante. - contestó sin cambiar su posición reflexiva, apoyado a la columna -

Marin: Aún así creo que Orestes no miente, sentí que sus palabras eran ciertas y que no mentía. - aseguraba -

Touma: De todos modos, debemos estar alerta, nunca es bueno confiar en los dioses como Abel.

Marin asintió y ambos hermanos se dispusieron a ayudar en la protección de la mansión Kido junto a Jabu y su cuadrilla, la pelirroja se fijó en que June se había dirigido al jardín, donde estaban los demás caballeros de la diosa, Seika y Ellie habían sido acompañadas por Tatsumi a los dormitorio principales, cosa bastante extraña y sorprendente pero que ocurrió, Mihó, sin embargo, se fue con la mirada triste, Seiya había estado tan preocupado por Saori y sus compañeros que ni siquiera se dignó a hablarle y decidió ir pues en aquel lugar nada tenía que hacer, Shaina también sintió aquella falta de interés, pero su mejor forma de apaciguar el dolor era la lucha.


Gran Salón, Santuario del Sol y la Luna


El Santuario que durante más de 3000 años había resistido los embastes de toda clase de seres malignos y temidos dioses, había sucumbido ante el temible poder del Dios Sol, ahora las cosas habían cambiado radicalmente en el aspecto de aquel lugar sagrado.

El interior del Gran Salón estaba ahora dividido por una alfombra roja escarlata con bordes de oro macizo, el suelo plateado reflejaba la luz dorada que emitía el dios, sentado en su trono de oro pulido con respaldo en forma de lira, el lado izquierdo de la sala estaba ocupado por estatuas y demás objetos dedicados a Apolo, y la parte derecha estaba ocupada por los ornamentos ofrecidos a Artemisa, quien se encontraba a su lado en un trono más pequeño pero no menos impresionante.

Además de los gemelos, señores del Santuario y de la Tierra próximamente, habían otros dioses acompañándoles, dos de ellos eran ancianos: uno tenía la piel azulada, las orejas puntiagudas y era muy alto, armado con un báculo de coral que acababa en una gran aguamarina; el otro era más bajo, su barba estaba más poblada, además de su túnica tenía una capucha que cubría su calva, lo que más resaltaba de él era su nariz puntiaguda como la de la concepción de las brujas. Éste último estaba respaldado por un fornido dios de color enfundado en una armadura divina plateada bastante gruesa que lo cubría por completo, y por una mujer que también vestía una Kamei de plata pero más liviana, su pelo era rojo como la furia que era reflejada en sus ojos escarlata.

El último de los dioses que allí se encontraban era uno tan alto y poderoso como el mismo Apolo, vestía una túnica parecida a la del Dios Sol solo que el cuello era de un extraño “oro azul marino” con joyas incrustadas, su rostro no era ni muy anciano ni muy joven, su expresión era seria y misteriosa, sus cabellos eran de color azul pálido largo hasta el cuello y peinado hacia atrás.

Aparte de los dioses se podían notar sietes presencias de guerreros en las sombras que respaldaban al del pelo azul pálido.

El portón dorado de la entrada al Gran Salón se abrió con fuerza por un golpe de viento, un tornado formó de inmediato a un sudoroso Eolo, los dioses lo miraban desconcertados menos Apolo y el del pelo azul.

Eolo. Febo Apolo, he venido a traerle mi informe. - anunció hincando la rodilla en el suelo -

Artemisa: ¿Cómo osas venir en ese estado y hablarle así a mi hermano, Eolo? - preguntó con furia -

Eolo: Lo lamento, su alteza.

- No es propio del gran y recto Eolo comportarse así frente al Febo. - murmuró el anciano -

- Y mucho menos dejarse vencer por unos humanos. Je, je ,je. - reía el anciano de piel azulada -

Apolo: Palas, Proteo, callad. - ordenó al fin Apolo, haciendo que los ancianos dioses obedecieran de inmediato - No es necesario que nos expliques tu deshonrosa derrota.

Eolo: Pero, Señor...

Artemisa: ¡Calla! Escucha lo que te dice mi hermano. - ordenó -

Apolo: En todo caso, no puedo confiarte de nuevo la derrota de esos humanos. De ahora en adelante, esa misión será de mi más poderoso guerrero.

Los ojos de Eolo se abrieron como platos al contemplar la figura que salió tras Apolo, envuelto por un aura intensa de color anaranjado, estaba un caballero de armadura de oro escarlata con detalles más cristalinos, la armadura no era demasiado ostentosa, pero sería una kamei de no ser por la falta de alas, el tipo era alto, sus garras de color rojo escarlata eran lo suficientemente largas como para parecer cuchillas, su rostro era lo que menos concordaba con su aspecto, era un rostro tranquilo, con una sonrisa ligeramente soberbia con algo de ironía, su rostro era fino más no afeminado y parecía muy humano, incluso sus ojos llenos de ese brillo homicida que solían reflejar los asesinos, y su pelo plateado más o menos largo que le cubría el ojo derecho y que por detrás llegaba a la nuca.

Eolo: Se... Señor... Ese tipo es... - tartamudeaba temblando observando la tranquilidad de sus compañeros, demostrando que ya estaban enterados de que aquel ser estaba ahí -

Apolo: Un guerrero astral. - completó -

- ¿No me digas que mi sola presencia ha logrado aterrorizar a Eolo, dios del viento? - preguntó con ironía el guerrero astral, que ya no se encontraba junto a Apolo sino detrás de Eolo -

Al dios del viento no le agradaba la idea de que un guerrero astral estuviera ahí, pero lo que menos le gustaba era que todos parecían estar ,muy tranquilos, sabiendo que ningún dios menor puede compararse a uno de aquellos guerreros.

Eolo: Febo... Vuestro padre, el gran Zeus ordenó el encierro de los guerreros astrales. ¿Por qué está ahora entre nosotros?

Apolo: Pronto la profecía se cumplirá y los humanos se levantarán en nuestra contra, y si seguimos dejando que evolucionen podrían causarnos problemas. Por eso es que decidí liberar a los guerreros astrales para que se ocupen del problema.

Para Eolo, que era un dios realmente antiguo y sujeto a las normas más arcanas impuestas por Zeus, lo que le decía Apolo era realmente inquietante, ni siquiera en la situación más extrema Zeus habría permitido que se abriera una de las prisiones del Tártaro, y por eso no estaba tranquilo. Sin embargo, los otros dioses estaban fríos como el hielo, como si no les importara lo que pasaba.

- ¿Ocurre algo Eolo? - preguntó el guerrero - ¿No te ha convencido la explicación de Febo Apolo? - mientras hablaba, apretaba con sus garras la hombrera izquierda del dios, destrozándola cual papel -

Eolo: No es mi intención contradecir.... Pero...

Apolo: Nada Eolo, Caronte se ocupará de los humanos. - le cortó - Caronte, haz lo posible para atraer a los santos de Atenea hasta este lugar, y ahí los destruiremos como moscas. - ordenó -

Caronte: Así lo haré Febo. - dijo soltando la hombrera de Eolo, quien cayó de rodillas exhausto, como si le hubiera destrozado el espíritu - Aunque es posible que los caballeros mueran antes de que pueda atraerles, je, je, je. - y luego, en un parpadeo, a una velocidad muy superior a la luz, el guerrero se volteó y salió corriendo en dirección a la mansión Kido-

Apolo sonrió, sabedor del temible poder de Caronte, y Artemisa no estaba menos confiada. Eolo prácticamente no podía levantarse y no pudo contemplar las miradas ligeramente preocupadas de Palas y Proteo, quienes se marcharon acompañados de sus guardianes, el dios de pelo azul pálido era el que no mostraba emoción alguna, él murmuró algo que hizo que tres de las sombras que los respaldaban siguieran a Caronte.


Mansión Kido, Tokio 17:15 PM


El hermoso cielo que hasta ahora había cubierto Tokio en aquella tarde de invierno se oscurecía, lenta pero inexorablemente por unas nubes no muy naturales, una lluvia torrencial respaldada por truenos como trompetas azotaba la capital de Japón. Desde el jardín Jabu y su cuadrilla lo observaran preocupados, ¿Sería aquello obra de Eolo?

La verdad es que los santos de bronce no estaban lo suficientemente preparados para otro enfrentamiento, y menos contra Eolo, pero Jabu estaba dispuesto a enfrentar a cualquier enemigo con tal de no perturbar la meditación de a princesa Saori, sabía que había reconstruido el planetario que fue quemado por el caballero de fuego tiempo atrás, y trataba de comunicarse con su sabio abuelo, mientras los demás caballeros de bronce la protegían desde dentro de la mansión, ellos tenían el deber de proteger la zona oeste del jardín.

De aquella oscura capa de tinieblas cayó un relámpago de color púrpura que arrasó con parte del jardín, quemándolo, los caballeros de bronce tuvieron que cubrirse para no ser arrastrados por el polvo levantado, poco a poco, el humo de la explosión se fue disipando, dando paso a un ser vestido con una capa oscura que lo cubría por completo, los santos estaban preocupados por su cosmos que, pese a ser terriblemente poderoso, no parecía maligno, pero no debían confiarse.

Jabu: ¿Quién eres tú? ¡Esto es una propiedad privada!- exclamó, a lo que el tipo reía en silencio -

- Necio, no creía que fuera así como la princesa Atenea respondía a los invitados de mi nivel, dejando a ratas de alcantarilla para darme la bienvenida. - dijo con sarcasmo, más extrañamente, sin desprecio en sus palabras -

Ban: ¿Pero qué se cree ese loco? - preguntaba sin esperar respuesta - Yo te enseñaré lo que puede hacer una rata. ¡Golpe de la bestia!

A gran velocidad, Ban arremetió contra la figura, iba tan confiado que algunos santos ya saboreaban la victoria, más no Jabu, quien había percatado de que algo extraño pasaba, y no se equivocaba, el puño del leoncillo fue atrapado sin esfuerzo por la mano del misterioso sujeto, el santo estaba pálido, había puesto toda su fuerza en aquel puño y sin embargo aquel tipo lo había soportado en una sola mano, rápidamente el encapuchado golpeó con la palma de su mano libre el estómago de Ban, empujándolo a varios cientos de metros.

Geki: In... creíble… - tartamudeó -

Ichi: No es para tanto. - miró a su compañero Naichi con complicidad -

Naichi: Entiendo. - ambos santos encendieron con fuerza sus cosmos preparados para arremeter -

Jabu: ¡Esperen! ¡No lo hagan...! - gritó, tratando de detenerles pero era demasiado tarde, los santos ya se habían lanzado al ataque -

Naichi: ¡Bomba mortal!

Ichi: ¡Garras venenosas!

Pese a que sus cosmos eran más ardientes que nunca, los ataques de los caballeros siquiera rozaron al sujeto, eran reprimidos por el cosmos ardiente que rodeaba al sujeto, un cosmos del color del sol. Las caras de ambos santos eran un poema, y más la de Jabu que se imaginaba las represalias que tomaría aquel sujeto.

- Ja, que tenga yo que presentarme ante semejantes gusanos. - dijo sin mostrar desprecio, cosa realmente extraña, pues sus sentimientos no parecían ser mostrados en sus palabras -

El cosmos ardiente que rodeaba al sujeto se encendió como una gigantesca llamarada que desintegró la capucha, un gemido de terror fue expulsado por los santos de bronce antes de ser arrasados por una explosión de energía que vino del encapuchado, esta vez Jabu y Geki no pudieron impedir ser arrastrados por el impacto que los empujó algo lejos pero no tanto como Ban, del que poco se sabía si estaba vivo o muerto.

Al levantarse, Jabu pudo contemplar el resultado de la explosión de cosmos que había provocado aquel sujeto, todos los alrededores ardían con un fuego tan intenso como el del mismo infierno, pero pese a todo el guerrero no trató de huir, con toda tranquilidad caminó hacia el frente, una vez fuera los santos de bronce pudieron contemplar al sujeto: un guerrero sin duda, enfundado en una armadura de colores oro y rojo escarlata mezclados en una divina combinación que hacía a su ostentosa protección aún más majestuosa, su rostro mostraba una leve sonrisa cuyo significado era inexplicable, pues no sabían si era de burla o por simple alegría.

Pero más que estar sorprendidos por el aspecto de aquel guerrero, estaban aterrorizados por su sangriento acto, con una simple explosión de cosmo-energía había desintegrado a Ichi y Naichi, de ellos sólo quedaba ceniza que era llevada por el viento hacia los cielos.


El santo del oso cayó de rodillas nada más levantarse al ver el panorama, sus compañeros de armas que siempre habían estado con él desde hacía ya casi dos años y que habían sido sus mejores amigos habían sido asesinados por aquel sujeto, y lo peor es que él no pudo hacer nada para evitarlo, jabu también sufría horriblemente por dentro, pero trataba de contenerse con mucha dificultad

Geki: No... Ichi, Naichi... No.... ¿Por qué? - decía mientras lágrimas recorrían su rostro, la pérdida de sus compañeros le había afectado -

El sujeto se acercó al santo del oso como si nada pasara, Geki siquiera pudo moverse pues aún estaba en shock, ni todos sus músculos podían sellar sus buenos sentimientos, por mucho que entrenara siempre sería débil de mente, y eso era lo que le decía su maestro, aquellos pensamientos nublaban su mente, impidiendo que se enterara de los que sucedía.

- Basta de lloriqueos, me causas dolor de cabeza. - y tras decir aquellas palabras que sí mostraban un profundo desprecio, el guerrero pateó con fuerza el rostro de Geki, provocándole una contractura -

El fornido guerrero fue empujado cual papel varios metros, momento en que al fin despertó de su trance, pero antes de que pudiera hacer nada el guerrero le golpeó en la espalda antes de que tocara el suelo y, nuevamente, Geki se fue empujado esta vez a los cielos.

El guerrero afiló literalmente sus uñas de color rojo escarlata, a un tamaño inhumano, preparado para atravesar con ellas al santo de oso, pero Jabu surgió de la nada y trató de golpear al guerrero, gracias al efecto sorpresa lo consiguió, le dio un puñetazo certero al guerrero en el rostro, momento en que el caballero de unicornio sonrió confiado. Sin embargo, el guerrero no mostró signos de ninguna dolencia, ni siquiera movió su cabeza a causa del impacto, de un simple manotazo llevó a Jabu a la zona ardiente, donde el fuego lo cubrió de inmediato.

Aquella distracción que provocó Jabu, permitió a Geki caer en picado y escapar del destino que el guerrero le tenía preparado, se alejó a una distancia prudencial sin dejar su posición de ataque, sin embargo, el guerrero no parecía preocuparse de él sino que observaba como Jabu se levantaba de entre las llamas.

- Ja, parece que este fuego no es suficiente. A ver si podemos arreglarlo. - dijo mientras extendía su mano con la palma abierta hacia el frente -

Sorprendentemente, el fuego del incendio provocado por a anterior explosión se había intensificado hasta parecer el fuego del infierno, jabu gritaba al sentir las llamas que cada vez se volvían más letales, su armadura, sin embargo, se endurecía y era algo que el guerrero no parecía ver.

Geki: ¡Tú, asesino! ¡No le des la espalda a tus adversarios! - exclamó recibiendo un suspiro de desprecio de parte del guerrero, quien ni siquiera se dignó a voltearse - ¡Pagarás acara tu osadía bastardo! ¡Furia salvaje!

El caballero de bronce trató de embestir como si fuera una bestia salvaje al guerrero, pero éste lo repelió con su cosmos, dejándolo esta vez inconsciente y con la armadura destrozada, mientras el misterioso enemigo seguía encendiendo aquel incendio como si fuera un horno.

Pero llegó un momento en el que Jabu, aún con las quemaduras y el dolor, se dio cuenta de que su armadura se fortalecía cada vez más, en aquel momento se quedó sorprendido, pues sabiendo que todo su cuerpo debería estar destrozado prácticamente había dejado de sentir el dolor de las quemaduras, sin pensar en lo que había pasado, jabu se abalanzó sobre el guerrero pero una vez más éste último se anticipó a agarró con facilidad su puño.

Jabu: Gracias por la ayuda... Mi armadura estaba débil y destrozada... y tus llamas la han endurecido. - decía confiado mientras hacía presión para destrozar las defensas de su adversario, pero sin resultado -

- Ja. ¿De modo que crees que no sé que mis llamas, el fuego del Sol, fortalece las armaduras? - la expresión de jabu cambió a una de preocupación - Verás, da igual cuan resistente sea tu armadura, ni siquiera una de oro te serviría contra mí.

Jabu dejó una distancia prudencial, sabedor de que su fuerza no valía en contra de aquel sujeto, y lo que más le preocupaba es que no estaba usando todo su poder, su cosmo-energía apenas era percibida, lo que le dio a entender que sólo estaba jugando con él.

Jabu: ¿Qué has dicho? - preguntó de forma agresiva mientras adoptaba una posición de defensa -

- Simple, sé muy bien cual es la constitución de vuestras armaduras ,y cual fue el fuego que se utilizó para forjarlas, y que ahora sirve para endurecerlas, las llamas del volcán sagrado no son comunes pero no se compara con las del Sol. - jabu escuchaba todo atentamente, mientras trataba de encontrar una estrategia para vencerle - Mi protección se conoce como “alba”, una de las nueve armaduras que Febo Apolo le entrega a sus mejores caballeros, los guerreros astrales. Nuestras armaduras, al estar bañadas por el mismo Sol, son completamente indestructibles, tanto como una kamei.

El santo de unicornio se quedó pálido al escuchar las palabras del misterioso guerrero, sabía bien que las kamei, eran armaduras bañadas por la sangre de un dios y sólo las portaban aquellos guerreros que hubieran alcanzado el Octavo Sentido, también sabía de su resistencia, si aquel sujeto tenía una protección parecida, entonces nada podía hacer contra él.

Sin embargo, aquellos pensamientos se disiparon al recordar quien era y cual era su deber, proteger a Atenea y a la Humanidad con su vida, el santo del unicornio elevó su cosmos a niveles que a él mismo le sorprendía, mientras sentía una cálida sensación recorriendo su cuerpo, sin más se lanzó en contra de su enemigo.

Jabu: ¡Galope del Unicornio!

A una velocidad tres veces superior al sonido el caballero se dispuso a atacar a su adversario, sin embargo el ataque fue esquivado por éste, pero el orgulloso guerrero no estaba dispuesto a admitir la que su adversario era mucho más veloz y siguió golpeando, cintos de golpes a velocidad supersónica